Bahía Blanca | Jueves, 08 de diciembre

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¿Qué tienen en común la carne vacuna y el fútbol argentino?

El lado B del acuerdo entre las entidades responde a los nuevos paradigmas de la alimentación y de la comunicación.

Juan José Grigera Naón (izq) y Ricardo Tapia, tras la firma del convenio de colaboración entre el IPCVA y la AFA. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva. y Prensa IPCVA

Guillermo D.  Rueda / grueda@lanueva.com

   Son reconocidos en el mundo (por ende exportables) y poseen un sello de distinción único.

   La carne es palatable y se distingue como una de las riquezas de la producción del campo argentino. Una riqueza semejante se aprecia en nuestros jugadores dentro de un campo de juego.

   Quién no desea sacarse una foto a la par de un costillar al asador. Y quién no quiere posar junto a su ídolo futbolístico.

   También se trata de un alto conocimiento por la popularidad.

   Estos son sólo algunos de los argumentos, más los naturales y estratégicos, que llevaron a las autoridades del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) y de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) a formalizar una alianza para unir a dos de las grandes pasiones argentinas. O a las dos grandes pasiones argentinas.

   La parte pública del convenio prevé la programación en conjunto de actividades, eventos y otras acciones de promoción, así como campañas educativas para fomentar el consumo de carne vacuna como un alimento saludable, especialmente para el crecimiento de niños y jóvenes, y demás promociones para una alimentación equilibrada.

   En los dos años que se extenderá el acuerdo, el IPCVA se comprometió a difundir iniciativas de comunicación para presentar a la carne vacuna como espónsor oficial de la pasión argentina.

   Si bien el organismo ya había incursionado —y aún lo sigue haciendo— en otros deportes, como es el caso del polo, con auspicios en los abiertos que se realizan en el campo de Palermo, extendido ahora a torneos semejantes en los Estados Unidos y en Francia, esta aparición en carácter promocional de nuestra carne vacuna parece apuntar a dos frentes de tormenta que era (es) necesario atender.

   Por un lado está la caída en el consumo de carne por habitante por año.

   Uno de los extremos se sitúa de los años cincuenta, cuando apenas se superaban los 100 kilos por habitante por año (1956, 101 k/h/a), en un formato decreciente, que se aceleró drásticamente en los últimos años (Ref: 1977, 61 k/h/a; 2010, 54 k/h/a).

   Para este junio, la Cámara de la Industria y Comercio de Carne y Derivados de la República Argentina (Ciccra) actualizó, y calculó, el consumo con los valores del censo nacional del último miércoles 18 de mayo, donde se precisó que ya somos 47.327.407. Y que, por ende, comemos 46,5 kilos por habitante por año, el segundo registro más bajo de la historia (versus el año 1920, con 46,9 k/h/a).

   El último dato: el promedio de consumo de carne bovina entre los años 1914 y 2021 es de 73,4 k/h/a (Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario).

   En la vereda de enfrente están las carnes aviar y porcina, que han crecido a niveles inusitados pero permiten que, de todos modos, en la República Argentina se consuman alrededor de 110/115 kilos de proteína por habitante por año.

   El pollo se consume en la misma relación que la carne vacuna de hoy (entre los 45 y 47 k/h/a), en tanto que el cerdo no detiene su crecimiento y, sólo en carne fresca (los embutidos también están en alza) ronda los 18 k/h/a.

   Se concluye que el total de carnes sigue estable en las últimas décadas, y que lo único que cambió fue la sustitución de un producto, o dos, en detrimento de un tercero.

   Una de las razones, algunas de ellas ya explicadas en esta misma columna, está relacionada con la consideración del precio de un producto exclusivo, como es la carne vacuna, respecto de la aviar y la porcina, cuyos procesos productivos son notoriamente inferiores en inversión y en conversión de tiempo. Incluso, desde estos dos sectores se apuesta a una continuidad en el crecimiento productivo en los años venideros como una forma concreta de responder a la demanda.

   La carne es cara. Se sabe. Y el actual poder adquisitivo de los argentinos (y de las argentinas), está por el piso. También se sabe.

   El otro punto que se pretende atender desde una mayor promoción es que existe una fuerte presencia, e insistencia, de grupos ecologistas y veganos que advierten respecto de la inconveniencia y de los perjuicios que acarrea el consumo de carne que, sin argumentos científicos pero con enérgicas declamatorias voluntariosas de sus militantes, conlleva a una restricción que no puede soslayarse.

Manifestación en las afueras de la Rural de Palermo, este domingo 31.

   Este accionar, viralizado sin grandes costos económicos en las redes sociales, propone desacoplar la producción de carne del uso de los recursos naturales, al aducirse que, más allá de afectar la salud humana, la producción bovina impacta en forma negativa en el ambiente.

   El acercamiento a espacios de mayor popularidad, como es el fútbol, contribuirá a aportar elementos científicos en otros ámbitos que, como varios que ya ha presentado el IPVCA, refutan esas consideraciones aun admitiendo que, hoy, sólo se puede producir con ambientes sustentables y sostenibles y se trabaja en consecuencia.

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