Hoy el celular, ¿mañana?
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La cuestión era progresiva. Primeros años, fibrones, crayones y tizas; luego, la lapicera coronaba el proceso. El papel se trozaba, al cabo de poco más de un año y para estrés de la familia, llegaba el pedido de la tijera.
Seguramente si tenés hijos/as, nietos/as, sobrinos/as entendés de lo que hablo. En el Jardín de Infantes todo es progresivo y millones de niños/as aprendieron a lo largo de la historia a usar la tijera; hasta hubo un corte de pelo en el medio…
¡Capítulo aparte merece el punzón! ¡Era emocionante presentar el punzón!
Se guardaban todos en un frasco y el día en el que se usaba se extremaban las recomendaciones y la docente, más de una vez, “cortaba clavos”. El objetivo era ejercitar la presión, la coordinación óculo-manual, prácticas indispensables para la escritura manuscrita.
Jamás escuché que se prohibieran las tijeras, los punzones, los bastones en Educación Física, y tantos otros elementos que facilitan el desarrollo de competencias. Sí había enseñanza-aprendizaje en el uso responsable de todos esos elementos.
Comenzaron las clases y el celular pasó a ser una especie de “demonio” en el sistema educativo. En la pandemia posibilitó continuar con un proceso, hasta hace unos meses docentes hablaban de “classroom”. Hoy se prohíbe.
¿De revolucionar la educación a la eliminación? ¿Sacar los dispositivos es la solución? ¿Qué lugar ocupa la prohibición?
Obviamente no es un instrumento como la tijera o el punzón, mi comparación es ”figurada”. En consecuencia, así como el celular no debe ser concebido como una mera herramienta, dejarlo “en la puerta de la escuela” tampoco es una forma de ponerle fin al problema.
El celular es un parte de un ecosistema tecnológico, comunicacional y hasta de mercado. No es un elemento neutro. Desde el momento en que fue concebido y producido a escala industrial, tiene un cometido.
¿Para qué fue inventado? ¿Qué función cumple? ¿A qué interés responde y de quienes?
Estoy de acuerdo con que el Estado debe ser un regulador de procesos, pero cuando hay una catarata de prohibiciones, tengo más dudas que certezas; más preguntas que respuestas. El sistema educativo es amplio, por ende: ¿Hay que prohibir para todas las edades? ¿No es más significativo educar en el uso responsable?
El territorio digital es una realidad, y en ese territorio ilimitado suceden interacciones “nutritivas” y también ciberbullying, grooming, ghosting, orbiting, y muchas practicas más. Si en la escuela no se reflexiona sobre esto, si no educa sobre esto, entonces ¿para qué sirve la escuela?
Trabajo en el sistema universitario español. En dicho país el desarrollo de la competencia digital es clave y no se limita a una única área o materia, sino que aparece de forma explícita a lo largo de todo el desarrollo curricular. La competencia digital se inicia en lo que sería nuestro nivel Inicial y, progresivamente, se va complejizando.
En el nivel Secundario hay una asignatura obligatoria: "Tecnología y Digitalización", cuyo objetivo es construir los conocimientos, destrezas y actitudes en competencia digital. La premisa no es “saber usar” un dispositivo, sino que se fomenta el uso crítico, responsable y sostenible de la tecnología, su impacto en la sociedad, en la sostenibilidad ambiental y en la salud, también el respeto por las normas establecidas para la participación en la red, así como la adquisición de valores que fomenten la igualdad y el respeto hacia los demás.
Una vez más el eje no es prohibir o no prohibir, sino que a partir del consenso del sistema escolar y familiar con las voces de los/as estudiantes/as presentes, se debe priorizar la gestión y la promoción de cuidados y construir decisiones respecto de cómo y para qué habitar una escuela.