Bahía Blanca | Sabado, 20 de abril

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La UE apuesta al consumo de productos de origen vegetal. ¿Nos importa?

Para un país que genera carne vacuna de reconocidas cualidades en el mundo no se trata de un dato menor.

Producción ganadera en el SOB. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

El caso, expuesto como un paradigma en el cambio de los hábitos alimenticios (en el ámbito de la Unión Europea) no es irrelevante para la producción de la carne vacuna argentina. Y exige contar la historia previa.

El Dr. Ernesto Viglizzo, acaso el investigador argentino más (re)conocido sobre cuestiones sustentables en la producción ganadera, lo explica de esta manera. “Para neutralizar las críticas de países que, históricamente, acusaron a la UE de imponer barreras comerciales y prácticas proteccionistas, el bloque reaccionó con un conjunto de regulaciones internas que luego, a través de cláusulas espejo, exige a terceros países. Argumentan que colocan en pie de igualdad a los productores europeos y a los del exterior. Puntualizan, además, que esas regulaciones ayudarán a los países exportadores a mejorar sus propias políticas ambientales y la salud de sus consumidores”.

También dice: “En general, los exportadores reaccionan de manera diferente. Algunos muestran predisposición a adaptarse a la normativa europea. Otros señalan que incrementan significativamente sus costos y afectan la competitividad. ¿Un ejemplo? La necesidad de certificar sus procesos productivos. También están quienes responden que tienen sus propias normas de gestión de la salud y el ambiente. Mas: ciertos (importantes) exportadores invitan a las autoridades del bloque a tratar caso por caso y de manera independiente”, explica.

Ahora bien —afirma el Dr. Viglizzo, en un artículo de valorcarne.com.ar—, en este punto es conveniente señalar que, para lograr apoyo interno, una de las principales estrategias de la UE es cambiar la cultura alimentaria de su propia población. “Esencialmente, sus políticas apuntan a desestimular el consumo de productos de origen animal, ya sea carnes y lácteos, en favor de alimentos de origen vegetal. En tal sentido, el sector académico y científico, y el lobbie de ambientalistas y veganos, han tenido mucha influencia para esto”.

El dato no es para dejar pasar por alto, ya que una mayor insistencia respecto del consumo de alimentos de origen vegetal impacta por debajo de la línea de flotación de un país productor de carne por excelencia —y extremas cualidades— como la Argentina.

Aquí, es inequívoco el vínculo con el denominado Pacto Verde, puesto en marcha por el Consejo Europeo en diciembre de 2019. Con posterioridad, en junio de 2021, los ministros de Medio Ambiente de la UE adoptaron la nueva estrategia de adaptación al cambio climático con una visión a largo plazo para que, a 2050, se llegue a una “sociedad resiliente frente al cambio climático plenamente adaptada a los efectos inevitables”.

Algunas de las medidas fueron (son) la mejora de la recopilación y la puesta en común de datos para reforzar el acceso a conocimientos sobre los efectos del cambio climático y el intercambio; soluciones basadas en la naturaleza para contribuir al desarrollo de resiliencia frente al cambio climático y proteger los ecosistemas y la integración de la adaptación en las políticas macropresupuestarias.

Dr. Ernesto Viglizzo.

“No podemos ignorar que las decisiones políticas que toma el bloque europeo tienen una influencia mayor sobre países de gran envergadura económica e importante demandantes de carnes, lácteos y otros productos agropecuarios. Esa influencia creciente indica que sus iniciativas tienden a marcar agenda y globalizarse —entiende Viglizzo—. Mediante medidas legislativas, y de otro tipo, buscan regular las futuras relaciones entre el sector agroalimentario, las políticas ambientales y el comercio internacional. Si bien establecen un capítulo muy potente en materia de regulaciones y estándares a aplicar dentro de sus propias fronteras, genera un corpus de cláusulas espejo que intenta también aplicar en terceros países que comercializan, o se relacionan con ella”.

Para insistir (y de paso coincidir con el Dr. Viglizzo): “Este no es un asunto menor para las naciones en desarrollo, como la Argentina, que exportan alimentos”.

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