Bahía Blanca | Jueves, 26 de enero

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La camioneta pasa cada vez más lejos del productor agropecuario

Otra distorsión: El precio de la movilidad icónica del campo sube por el ascensor, pero el de los cereales va por la escalera.

El campo, la camioneta y el productor. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva. y Archivo LN. / Infografías: INTA

   La camioneta, o la chata, aporta la resistencia y la durabilidad necesarias para desenvolverse en el campo. Es uno de los símbolos más representativos para quienes trabajan a diario y demandan las mejores prestaciones.

   En más de una ocasión, la fortuna de una buena cosecha posibilita la actualización del bien, al margen de la competencia con una maquinaria agrícola que exige cada vez más tecnología en razón de mayores y mejores producciones por la aplicación de la agricultura de precisión.

   Al insistirse en que, hoy, los precios de los commodities son inmejorables (también de enorme variabilidad, por múltiples razones) viene a cuento saber si es el momento adecuado para comprar, o cambiar, una camioneta en la Argentina.

   Blanco sobre negro para esta cuestión concluyó la Ing. Agr. María Soledad Carrasco, de la Estación Experimental Agropecuaria Bordenave y la Agencia de Extensión Bahía Blanca del INTA, quien investigó el tema en profundidad. 

   Partiendo que se trata de una inversión importante y que se extiende a varias campañas (con obvia depreciación del bien), el precio de una camioneta (doble cabina, 4x4 y en promedio de las marcas más reconocidas) para este noviembre es de 53.084 dólares. Llegó hasta ahí con una suba interanual del 32 %.

Ing. Agr. María Soledad Carrasco, de la EEA Bordenave y la AE Bahía Blanca del INTA. 

   Si bien se mencionan cuántas toneladas —de los cuatro principales granos— se necesitan para adquirirla, el dato es que desde 2018 la escala va en ascenso. En otras palabras, cada vez se requieren más toneladas de cereales.

   “El sector agropecuario está retrasado, si lo vemos respecto de precios de bienes durables utilizados en función de varias campañas”, dijo.

   “Se observa un aumento de valor en los últimos años y hoy estamos casi en el doble, siempre tomando como referencia a la cotización del dólar oficial, que es el mismo con el cual se comercializan los granos”, agrega la Ing. Carrasco.

   En el caso del trigo, para comprar una camioneta en 2018 se debían poner sobre la mesa unas 128 toneladas. En 2019, 129 Tns.; en 2020, 117 Tns.; en 2021, 166 Tns. y, ahora, 152 Tns. Es el único caso en que, para el corriente año, es menor respecto del período previo.

   En cebada, en 2018 se precisaban 155 toneladas; en 2019, 192 Tns.; en 2020, 135 Tns.; en 2021, y en 2022, 177 Tns.

   Para el caso de la soja, en 2018 el canje se hacía por 104 toneladas; en 2019, por 108 Tns.; en 2020, por 85 Tns.; en 2021, por 114 Tns.; y en este año por 131 Tns.

   Finalmente, en maíz en el año 2018 el productor debía aportar 199 toneladas para adquirir camioneta. Y en 2019, 189 Tns.; en 2020, 142 Tns.; en 2021, 206 Tns. y, en el corriente año, 214 Tns.

   La relación es semejante a la hora de disponer hectáreas para sembrar: cada vez se necesitan más. Los valores de 2022 en trigo, con la entrega de 111 y en maíz, con 194, son históricos. Al menos desde el año 2018.

   Nota al pie: La cantidad de hectáreas de los cultivos está calculada a partir del margen bruto, que sólo incluye los costos directos e insumos y labores, pero no los gastos de estructura, amortizaciones directas, impuestos, eventuales arrendamientos y demás.

   Como sea, esta es la foto. Y nunca más real la definición.

   “Hay que tener en cuenta que los valores de los granos se deciden no sólo en el mercado interno sino en el externo, con lo cual es muy difícil predecir cuál va a ser el comportamiento de los precios para la próxima campaña”, añade.

   “Ahora, si el futuro se comporta con la tendencia actual; es decir, con aumentos anuales del margen bruto de entre el 15 y el 25 % y un incremento interanual de la camioneta que ronda entre el 30 y el 45 %, se puede comprender que esta brecha se va a acentuar”, asegura la Ing. Carrasco, en diálogo con La Nueva.

   La otra imagen a tener en cuenta es que estamos transitando la peor sequía de los últimos últimos doce años. Sólo en la producción de trigo, se prevé una pérdida de poco más de 9 millones de toneladas (cuando se aguardaban 23 M/T). Ni el más pesimista esperaba este desenlace.

   Entonces, clima, oferta y demanda de insumos a nivel internacional, más las consabidas problemáticas geopolíticas (y comerciales) del país y del exterior aparecen en el horizonte. Y el productor mira todo desde afueras sin tener injerencia sobre estas cuestiones. Mas: sin riego incorporado, si no llueve todo lo que invierta caerá en saco roto. En buen romance, si las cuentas no le cierran, poco le importará cuántas toneladas deberá separar para actualizar el modelo de la camioneta. En esta campaña, al menos, está claro que es un ítem que deberá dejar pasar.

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