El feminismo nunca es amenaza
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¡Hoy no se celebra, hoy se conmemora! es decir, se hace “memoria con…”. Por lo tanto, los/as invito a que hagamos memoria, es imperativo. Hoy no se dice “feliz día”, máxime en este contexto.
El Día Internacional de la Mujer empieza a conmemorarse por la ONU en 1975 y en 1977 es proclamado por su Asamblea. Se origina en las manifestaciones de mujeres, que, a comienzos del siglo XX, reclaman en líneas generales, derecho al voto y mejores condiciones laborales y en relación con esto, mejor no acordarse de la reforma que se votó días pasados.
Si bien la génesis se remonta al reclamo de las trabajadoras de una fábrica en Nueva York, en la que mueren un centenar de ellas en un incendio, la lucha se extendía por varios países.
Con un gobierno que se esmera en quitar y retroceder en materia de derechos cabe preguntarse: ¿dónde estamos paradas?
Obviamente desde la Psicología formulamos preguntas y en este caso algunas respuestas respecto del feminismo, los derechos conquistados y luego echados por tierra, podemos encontrarlas en el análisis de Cristóbal Rovira, Tomás Arriaza y Talita Tanscheit titulado “Actitudes antifeministas en América Latina”.
No caben dudas de que, en los últimos años, en Argentina y en el resto de los países Latinoamericanos fuimos testigos de una trasformación cultural importante. El feminismo se convirtió en un actor político, social, cultural y simbólico. Fue más allá de “los pañuelos verdes” (a veces nombrados despectivamente) ya que tanto el Ni Una Menos, el Me Too, el derecho al aborto, y tantas otras temáticas, impactaron en las agendas públicas y mediáticas.
¿La ola se detuvo?
Todo cambio, máxime si toca intereses, genera resistencias y en este sentido hay una corriente más que significativa, que tal y como siempre sucede en estos casos, viene precedida por el prefijo “anti”.
El antifeminismo también es una ola que crece acompañada del impuso que toman las ideologías y los gobiernos de derecha, en consecuencia, asistimos a una batalla cultural sin precedentes.
Esta cuestión del antifeminismo no es fenómeno espasmódico o trivial, de hecho, los datos recopilados en el informe de Rovira y sus colaboradores revelan que en América Latina hay tres grupos: la mitad de la población rechaza abiertamente las posturas antifeministas, un tercio las apoya, y un segmento no menor oscila en posiciones ambiguas.
Los grupos que se oponen a la conquista de derechos no se los puede circunscribir a un perfil sociodemográfico único o puntual, tampoco a una clase social específica, franja etaria o nivel educativo, lo llamativo es que sí hay un dato común: en todos los países analizados los que sistemáticamente son más antifeministas son los varones.
Para los hombres las luchas de las mujeres no son una conquista de derechos, sino que la perciben como una amenaza para ellos, para sus posiciones de privilegio. Estos “señoros” de posturas conservadoras se oponen al matrimonio igualitario, al aborto, a la adopción homoparental y adhieren a la pena de muerte, al autoritarismo y a la flexibilización de la tenencia de armas (lindos muchachos).
El estudio revela que donde el antifeminismo es más fuerte y hasta presidentes enarbolan la bandera, el apoyo a la democracia tiende a ser más débil o hay mayor indiferencia.
Como la democracia no se sostiene con el voto, sino que se robustece en valores pluralistas, evidentemente tendremos que seguir trabajando y trascender el “cliché de ampliar derechos”, pues en este momento hay una disputa de sentidos que obliga a construir acuerdos para que la igualdad no sea entendida como una amenaza.