Bahía Blanca | Sabado, 25 de mayo

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Sequía 2022: cuando el SOB tuvo su propia versión de zona núcleo

El fenómeno se produjo (y se produce) en casi la totalidad del sector más productivo del país, pero la región mantuvo los promedios históricos de precipitaciones.

Tormenta en el sudoeste bonaerense. / Pablo Presti-La Nueva.

En las regiones productivas más importantes de la Argentina —en la denominada zona núcleo, la de mejores tierras y más lluvias— en la última campaña se consolidó una sequía que, según se recuerda, no sucedía desde 1975.

Las consecuencias del impacto aún están por verse en la letra chica, pero ya puede asegurarse que las pérdidas para el corriente año serán entre 12.000 y 15.000 millones de dólares, con todo lo que ello implica para una cadena estratégica del interior del país, pero también para las arcas del Estado nacional.

Retomando puntualmente lo productivo, un análisis desde el área de Seguimiento Forrajero Satelital de Investigación y Desarrollo de Ganadería de CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola) puso blanco sobre negro —verde sobre rojo, en realidad— sobre la afectación de la falta de precipitaciones entre los meses de noviembre y diciembre últimos.

El análisis de anomalías de índice verde se compara respecto del promedio histórico 2001-2021.

La ausencia de agua —en tiempo y forma— hizo estragos en los recursos forrajeros (que ya venían dañados), así como en los cultivos agrícolas por falta de humedad en los perfiles y posterior retraso en las fechas de siembra que finalmente concluyó en la pérdida de la mayoría de las cosechas.

En el caso puntual de la provincia de Buenos Aires, la afectación más grave se produjo en casi 9 millones de hectáreas. El dato no es menor, considerando que el territorio posee 23,7 M/H productivas de las 30,7 M/H totales de la geografía.

Claramente, como se puede apreciar en la imagen satelital, los distritos más afectados son los ubicados en el norte, que son una prolongación que derrama de la zona núcleo santafesina, cordobesa y entrerriana (prácticamente lindera) y en el sudeste bonaerenses.

Del mismo modo, aparecen dos zonas que se han mantenido alejadas de la seca: el sudoeste bonaerense, principalmente y, en menor medida, el centro de la provincia (Olavarría y alrededores, por ejemplo).

Cierto es que la producción de trigo en la región cercana a Bahía Blanca —en base a los datos de la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca— cayó un 27 % respecto de la campaña previa, con 3,9 millones de toneladas (se venía de 5,3 M/T), pero también lo es que fue como consecuencia de una menor superficie sembrada (—4 %) y de una caída en el rendimiento promedio (—24 %).

En el resto del país las consecuencias fueron diferentes: se esperaba una producción de 23 millones de toneladas y al final se cosecharon 12,4 M/T. Y el rinde, de 2.300 kilos por hectárea, fue el peor desde el año 2009 y perdió el 34,5 % respecto de la campaña 21/22.

¿Qué sucedió en el sudoeste bonaerense? La explicación es que no dejó de llover. Poco, es cierto, pero —como casi siempre— en relación a los promedios históricos que se corresponden con una zona semiárida.

De acuerdo con la compilación que realiza el Sistema de Información Meteorológica (SIM) de la Bolsa de Cereales local, en todo el año 2022 llovió 603 milímetros, apenas 42 mm por debajo del promedio histórico del período 2016-2022: 645 mm.

Los sitios donde más agua cayó fueron paraje El Zorro, en el distrito de Coronel Dorrego, con 989 mm; Villa Ventana, en el partido de Tornquist, con 822 mm y Coronel Pringles, con 729 mm.

La secuencia 2016-2022 tiene picos de 807 mm en el año 2017 y de 469 mm en 2019, pero siempre por encima de los 600 mm.

Si se extiende el foco, y sólo para el caso de Bahía Blanca, la precipitación media anual promedio del segmento 1961-2021 es de 667 mm. Los extremos están en 1.086 mm, en el año 1976, y en 354 mm, en 1962.

¿Qué sucederá para la campaña venidera? Es poco menos que impredecible, más allá de los modelos que indican una menor presencia de La Niña a partir de marzo o abril. La única certeza es que, al menos esta vez, la zona estuvo a contramano de una de las peores sequías históricas de la Argentina.

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