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En plena guerra, Trump avanza con su salón de fiestas

Luego de sortear objeciones, se reanudó la ampliación de la Casa Blanca, siguiendo la estética neoclásica que apasiona al presidente Trump.

Con el diseño definido y la obra en marcha, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, obtuvo el permiso para completar un edificio vecino a la Casa Blanca, donde funcionará un salón de baile.

La construcción había sido paralizada por una orden judicial que entendía que una intervención de ese tipo exigía el visto bueno del Congreso. La demanda fue interpuesta por el National Trust for Historic Preservation y por organizaciones de arquitectura.

Sin embargo, la Comisión Nacional de Planificación finalmente ha aprobado el proyecto, aduciendo que se trata de un complejo edilicio que ha crecido a lo largo del tiempo. “La Casa Blanca está en constante cambio y evolución. Cualquier argumento que se base en la idea de que es inmutable contradice la historia misma de su estructura."

El diseño

Trump ha manifestado su gusto por la arquitectura neoclásica, rechazando cualquier propuesta contemporánea. Ese es el estilo elegido para esta ampliación.

El presidente también rechazó las críticas sobre la asimetría de la nueva ala, tres veces el tamaño del ala oeste. "La Casa Blanca no ha sido simétrico desde quizás la década de 1830,", dijo.

El edificio de 8.360 metros cuadrados, resuelto con una estética neoclásica con un gran pórtico de columnas corintias refiere a los templos construidos por los griegos 500 años antes de Cristo.

Este estilo ornamentado también se ha propuesto para reemplazar las columnas jónicas de la residencia central de la Casa Blanca.

Por otra parte, el propio Trump recurrió a un argumento adicional para justificar la obra: el edificio servirá como un "cobertizo" para el complejo militar ubicado en su subsuelo. "Los militares están construyendo un búnker debajo del salón,  por eso la construcción será a prueba de balas y de drones.

Trump ha defendido siempre la idea de diseñar edificios siguiendo los lineamientos de esta estética clásica para los edificios públicos federales, bajo la premisa de "hacerlos bellos de nuevo".

Su postura se aleja del estilo moderno o brutalista, imponiendo estéticas que evoquen, dijo, “la dignidad, autoridad y el patrimonio histórico estadounidense”.