Bahía Blanca | Miércoles, 01 de febrero

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Sequía: la doble Nelson que condiciona a la ganadería

Los números de la crisis, que aún están por verse con el paso de los meses venideros, ya son impactantes en el país de las vacas.

A la espera de un remate en las instalaciones de la Asociación de Ganaderos. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

   ¿Un millón de terneros menos para una campaña? Dicho así, cuando en los últimos años se venía en una (lenta, pero ininterrumpida) remontada de stock, no dejar de hacer ruido.

   El dato es relevante y se explica a partir de la primera campaña de vacunación antiaftosa de este mismo año: 7.583.236 terneros y 7.623.103 terneras (poco más de 15,2 millones en total).

   Sólo en la provincia de Buenos Aires las existencias es de casi 6,5 millones para este mismo lapso. Sí, una caída de un millón de terneros es muy importante.

   Esto es así por el cada vez más significativo número de vacas (vacías) que no están en condiciones de producir un animal por falta de pasturas y de alimento complementario; por la presencia de altas temperaturas y la falta, en algunos casos, de tratamientos sanitarios de acuerdo con la exigencia de esta coyuntura.

   Durante la terrible sequía de 2008/2009, que afectó a todo el país y convirtió al sur del sudoeste bonaerense en poco menos que un desierto, se perdieron 4 puntos anuales en tasa de preñez. Referencia: cada punto representa unos 230.000 terneros.

   El impacto de esta sequía —con ribetes dramáticos, en especial en la zona núcleo del país— comenzó a dimensionarse por la producción agrícola —y la necesidad de recursos frescos para el Banco Central de la República Argentina (BCRA)—, pero lo cierto es que, más allá de puntuales economías regionales, la ganadería hace agua por todos lados (valga el término).

   De acuerdo con el Mercado Ganadero, la falta de lluvias en las principales regiones productivas ha puesto de rodillas a casi el 50 % del stock vacuno a nivel nacional; es decir, a unas 30 millones de cabezas.

   La afectación de la seca ya superó —a este noviembre, según la Mesa de Monitoreo de Sequías, integrada por la secretaría de Agricultura y otros organismos oficiales— las 22 millones de hectáreas productivas y, extendiéndose, ahora parece instalarse en la zona norte del país.

   Si no llueve, y se suman las habituales (altas) temperaturas de época, las reservas forrajeras serán en pocos días parte del pasado.

   En este contexto, en el cual ya nadie dice que la carne es cara, sencillamente porque es el producto icónico de los argentinos y de las argentinas más retrasado en precio, es lógico que esto suceda a poco de interpretarse el aumento de los ingresos de los animales a faena.

    Una primera consecuencia de la situación es la mayor salida de hacienda de los campos. Sólo en este noviembre, se envió un 6 % más de animales en relación a octubre y un 7 % más en la comparativa interanual.

   De acuerdo con datos oficiales, en este mes previo el ingreso de animales a los frigoríficos fue superior en el 13 % respecto del mes anterior (+ 183.832). Otro dato importante: las cifras se dan en un marco en que, por cuestiones estacionales, no debería suceder.

   En un reciente remate del Rosgan se describe, en forma exacta, esta suerte de doble Nelson —la inspiración de los Titanes en el Ring de Martín Karadagian, en homenaje al almirante inglés Horatio Nelson— que le sucede hoy a la ganadería.

   “La sequía muestra las dos caras de una misma moneda. Por un lado, la necesidad de los productores de achicar sus rodeos por la ausencia de pasto que genera una gran oferta y, por otro, un comprador que está limitado para actuar por la misma razón: adónde llevar esos animales”.

   Al ser un negocio programado a, por lo menos, tres años, el impacto en la ganadería llega un poco después de los daños de la agricultura, así como se prolongarán por un período superior por la misma razón (ya explicada).

   Para decirlo de modo campechano: si llueve agua del cielo se humedecerá el suelo, se renovará la siembra y se cosecharán más o menos granos, pero habrá campaña. Pero en la ganadería este tiempo perdido no se recuperará en forma tan rápida. ¿Por qué? Sencillamente porque no lloverán terneros.

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