¿Dónde quedó la consideración?
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No es necesario ser un/a gran observador/a, menos aún terapeuta, para advertir que esta cuestión de la consideración pareciera estar en el ocaso, simplemente alcanza con experimentar sensaciones que frecuentemente se confunden con la ingratitud, la indiferencia, el desprecio y hasta la maldad.
¿Dónde quedó la consideración? ¿Hay algo así como un individualismo “al palo”?
Seguramente te han inculcado la importancia de tender la mano a quien lo necesita, a ofrecer colaboración o hacer una “gauchada”, máxime en el entorno más cercano y afectivo.
Sin embargo, ya sea en la pareja, dentro del círculo familiar o en el ámbito laboral, hay una serie de quejas en las que el factor común es la desconsideración. Y sí, esa sensación en la que literalmente alguien se “defeca” en otro/a, genera angustia y dolor.
Ser considerado/a implica ver y registrar las necesidades de los otros, también reconocer que ciertas circunstancias requieren de nuestra intervención, de modo tal que la acción se ejecute sin que medie solicitud. Consideración es dar, actuar, contener, ofrecerse ante una necesidad ajena, sin que el/la otro/a lo pida.
Un repaso por “Introducción a las teorías de la personalidad”, nos ilustra sobre el tema en cuestión. Según Bárbara Engler, autora, el ser humano, desde pequeño, tiene dos necesidades básicas: la de consideración positiva de los demás y la de autoconsideración positiva. La primera se refiere a la necesidad de ser y sentirse amado/a, y la segunda se da en forma automática si se ha recibido la primera de forma incondicional.
A simple vista pareciera que quien es desconsiderado/a “lo pasa mejor” por “los aires” de comodidad; sin embargo, indiferencia, insensibilidad, frialdad, distancia, funcionan como anestesia afectiva que se traduce en “desaires” especialmente cuando lo que se espera es ayuda, colaboración, aliento, contención, ¡consideración!
Si estás dentro del grupo que no registrás las necesidades ajenas y tenés dificultades para tender una mano, estás en graves problemas, pues tales actitudes neuróticas te mantienen atrincherado/a y protegido/a del miedo que te acecha a ser ignorado/a, menospreciado/a, herido/a.
La desconsideración es una coraza psíquica para proteger heridas de antaño que aún permanecen abiertas y para subsanar las fisuras emocionales; es un modelo de establecer relaciones que genera dificultades y conflictos vinculares.
Tal vez el primer paso para cultivar la consideración sea reconocer el problema o la propia neurosis, la sensibilidad y el registro de los/as otros/as se construirá o reaprenderá por encima de la indiferencia y la desconsideración.
Tal vez debas ser considerado/a con vos mismo/a para poder elaborar y tramitar vivencias de tu infancia, de tu adolescencia, de modo tal de poder desplegar todo tu potencial; y más allá del sufrimiento y del dolor que acarrea el proceso, considerá la posibilidad de sanar o aliviar viejas heridas.
Sin dudas sentirás alivio, y posiblemente le facilites algo de bienestar a quienes te rodean.