Musumeci las vivió todas en Independiente: desde el “hubo años muy duros” al “ahora es una maravilla”
Ascendió a la Liga Oro (ex Primera) y cumplirá 12 años como entrenador. Su cambio que vivió –obligado- de jugador a DT, la reconversión del club, el plantel, los debutantes, inclusive él, y el foco institucional que no variará más allá de la categoría en que participen.
Ingresó en La Nueva Provincia en 1995. Trabaja en la sección Deportes y fue colaborador en Regionales y Locales de este mismo medio. Se especializa en básquetbol. Formó parte del staff de la revista Encestando y Zona de Básquet durante 10 años. Tuvo experiencia en el programa Radial Contrabásquet, en Radio La Red.
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El histórico Lito Fruet se deslumbraba con ese base picante que había podido sumar al viola y hasta se animó a preguntar en una de esas noches frías de Segunda: “Decime, ¿no está para la Liga Nacional?”. Era lo que veían sus ojos de enamoramiento. Lo cierto que la talla lo condicionaba a Javier Musumeci.
Pasaron los años y detrás del tono de voz bajo y lineal de Musu está el testigo directo, ese que cuenta el contraste entre lo difícil que la pasó en la soledad de un arruinado Independiente, con la felicidad que lo invade por el presente del viola, preparándose para el regreso a la elite del básquetbol local, 12 años después de haber empezado a dirigir Segunda (ahora Liga Plata).
“Lito Fruet me llevó al club en 2001 a jugar y ayudé con la Escuelita. Estuve tres años, después anduve por diferentes lugares y volví en 2012 a jugar. A la vez, dirigía Escuelita y Premini, el clásico combo de jugar y te pagan si dirigís. Igual me gustaba dirigir. Ya en 2014 –recuerda Musu- dirigía en Estudiantes, y en Independiente además de jugar estaba con los más chiquitos. Y cuando me salió el quiste en la mandíbula, que me obligaba a estar un año parado, medio forzado me retiré, y ahí me ofrecieron dirigir”.
Tras 11 años, en una definición inolvidable en cancha de 9 de Julio, el viola regresó a la elite del básquetbol local.
-¿Qué cambió desde esa conversión final de Fernando Bonino sabiendo que, más allá de la euforia y felicidad por lo que lograron subieron de categoría? ¿Cómo lo están procesando?
-Prácticamente es el mismo equipo. Los tres que se fueron, (Agustín) Astradas, (Juani) De Pástena y (Ramiro) Catalá, no querían jugar en Primera. Yo pretendía un perimetral y un interno. De los externos, (Julián) Ripoll nos parecía una opción muy buena. Y Nacho Formiga tiempo atrás había jugado con nosotros en Independiente. Es todo muy lindo y tenemos muchas ganas. Estamos todos, a excepción del Pollo (Morán), que aún no definió. Yo creo que va a ser que sí.
-¿Qué tan importante es que decida continuar?
-Importantísimo. Creo que no dirijo sin el Pollo, je. Es clave su presencia para el club y para los compañeros; hace mejor a todos y físicamente está muy bien, a pesar de la edad (43 años). El año pasado se bancó todo y hasta jugando dos veces por semana. Y al haber llegado a la final del primer torneo prácticamente no paramos. Tuvo la mala fortuna de lesionarse en la última jugada del primer partido de la promoción. Hizo todo para volver y no pudo.
-Haber estado mínimo un año juntos y en algunos casos más, ¿puede beneficiarlos respecto de otros que aún están en plena formación?
-Creo que es la única ventaja que podemos tener. Hay muchos jugadores que van a jugar por tercer año consecutivo y hasta cuatro, como Schmir, Zonza, Ríos, Slonimsqui, Bonino... Muchos campeonatos juntos. Nos conocemos mucho, sabemos nuestras virtudes y las limitaciones. En el resto capaz que estamos en desventaja, pero no nos queda otra. Yo no puedo elegir los diez mejores jugadores de Primera. Entonces, dentro de lo que queríamos, pretendíamos optimizar la ventaja, que era mantener la base de jugadores.
-Desde lo organizativo Independiente se reordenó y poco a poco se va potenciando en las diferentes áreas. Así y todo, ¿un añito más de proceso jugando en Segunda (Liga Plata) los hubiera encontrado mejor armados al momento de ascender?
-Nunca lo trazamos como objetivo. Nuestro foco estuvo y sigue estando en fortalecer las menores, algo que históricamente le costó muchísimo a Independiente, por haber nacido a una cuadra de Estudiantes y dos de Olimpo. Estructuralmente el club está muy bien, los dirigentes son un grupo de chicos de mi edad que laburan muchísimo. Y la plata que entra se destina, más que nada, para infraestructura. Hoy entrás al club y siempre se está haciendo algo. Pero creo que nos va a venir bien haber ascendido. Creo que será un empujón a nivel institucional, algo nuevo, sin desesperarnos...
-Hay golpes de efecto, como este caso el ascenso, que resultan positivos, aunque a veces, según cómo se los absorba, causan un efectivo negativo si los resultados no se dan. ¿Están preparados para la prueba, sin dramatizar en caso de que eso suceda?
-Sí, estamos preparadísimos. Sabemos cuál es el objetivo y no vamos a movernos un centímetro de lo que significa reforzar las menores. Queremos seguir creciendo como club y estamos convencidos de que se crece de abajo hacia arriba. Vamos a competir para ganar, obviamente, pero no vamos a volvernos locos si no se dan los resultados. Hay ejemplos de clubes que dependieron de la suerte de Primera (Liga Oro). No será nuestro caso. El resultado no va a mover nada si estamos arriba o nos toca bajar. Tenemos todo para ganar. Salvo Nacho Formiga, el resto todos venimos de Segunda, me incluyo como técnico. Hay cero presión y estamos ilusionadísimos con este nuevo mundo. Además, se están armando todos muy bien, hay extranjeros, jugadores que bajaron del Federal y el torneo va a tener un nivel increíble.
-Viviste en un club que estaba tocando fondo, me imagino que hoy te sentís en Disney con la realidad que atraviesa.
-La verdad que sí. Hubo años muy duros. No se le daba importancia a nada y ahí estábamos, poniendo el pecho. Y ahora sí, es una maravilla, va solo. No por eso conformarse y hacer la plancha. Siempre tratando de pensar qué es lo mejor para el club y las categorías que dirijo. Con mucha responsabilidad.
-Empezaste casi sin pensarlo, en medio de un contexto complicado. En los últimos años se inició un proceso de reordenamiento y vos seguís. ¿Te genera mayor responsabilidad?
-Siempre traté de mejorar cada día, en la forma de entrenar y dirigir. Siento que crecí a medida que pasaron los años, de la mano de equipos con los que nos fue muy bien y otros no tanto. Me dejaron aprendizaje y creo que me queda mucho por aprender. Trato de juntarme a charlar con entrenadores de experiencia. Inclusive, antes de algún playoffs importante los llamaba para que me dieran una opinión...
-¿Alguno en particular o amigo?
-Hablo con todos. Tengo al lado a Mauro Polla, un referente, pero he hablado con Juan García, el Colo Navallo... Me gusta mucho escuchar a todos, a Mauri Vago, Emi Menéndez y me voy a olvidar de alguno...
-Lo que decís no es algo frecuente en el ambiente, más allá de relaciones puntuales que se dan por afinidad.
-No sé... A mí no me llamó nadie para dar una opinión, je, je... Tal vez porque soy más chico. Además hoy, en era de la informática se puede ver muchísimo. Si no aprendés o no te informás es porque no querés.
-¿En qué aspecto te sentís más seguro como entrenador?
-Me gusta charlar mucho con los jugadores individualmente, no soy tanto de lo grupal. No soy de charlas de una hora con el plantel o muchas charlas técnicas. Podés saber muchísimo de básquet, pero la clave creo que es llegarle al jugador...
-¿Es delgada la línea entre llegarle al jugador y ser permisivo?
-No sé si van de la mano. Trato de ponerme en el lugar del jugador. Ejemplo: un partido terminamos muy cansados, me lo manifiestan al siguiente entrenamiento y no entrenamos. Es prioridad llegar y hablar con el jugador. Y si en algún momento para llegar necesito ser permisivo, lo soy. Ahora, si por ser permisivo falta autoridad, obviamente no lo hago. Trato de jugar con eso. Voy aprendiendo.
-¿Estás ante el mayor desafío como entrenador por tener que dirigir la ahora Liga Oro (ex Primera) o, acaso, tuviste otros menos visibles o más silenciosos en etapas complicadas del club?
-Capaz que es el más importante porque será mi debut en Primera, pero va a ser lo mismo. Trataré que el equipo juegue lo mejor posible y, por suerte, en todos estos años en el club nunca me pusieron objetivos en cuanto a resultados. Y este año tampoco van a decirme “tenemos que quedarnos” o lo que sea. Vamos a tratar de ganar la mayor cantidad de partidos, pero sin ningún objetivo como deber. Todos estos últimos años los he disfrutado muchísimo. Los últimos tres años tuvimos equipos que jugaron muy bien y nos llevamos bárbaro adentro y afuera de la cancha. Nunca tuve ni medio problema. Nos ayuda mucho los jugadores que tenemos y entienden de esa línea que hablábamos de ser todos uno. Pero siendo ellos jugadores y yo el técnico. Pero sí, como dijiste, estoy en Disney. Estoy disfrutando mucho y voy a tratar de seguir haciéndolo, sabiendo que a mitad de camino tendré lógicas preocupaciones. Pero sé que lo voy a disfrutar.
Cuando ese jugador bajito atrevido y goleador tuvo que dejar de picar, Fruet le dio otra función. Y hoy, desde algún lugar, Lito seguramente lo esté celebrando, por el presente de Independiente y, también, de Musu, el entrenador.
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