Bahía Blanca | Domingo, 22 de febrero

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Cuando la vigilancia es nociva

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En este espacio ya hablamos de “ghosting”. Conducta abrupta en la que se corta todo vínculo y contacto en redes sociales. “Ghost” significa fantasma y, en efecto, la persona desaparece como Casper sin dejar rastro alguno, por eso es habitual escuchar entre los/as más jóvenes la frase “me ghosteó”, para referirse a cuando una persona desparece.

Desde hace un tiempo, otra palabra en inglés viene circulando, en este caso es “orbiting”. Esta conducta es pariente del “ghosting”, aunque presenta diferencias y al parecer los efectos negativos son contundentes.

Anna Lovine, periodista, acuña el concepto en 2018 para describir una conducta en la que hay una desvinculación emocional pero que no termina de efectivizarse, es decir que en el día a día no hay relación, pero en el escenario virtual algo pasa.

Mientras que el “ghosting”  implica “contacto cero” a tal punto de no saber al respecto de la existencia del otro/a, en el “orbiting” si bien no hay contacto directo, en las redes sociales hay presencia. Es paradójico ya que quien lo hace mantiene la cercanía virtual para poder ver la vida ajena, pero con la suficiente distancia como para no poder hablar.

Como toda conducta ambivalente genera confusión, desgaste psicológico porque hay un juego permanente de “presencia/ausencia”. Además, hay roles: el “orbiter” es quien lo lleva a cabo y su tarea consiste en no vincularse, ni responder mensajes ni llamadas, pero sigue observando el accionar de la otra persona en sus redes; hasta es capaz de hacer un comentario o poner “me gusta”. 

Es esperable, que como todo contacto “intermitente” genere estrés y ansiedad, dependencia y socave la autoestima. A su vez, hay una falsa ilusión, ya que la víctima imagina situaciones y se despliega la fantasía, pues la conducta de husmear habilita la posibilidad de retomar un vínculo, aunque en este juego macabro, el/la  “orbiter” no tiene la más mínima intención de volver a establecer contacto.

¡Atención!

El “orbiting” no se limita a las relaciones de pareja o a vínculos románticos, también se da entre amistades y familiares. La dinámica es la misma, no hay relación ni llamados, pero se vigilan las redes sociales para saber qué hace, a dónde va… y la lista es interminable.

El/la orbiter tiene variadas motivaciones y objetivos. El más habitual es no perder detalle de la vida ajena, es como una especie de detective que persigue rastros y está atento/a. No hay deseos de entablar relación, el motivo es no perder detalle de lo que pasa en el mundo del otro/a. A veces se ejerce sin dimensionar el daño que se causa, otras veces la intención es deliberada.

La víctima, que busca una especie de validación, corre riesgos de caer en conductas obsesivas, puesto que revisa constantemente las publicaciones para ver y contabilizar si el/la “orbiter” se ha hecho presente. 

El circuito disfuncional se rompe bloqueando y silenciando. La idea es tomar distancia real y virtual de quien está “orbitando”  con el fin evitar desilusiones y falsas expectativas, máxime cuando sostener la estabilidad emocional es una ardua tarea para dejarla librada a merced de cualquier/a…dejo el adjetivo a tu elección.