Bahía Blanca | Domingo, 01 de marzo

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Ugolini: lo que tiene y lo que le falta a Pueyrredón, su paso por Estudiantes y otro DT en la familia

El entrenador cambió de aire en un año que intentará disfrutar dentro y fuera de la cancha: "Hay otras cosas que son más importantes que ganar o perder un partido", dijo. 

Ariel Ugolini, pelota y apuntes en mano durante la práctica. Fotos: Andrea Castaño-La Nueva.

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

Pueyrredón se encuentra en plena obra de reconstrucción de su gimnasio Vicente Palermo y, también, del plantel superior.

Confirmados los nombres de un grupo absolutamente renovado, ahora Ariel Ugolini trabaja para conformar el equipo en sí mismo.

El entrenador dejó su bicicleta y previo a la práctica habló con “La Nueva” de su vínculo con los dirigentes, el jugador que les falta, su entrada y salida de Estudiantes, incluida la curiosidad que lo sucedió su yerno, rival el próximo martes y futuro padre de su nieto.

-Ariel, ¿con qué club te encontraste?

-Un club ordenado, con ganas de hacer muchas cosas y con dirigentes que, en su mayoría, fueron ex jugadores. Están laburando en la remodelación de la cancha, se quedan hasta tarde... Hay mucho sentido de pertenencia.

-¿Preferís que haya ex jugadores en el grupo dirigencial con los que podés hablar de básquet o considerás que eso puede generar algún tipo de “invasión” en tu tarea?

-Cuidando cada uno su rol, podés debatir y charlar de determinados temas. De todos modos, yo no me metería en la parte dirigencial y ellos, al menos hasta el momento, tampoco lo hicieron en lo mío.

-¿Hasta dónde se le da lugar al dirigente, sobre todo si conoce, en determinadas cuestiones puntuales, como el armado del plantel?

-A veces es difícil ese tema. Porque llegás a un club y te encontrás que hay jugadores ya arreglados, algo que no pasó en este caso, porque prácticamente se armó un equipo nuevo. Igual, soy de escuchar, porque puedo no conocer a algún jugador y me dan su opinión, pero no mucho más que eso. En realidad acá nos conocemos casi todos, pero a veces no podés concretar la llegada de algún jugador, por bolsillo o bien porque se van a equipos altamente competitivo. Hay que luchar todos los años con eso.

-Tener un equipo prácticamente nuevo, como este Pueyrredón, ¿a veces es mejor para la construcción desde cero?

-Hay que tener un poco de paciencia, es obvio, pero la verdad que están entrenando muy bien. No tengo absolutamente ninguna queja. Me encontré con chicos que tienen muchas ganas. En la elección intentamos armar un equipo joven, mixeado con algunos jugadores grandecitos como Damián (Carci) que tiene 40, o Nico (Renzi). Después veremos si los chicos se adaptan al torneo. Algunos vienen de ser protagonistas en sus equipos de Segunda, caso (Nahuel) Dulsan o (Manuel) Echarri. Pero Primera (LBB Oro) es totalmente distinto, otro básquet, más rápido, duro, donde te castigan... Estamos tratando de armar algo lindo, después pueden salir o no las cosas.

-¿A qué intentarán jugar?

-La idea es ser agresivos, un equipo rápido, con mucha presión... Vamos a tratar de lograr algo desde el desgaste. También, la realidad es que respecto de otros equipos tenemos poco cerca del aro, ¿no?

-El año pasado tuvieron unos partidos a Javier Bollo, a quien vos ya dirigiste. Actualmente está en Estudiantes de Tucumán, y uno de los compañero fue Fernando Alfonso, que se sumó a Pueyrredón. ¿Todo se perfila para que Bollo vuelva cuando termine la Liga Argentina?

-Ojalá que sí, aunque no lo sé.  Hoy pensamos en él. Nos falta un referente interno y tenemos libre esa ficha mayor. Hay que ver si Javier quiere o no, si pretende seguir jugando profesionalmente... Me gustaría, si viene, que se quede todo el año. Por ahora, este es el equipo, y con Alejo Agulló teniendo que cumplir dos fechas de suspensión.

-¿Expectativas?

-Las mejores. Los amistosos nos devolverán si podemos hacer o no lo que pretendemos. Va de la mano con poder conseguir esa ficha, porque cambiaría mucho el equipo. Hoy por hoy somos un equipo bajo, chico y calculo que todos van a querer jugarnos cerca del aro. Igual, creo que estamos parecidos a otros.

-¿Cuánto resta no tener prácticamente jugadores propios del club, en cuanto a la pertenencia y esos referentes que te cuenten la historia y remuevan algo más en un grupo?

-Hay jugadores jóvenes que son del club, no tenemos un mayor referente propio de Pueyrredón. Sí Damián lleva un par de años acá, Nico lo mismo, conocen bastante y tienen la idiosincrasia del club.

-A Sebastián Acosta lo dirigiste mucho en Villa Mitre. ¿Es una experiencia diferente tenerlo como asistente?

-Ya nos conocemos, habíamos trabajado, aunque no en el mismo equipo, porque Seba estaba con los U19 en Villa Mitre. Tenemos una misma línea, lo cual hace todo mucho más fácil. Estoy contento.

-¿Lo elegiste o era su puesto fijo más allá de quien llegara como entrenador?

-El club no podía hacerse cargo de un asistente y Sebastián, como trabaja de coordinador, estaba con ganas, se me ofreció y enseguida le dije que sí. Él conoce el club, los chicos, el manejo y desde ese lado me está dando una mano. Es importante.

-El año pasado en Estudiantes, ¿a esta altura estabas con menos fuerzas que ahora? ¿Te vino bien el cambio?

-Todo cambio viene bien. Siempre digo que no es bueno estar mucho tiempo en un lugar. La verdad que me sumé a Estudiantes cuando el club estaba mal. Y me fui contento porque había muchos chicos en el club. Antes pasaban dos personas cada vez que entrenábamos y hoy es un mundo. Pero se dieron algunas cosas, que no vienen al caso, y cayó bien la renovación. El otro día pasé a saludar a los chicos y la gente del club.

-Bueno, es que ahora también vas a ser un poquito hincha de Estudiantes, ¿no?

-No, je, quiero que le vaya bien a Facu (Sastre).

-Algo inédito que al entrenador lo reemplace su yerno...

-Creería que sí. Pero bueno, Facu estaba esperando la oportunidad, el club había llamado a otros entrenadores y las negativas llevaron a que le ofrecieran el cargo.

-¿Lo empujaste?

-No, él estaba convencido y con muchas ganas. Siempre lo cargaba con que iba a quedar él cuando yo me fuera. Pero la decisión era de los dirigentes. Nos extrañamos mutuamente, porque más allá de tener el vínculo suegro-yerno, teníamos una relación diaria. Hoy cambió un poco. Espero que le vaya bien.

-Cuando te enteraste de la relación con tu hija, ¿le dijiste, “con un entrenador, no...”, o te alegraste porque ibas a tener a otro en la familia para hablar de básquet, je?

-La realidad es que como persona es buenísimo, desde ese lado es lo mejor que pudo pasarle a mi hija. Y después sí, es así, a veces no se charla de otra cosa. Además, mi hijo Bruno como también juega (en Argentino) se suma y nos cargamos. El martes vamos a cruzarnos en el cuadrangular de Independiente.

-¿Quién se hace cargo del asadito del domingo?

-¿¡Quién se va a hacer cargo!? ¡Yo! Je, je, je...

-Bueno, el martes ponen en juego el asado del próximo domingo. ¿Te parece?

-No soy de jugar, pero me gusta hacerlo, así que no tengo problema, je.

-En definitiva, un año diferente para vos y él también, a la espera de otro integrante de la familia.

-El otro día charlábamos del tema y decíamos: “Lo único que falta que nazca cuando juguemos entre nosotros”, je. ¿Qué pasaría ahí?

-Pueyrredón y Estudiantes juegan sin su entrenador, je.

-La verdad que faltan tres meses y estamos esperando que salga todo bien, como viene hasta ahora.

-¿Este contexto puede influirte para cambiar un poco la cabeza, en cuanto a lo que hace al día a día del propio entrenador?

-Uno separa las cosas, pero cuando entrás a la cancha te ponés nervioso, querés ganar y demás. De todos modos sí, suma para darte cuenta que hay otras cosas que son más importantes que ganar o perder un partido más allá que, obviamente, nosotros dependemos mucho de los resultados.

-¿Seguís disfrutando y padeciendo mucho el ganar y perder o los años fueron estabilizando tus estados de ánimo?

-Soy un poco particular en ese sentido, medio perro verde (sic). No exteriorizo demasiado cuando gano ni cuando pierdo.

-¿La procesión va por dentro?

-Y... Me ha pasado de volverme caminando a mi casa, estando a 20 o 30 cuadras, porque quiero bajar las revoluciones. Pero me pasa, más que nada, cuando juego playoffs. Estoy tratando de tomarlo de otra forma. Esperemos que este año pueda disfrutar.

Por algo se empieza y pareciera que Ariel, a los 56 años y próximo a ser abuelo, intentará llevar un año más relajado asumiendo, claro, el "nosotros dependemos mucho de los resultados".

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