Bahía Blanca | Martes, 09 de agosto

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Trigo HB4: ¿No todos los caminos conducen a Roma?

La noticia del cultivo transgénico argentino no deja de ser relevante, pero el tema provoca más incertidumbre que certezas.

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   Recibido, relevado, analizado y aprobado.

   La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) concluyó positivamente la revisión del trigo transgénico HB4 resistente a sequía de Bioceres. Ahora va por la prueba definitiva: el visto bueno del Departamento de Agricultura de los EE.UU (USDA).

   ¿De qué se trata? Del primer trigo de este tipo, en el mundo, que contiene un gen del girasol que le otorga tolerancia y mejores respuestas de rendimiento ante condiciones de estrés hídrico y salinidad. Como se aprecia, cualquier parecido con las necesidades del sudoeste bonaerense no es mera coincidencia.

   La FDA —que desde 2018 analizaba al trigo HB4 de la firma de origen argentino, hoy una multinacional— es la encargada de garantizar que los Organismos Genéticamente Modificados (OMG), como en este caso, son seguros para la salud humana, animal y vegetal.

   La previa de la creación de este logro biotecnológico no es ajena a nuestros sentimientos. La Dra. Raquel Chan —recibida en Israel y con postdoctorado en Francia—, de la Universidad Nacional del Litoral e investigadora principal del Conicet, junto a su equipo de expertos, desarrollaron el gen HB4, que surge del girasol, y que le confiere tolerancia a sequía no sólo al trigo, sino también a la soja.

Dra. Raquel Chan, de la Universidad Nacional del Litoral e investigadora principal del Conicet.

   Ahora bien. La noticia no deja de ser relevante, pero el tema provoca más incertidumbre que certezas y se desenvuelve en una grieta. Una más.

   La exposición quedó expuesta —en forma explícita— en el mismo congreso A Todo Trigo, que volvió a la presencialidad este 12 y 13 de mayo en Mar del Plata. Fue en (pretendida, o no) coincidencia con el anuncio de la Resolución 27/2022, que faculta a la firma Indear SA —una sociedad entre Conicet y Bioceres— a comercializar la semilla de trigo HB4, y a sus productos y subproductos derivados, provenientes del IND- ØØ412-7, y a toda la progenie derivada de los cruzamientos de este material con cualquier trigo no modificado genéticamente.

   Así, se pueden comercializar variedades de trigo —con el evento IND-ØØ412-7— con posterioridad a su correspondiente registro en el Instituto Nacional de Semillas (INASE), organismo descentralizado del ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (MAGyP).

   En la misma sala de conferencias, y delante del titular de Acopiadores, Fernando Rivara, el ministro Julián A. Domínguez dijo: “La biotecnología y el desarrollo de conocimiento es una alternativa fundamental para combatir el cambio climático. No soy un trastornado para perjudicar al trigo argentino y por eso se toman todos los recaudos para proteger la comercialización con los mercados asiáticos”.

   Rivara dijo que “está comprobado que la tecnología HB4 no implica riesgo para la salud humana ni animal, pero el problema es meramente comercial, porque los mercados no aceptan el trigo transgénico”. Y apuntó a eventuales contaminaciones: “Si la harina de trigo HB4 no se comercializa en el exterior, ¿adónde creen que va a ir? Al mercado interno. Dicen que, por ahora, no se va a comercializar, pero si hay un escape, ¿quién se hace cargo?”.

Dr. Julián A. Domínguez, ministro de AGyP en A Todo Trigo.

   Fuera de este contexto, en realidad Bioceres ratificó su política actual de sistema de identidad preservada. Esto es, no comercializa semillas y preserva el valor de la tecnología para evitar eventuales contagios de lotes, así como que se exporten variedades sin aprobación de ocasionales mercados demandantes.

   Fe de estos contratos, que se cumplen en forma rigurosa, pueden dar no pocos productores del sudoeste bonaerense que siembran en su tierra con los protocolos acordados.

   Este apoyo desde la órbita nacional, que se suma a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, se incorporan a las aprobaciones logradas por el trigo HB4 transgénico de otros cuatro países: Brasil, Australia, Nueva Zelanda y Colombia.

   La lectura de la firma de origen rosarino y liderada por Federico Trucco —hijo de Víctor, uno de los pioneros de Aapresid—, que cotiza en Nasdaq como Bioceres Crop Solutions, es que estas aprobaciones de países importadores y productores asoman como una oportunidad para que, definitivamente, el mercado mundial considere la variedad transgénica. ¿Las razones? La crisis provocada por la guerra entre Rusia y Ucrania, que son dos de los principales productores (y exportadores) del cultivo; y la (inédita) decisión de India, que limitó sus exportaciones para que no falte trigo para la producción de harina.

   En otras palabras, la pata de la geopolítica comienza a pisar fuerte tal como, con otra perspectiva, sucedió con la vacuna contra el COVID-19.

   En la vereda de enfrente está el debate por el impacto de la palabra transgénico, que va más allá de la semántica. O por las consecuencias de sus derivados, según se plante el locutor de turno.

   “En determinados grupos, que están sobreestimados y son variados, existe la fantasía de que lo transgénico es lo contrario a lo natural. Y la realidad es que nada de lo que consumimos hoy es lo que había en la naturaleza”, dijo la Dra. Chan.

   “Los cultivos han sido modificados por cruza y selección durante siglos. Y ahora la transgénesis viene a acelerar el mejoramiento con técnicas más modernas de ingeniería genética”, amplió.

   La bióloga tiene ventaja: en este tema lo teórico lo ha llevado a la práctica.

   Por otro lado, las primeras incursiones del trigo HB4 fueron seductoras para las regiones productoras áridas, como la nuestra, porque se aludía a semillas con tecnología tolerante a sequía. Pero más cerca en el tiempo, algunos ecologistas no dejaron pasar que el evento contenía tolerancia al glufosinato de amonio, un herbicida organofosforado que controla las malezas.

   Por el momento, sólo entonces, para el productor triguero no parece un tema que le quite el sueño, pero está atento a las eventuales consecuencias de la mezcla de sus semillas con las transgénicas. Es decir, lo que planteaba Rivara.

   Hilando más fino, el tema derivará, al parecer indefectiblemente, en el pago de la patente de este evento tecnológico, a sabiendas de que el sector siembra sus propias semillas campaña tras campaña y que un cambio de formato no sería innocuo. Está claro que mayores controles por parte del Estado en este sentido generaría un menor margen de rentabilidad final.

   La ley de semillas, que se debate hace más 30 años, y sobre la cual no todos están en desacuerdo, podría ser el comienzo de otro paradigma para la agricultura. En tal caso, sería indispensable que todos los ítems marcados estén en la misma página, ya que el tema entra por el trigo HB4 pero involucra a toda la agricultura argentina.