“Bella Vista me sacó de la calle y Roberto Achares fue el papá que no tuve”
Se animó a contar la historia completa, lo que fue su vida antes y después de criarse con sus abuelos y de elegir al club albiverde para su desarrollo personal y futbolístico. Gabino Belleggia, un papá sensible, enamorado y feliz.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
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(Nota ampliada de la edición impresa)
Apenas nos sentamos, y no sé porqué, presentí que quería decirme algo que no estaba entre los temas que, más allá de algunas preguntas preparadas y la improvisación que a veces es más fuerte que la organización, podíamos llegar a “tocar” en la nota.
Los ojos se le llenaron de lágrimas, tomó coraje y el aire de la cafetería se congeló de golpe: “Voy a ser papá”, largó Gabino Belleggia, actual jugador de Bella Vista, mientras la moza que nos venía a tomar el pedido sonreía nerviosa y también quedaba estupefacta con la noticia.
“Mi señora (Yessica Mildenberg) ya entró en el tercer mes de embarazo y la felicidad que siento me tiene como atrapado en el subconsciente, hipnotizado, sin reacción por decirlo de alguna manera. Va a ser nuestro primer hijo, la bendición más grande de nuestras vidas”, arrancó el volante carhuense que el pasado 6 de febrero cumplió 32 años.
--Felicitaciones, de ahora en más seguí vos.
--Estoy haciendo un curso acelerado para cambiar pañales y en las únicas vidrieras donde me paro es en las que veo ropa o juguetes para bebés. Se viene la o el “gauchito”, no sabemos todavía. Nos dijeron que en la ecografía que haremos en los primeros días de marzo se puede llegar a ver, y ahí nos enteraremos del sexo y de la fecha que puede llegar a nacer.
--¿Ya existen posibles nombres?
--Si es nena, María Paz, y si es nene, Baltasar. A vos no te puedo mentir, nos conocemos desde hace muchísimo tiempo, pero siempre soñé con un varón, poder llevarlo a la cancha, hablar de fútbol, ver partidos juntos…
“No dejo de soñar, aunque Yessi tiene el presentimiento de que va a ser una nena. Lo que sea calmará nuestra ansiedad y nos dará el título de padres, una profesión que elegimos pero en la que iremos aprendiendo sobre la marcha.
--Se me acelera el corazón, por favor, quiero saber ¿Cómo fue el momento de la noticia, ese “Te tengo que contar algo” de Yessica?
--Estábamos en casa, a punto de desayunar, y ella ya me había adelantado que se iba a realizar la prueba de embarazo mediante un evatest. La hizo en el baño, se fue para la cocina y yo me metí en la habitación, me acosté y mordí la almohada tratando de aflojar la tensión que tenía. Esperamos tres minutos y juntos, de la mano, fuimos a ver el resultado.
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El diálogo se cortó de golpe, la emoción le impidió continuar, no le salían las palabras y tragó mucha saliva antes de sonreír por encima de los angelados lagrimones que caían como catarata por sus mejillas.
--Tranquilo.
--Cuando vimos las dos rayitas que confirmaban el positivo casi me voy al piso de la alegría, pero la abracé y le susurré al oído: “Te amo más que nunca”. El test mostraba un 2-3, que indicaba que estaba embarazada de cuatro a cinco semanas. En ese momento decidimos esperar a que se cumplan los tres meses para poder hacerlo público.
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En varias ocasiones, en charlas excepcionales o en programas de radio o TV, Gabino expuso lo difícil que fue para él tener que afrontar una vida con padres separados, acostumbrarse a soportar “eternos” peregrinajes a lo ancho y a lo largo de Carhué tocando puertas de compañeros de Escuela o de fútbol y durmiendo en casas de amigos.
Y como toda problemática tiene sus consecuencias, tampoco le resultó sencillo tomar la decisión de recurrir a sus abuelos para una crianza con valores, amor y lejos de los peligros que genera la calle y la soledad.
--Algún día tenés que contar la historia completa.
--Trataré. Mis padres (Lucía y Gabino) se separaron cuando yo tenía 9 años, y a partir de ahí el mundo, el que no conocía, ese de andar solo y de tener que dejar los juguetes para ponerme a pensar en lo que iba a ser de mi, se me vino encima. Mi mamá y mi papá rehicieron sus vidas y empecé a estar en la calle más que de costumbre.
“Cuando me di cuenta que estaba a la deriva y sin rumbo, decidí llamar a mis abuelos, que siempre vivieron acá en Bahía, en el barrio Villa Harding Green. Era la solución, incluso en un momento hasta pensé que era eso o nada”.
--¿Cuándo te diste cuenta que habías llegado al limite?
--Como iba de casa en casa, en un momento me di cuenta de que mi presencia era una molestia, por eso un día exploté: “No va más”, y ahí comencé a llamar a mis abuelos, todos los santos días, para ver si tenían lugar para mi. Fueron muchos “no”, hasta que un día recibí un “si” convencido de mi abu Margarita (fallecida hace poco más de un año). Me acuerdo que junté algo de ropa en una bolsa de consorcio y me fui a tomar el micro a la terminal.
--Te lo tengo que preguntar: ¿Estabas peleado o distanciado con tu mamá, ella te abandonó?
--Cuando mis padres se separaron, mi mamá se vino a vivir a Bahía y mi hermano (Marcos Antonio, 30 años) y yo nos quedamos con mi papá en Carhué. El trabajaba casi todo el día, se le había dado por el “juego” y en casa no estaba casi nunca. Lo veía poco y nada, por eso tuve que forjar mi propio destino.
“Al poco tiempo de la separación, mi hermano (además tiene 4 hermanastros) también se vino a Bahía, así que quedé solo. En ese momento mi papá formalizó con otra pareja, construyó otra familia (tuvo dos hijas, Neisa y Juana) y mi relación con él paso a ser casi nula. Ahí fue cuando mis abuelos me adoptaron definitivamente pese a que la casa era (y es) chica y ellos criaban a diez hijos”.
--Perdón, ¿escuché bien, 10 dijiste?
--Sí, más un nieto que criaron desde los 6 meses, así que hay que contar 11.
--Y con vos completaron la docena.
--Ja, ja… Para mi abuela fui un hijo más, me mimaba mucho, a veces por demás. Varios de mis primos me echaban en cara que conmigo tenían preferencias, que me querían más que al resto, pero yo estaba todo el día con mis abuelos, desde la mañana hasta la noche. Los acompañaba a hacer las compras, al médico o al centro con la excusa de ir a pasear. Hasta me sentaba a tomar mate en el patio para escuchar sus anécdotas y consejos.
“Ellos me ayudaron a dar mis primeros pasos en una ciudad que no conocía y les voy a estar agradecido de por vida”.
--¿Un recuerdo que se te venga ya a la memoria?
--Mi abuelo (Héctor) se levantaba a las 7, y yo también, porque dormía en la cocina, al lado de la mesa y la heladera, en un lugar que era de paso para todos los que estaban en la casa y pretendían desayunar. No me importaba, era un privilegiado de tener el amor de ellos. Todas las noches, mi abuela desarmaba el sillón del living, lo trasladaba hasta la cocina y me armaba la cama. No había mucho espacio, pero yo era feliz.
Lejos de las tentaciones
“Ni en Carhué y tampoco en Bahía tuve que afrontar situaciones de riesgo o complicadas. Jamás caí en tentaciones peligrosas ni recurrí a los vicios para, como se dice, ´quemar las penas´. Nunca tuve la necesidad de ir y probar como sí lo hacían jóvenes a mi alrededor”, declaró el carrilero por derecha que se inició en San Martín de Carhué (infantiles y una parte de menores) y jugó la LI.BA.FI en el club Harding Green.
“En ese sentido estoy tranquilo, y agradecido porque mucha gente con la que hoy sigo en contacto me ayudó para que yo no me refugie en todo lo malo que puede afectar a un ser humano. Jamás pasé por ese trance”, esgrimió quien a los 16 años se incorporó a Bella Vista, para debutar en Primera el 8 de septiembre de 2012, ante Grupo Universitario de Tandil por el Argentino B.
“Fue en la Loma, ganamos 3-1 y marqué un gol; debut soñado”, señaló el campeón con el Santo caruhense en 2019 y 2024 y con el Gallego bahiense en 2016 y 2023.
En 2025 regresó al albiverde y está cumpliendo su tercer ciclo en la entidad, donde disputó 312 partidos (entre Liga del Sur y competencias regionales) y marcó 73 goles.
--Además de todo lo que hicieron tus abuelos por vos, un día te escuché decir: “Bella Vista me sacó de la calle y me formó como jugador y persona”. Entonces el club cumplió con la función de contención y el desarrollo de tu persona.
--Todo eso y más también. Cuando arribé a Bahía tenía 14 años y mis primeros escarceos con la pelota fueron en relámpagos, partidos de barrio contra barrio y en la Lifacal. Un día, un rival me tiró una patada criminal a la altura de la cintura y un primo que compartía equipo conmigo me dijo: “Acá no jugás más”. Entonces le pregunté: “¿Y que hago, a dónde voy?”.
“Al otro día me consiguió una reunión con gente vinculada a Bella Vista en la estación de servicio de Brandsen y Corrientes, y ahí me encontré con el ´Negro´Ancán (en ese entonces entrenador de mi categoría, la 94) y Carlos Mungo, DT de la Primera”.
--Pavada de presentación.
--No los conocía, ni siquiera de nombres, pero enseguida me di cuenta que estaba frente a dos hombres de experiencia, íntegros, que amaban al club y que el sentido de pertenencia era lo primero que tenía que experimentar si me iba a incorporar. Me explicaron que estando en el club no tenía porque temer de nada, que me debía sentir cómodo, pensar en jugar y buscar con quien hablar si veía algo que no me gustaba o sentía que funcionaba mal.
“Venía de patear todo el día en la calle, por eso digo que Bella Vista cambió mi vida para siempre. Me hicieron conocer el respeto por mis compañeros y me dieron la oportunidad de valorarme como persona”.
--Es muy gratificante lo que contás.
--Bella Vista me sacó de un terreno complicado, porque si seguía jugando picados en el barrio, partidos por el asado y los cajones de cerveza, un día me iban a dar una patada y por ahí me estropeaban para siempre. Era joven, corría mucho y, como tenía inferiores y fundamentos, marcaba un poco de diferencias en ese tipo de fútbol.
--¿De Roberto Achares (histórico dirigente albiverde) no vas a decir nada?
--Ufff… (se volvió a emocionar). Te voy a contar algo que siempre guardé en lo más profundo de mi alma y que nadie sabe: Bella Vista me sacó de la calle y Roberto fue el papá que no tuve. Cada vez que cumple años o aniversario de casado, le mando un mensaje diciéndole que lo quiero mucho y que va a estar de por vida en mis recuerdos por las enseñanzas que recibí de él.
--¿Por ejemplo?
--Merece todo mi respeto y admiración porque me ayudó en los momentos más duros de mi vida, cuando era pibe y por ahí no me daba cuenta de las decisiones que tenía que tomar o no sabía diferenciar lo que estaba bien de lo que estaba mal. Roberto me hizo entender que en Bella Vista podía llegar a conseguir lo que yo estaba dispuesto a buscar, como jugador y como persona.
“Es un orgullo decirle, cada vez que lo veo, que fue un padre para mi, porque él me levantaba cuando yo me caía, me alentaba cuando no tenía ganas de ir a entrenar y estaba al pie del cañón cuando yo no tenía un peso en el bolsillo. Se daba cuenta de todo, fue muy bondadoso y no me va a alcanzar la vida para agradecerle todo lo que hizo por mi”.
“Es más, desde 2013 que soy empleado municipal gracias a la gestión que hizo Roberto, un encomendado de Dios para abrirme una puerta que jamás pensé que se podía abrir. Mi actual trabajo es el sustento de mi familia, lo cuido como oro, porque yo no terminé la Escuela secundaria y eso a Roberto no lo frenó. Se la jugó igual, y su gesto lo enaltece en todas las formas”.
--¿Por qué no completaste tus estudios?
--Porque vivía con mis abuelos y, de alguna manera, los tenía que ayudar. Algo, por más mínimo que sea, debía aportar a la casa, por eso elegí trabajar antes que estudiar. No me arrepiento, aunque sé que estoy en deuda y en algún momento me voy a poner firme para terminar el secundario y poder recibirme.
--¿Lo prometés públicamente?
--Sí, y se lo voy a prometer a la o el gauchito que está en camino. De no ser este año, seguramente será el próximo.
En el nombre del padre
“Hablo de mis abuelos y no puedo evitar llorar, porque ellos me enseñaron a vivir, me dieron hasta lo que no tenían. Fueron y son esos padres que siempre quise tener, porque me cuidaron, me protegieron, me dieron sustento, techo y abrigo, y hoy me gustaría poder ver a mi abuela para contarle que voy a ser papá y que, gracias a ellos, soy inmensamente feliz”, deslizó con el rostro enrojecido y a punto de estallar.
“Hoy disfruto de mi abuelo, al que voy a visitar todos los días: lo abrazo, lo cuido, lo atiendo y trato de retribuirle lo mucho que me dio. Ojalá no se vaya nunca, aunque sé que en el cielo la abuela ya le tiene su lugarcito guardado”, reflexionó.
--Retrocedo porque me quedó pendiente una pregunta: cuando se separaron tus padres, ¿por qué no te viniste a Bahía con tu mamá?
--Porque ella se vino con un muchacho que conoció en Carhué, a vivir a un campo. Pese a sus errores, no me abandonó. En ese entonces no me podía tener, pero yo tampoco quería venir para acá, mi idea era quedarme con mi papá, siempre me tiró más la figura paterna. Pese a no ser un padre presente, siempre quise estar con él e imitarlo; él fue mi guía, hasta que tomó un camino donde ya no lo pude seguir.
“Vivíamos en la misma casa, pero me dolía no verlo en todo el día y no poder compartir nada con él. Para encontrarlo debía ir al club Sarmiento, y a mi me daba vergüenza llegar hasta ahí y que me miren todos. Fui creciendo con el dolor de no haber contado con un papá presente, de creer que el juego lo perdió y que se olvidó de sus hijos”.
“Así y todo, y hasta el día de hoy, tengo devoción y locura por mi `viejo´; lo volvería a elegir y él lo sabe. Hoy formé mi propia familia, pero si hace un tiempo me decía de volver a vivir con él, aceptaba.
“Esa mañana que me levanté para venirme a Bahía, lo desperté para pedirle plata para el pasaje, me dio 50 pesos y me apretó la mano como para que me arrepienta. Siempre pensé que él quería que me quede, pero aceptó mi decisión. Lo quiero y lo tengo presente en cada paso que doy en mi vida.
--¿Nunca más pensaste en volver a vivir a Carhué?
--No, amo Bahía, fue el lugar que Dios eligió para mi más allá de que Yessi siempre me dice que le gustaría, en un tiempo, regresar a Carhué. Amo a mis amigos, a mi gente y a los bahienses que, de alguna manera, fueron mi refugio en momentos donde las dudas me pusieron contra las cuerdas.
“Hoy alquilamos en el barrio Austral, aunque en algún momento, en un futuro no muy lejano y cuando podamos ahorrar, encararemos nuestra propia casa”.
--¿Dónde sos más ídolo, en Bella Vista o en San Martín?
--Una pregunta difícil de contestar. En San Martín siempre me ha ido bien y es emocionante el afecto y la consideración del hincha y de su gente cada vez que voy, y en Bella Vista creo haber dejado una huella, no sé si de ídolo, pero si manteniendo una conducta, una imagen respetable y siendo ejemplo para el club, mis compañeros y los hinchas.
--Sos un ejemplo, eso no lo dudes.
--Tal vez un referente, al menos soy el más veterano del plantel. Le llevo unos meses de ventaja a Mariano (Sacomani), con quien tratamos de manejar la batuta en el vestuario. Siempre entendí que debía dar el ejemplo y es un rol que me gusta, pero también es cierto que crecí alrededor de gente con mucha experiencia, y eso fue moldeando mi carácter y mi personalidad para llegar a conseguir la ascendencia que hoy puedo tener sobre los más chicos.