Bahía Blanca | Miércoles, 01 de febrero

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Toda la carne en el asador (para seguir perdiendo frente a la inflación)

El producto icónico de la mesa de los argentinos sigue más de 52 puntos por debajo del dato del Indec (94,8 % para 2022). Aviso para el consumidor: la corrección será violenta.

Un aplauso está al caer. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Desterrado (por el momento) aquel mito de que la carne es cara y cuando ya casi todos han comprendido que la cuestión pasa (indubitablemente) por el poder adquisitivo de los argentinos, cuesta hallar en algún registro histórico un precio más bajo para la carne vacuna.

Desde luego que las razones tienen que ver con una multicausalidad, pero la realidad de los datos de 2022 —lo único valedero, lo demás es relato— impacta de igual manera que la sequía en los lotes donde ya ni siquiera ingresan las cosechadoras.

Veamos los puntos de comparación, que son la inflación del último año, así como la suba, más o menos consecuente, de los otros dos productos cárnicos competitivos: el pollo y el cerdo.

La inflación en la Argentina del último año fue del 94,8 %, la más elevada desde marzo de 1991 (fuente: Indec).

—Carne vacuna: aumento en el período enero-diciembre de 2022: 42,4 % en el AMBA, para un kilo de 1.220 pesos. NdR: como otra referencia comparativa (exógena) se agrega que el costo de un kilo de helado hoy varía entre los 2.400 y los 3.000 pesos.

Precios de carnes con datos relevados en el AMBA (IPCVA).

Se pueden aportar otros dos datos, siempre con la estadística oficial del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA). En Rosario fue del 43,0 % y en Córdoba del 46,1 %.

—Pollo: incremento en el período enero-diciembre de 2022: 97,9 % en el AMBA, para un kilo de 426 pesos.

En Rosario fue del 101,5 % y en Córdoba del 91,5 %.

—Cerdo (pechito): suba en el período enero-diciembre de 2022: 42,4 % en el AMBA, para un kilo de 957 pesos.

En Rosario fue del 74,1 % y en Córdoba del 68,2 %.

Es decir, la carne vacuna está 52,4 puntos por debajo de la inflación que suministra el organismo del Estado.

Una muestra de este desfasaje —por decirlo de alguna manera— es que en diciembre último, respecto de 30 días antes y con una inflación mensual de 5,1 %, el corte de vacío subió el 3,5 %; el asado de tira el 2,5 % y la media res el 0,7 %. En el corral de enfrente, la picada especial cayó el 4,9 % y la picada común el 6,1 %. 

Como la sequía se ha instalado en todos los órdenes de nuestras vidas, y aún no hemos visto casi nada de sus consecuencias respecto de la recaudación del fisco, no es menor en el caso de mantenerse este precio de la carne vacuna.

La razón está en la cada vez mayor cantidad de oferta de animales para faena, lo que hace que sea un producto abundante y se aleje de las actualizaciones que, desde hace meses, el propio sector ganadero viene reclamando (y necesita en forma imperiosa para cerrar una ecuación económica que hace agua, valga el término, por todos lados).

Pero un día, y más temprano que tarde, comenzará a llover; y llegará la corrección de precio. Aquí existe una certeza: no será gratuito.

“Cuando un producto como la carne se mantiene en el tiempo con un precio semejante, no es bueno para nadie lo que sucede a la hora de la corrección, o de la recuperación”, admite el Méd. Vet. Jorge M. Grimberg, consejero titular del IPCVA.

“El aumento violento corrige el precio. Eso no es lo ideal; lo correcto es que haya estabilidad. Lo cierto es que la carne vacuna está estancada y los demás productos del sector, que son indispensables para producir, siguen el ritmo de la inflación”, añadió el dirigente bahiense.

¿Por cuánto tiempo más se mantendrá este verano de precios bajos? Hasta marzo venidero, por lo menos.

La tradicional adecuación de valores de julio/agosto se pasó por alto y la de diciembre, en vísperas de las fiestas de fin de año, también. Y a esta altura nadie sabe qué sucederá dentro de dos meses (de un año electoral).

Desde el punto de vista del Gobierno nacional, y en función de una eventual reducción del índice de inflación, que la carne se mantenga con una ralentizada suba de precio no deja de ser una buena noticia. Pero la realidad pasa por otro lado y el impacto de la adecuación, que llegará, marcará el regreso del argumento de la consabida creencia generalizada en argentinos y argentinas: la carne es cara.

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