Receta para el bienestar
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Comienza febrero y todavía queda más de la mitad del verano por disfrutar (o padecer). Lo que significa que aun seremos testigos de esas postales de personas disfrutando la playa o el Sunset en el balcón al mar que ofrece el Puerto de Bahía Blanca, pero también de niños/as y adolescentes pasando horas y horas frente a dispositivos.
Ya no hay dudas que los cerebros y hasta las costumbres están siendo moldeadas por lo tecnológico. Me asombra ver todo tipo de reuniones sociales en las que adultos/as y chicos/as tienen escasa interacción ya que están con la mirada en el celular.
En 2024, se publica una investigación en Matter Neuroscience, A New Framework for Understanding Human Happiness, que revela cómo distintas acciones tienen impacto a nivel cerebral pudiendo generar bienestar y felicidad, lo que abre una vez más la reflexión sobre los tiempos que una persona pasa frente a una pantalla.
En el estudio se compararon imágenes de resonancia magnética para ver qué sucede respecto de la actividad cerebral cuando una persona mira Instagram, TikTok o realiza compras o line y personas que miran una puesta de sol, comparten con amistades o hacen actividades al aires libro tan sencillas como un paseo, y los resultados son notorios.
Se comprueba que quienes están frente al celular activan solo la dopamina, el neurotransmisor responsable del placer inmediato, como sucede con el consumo de sustancias, mientras que quienes dan un paseo u observan una puesta de sol activan la serotonina, la oxitocina, los cannabinoides y los opioides, neurotransmisores esenciales para el bienestar.
Por lo tanto, y de acuerdo con el estudio, TikTok, es placer y satisfacción inmediata, donde hay que consumir una y otra vez para sostener esa sensación y sin consecuencia prolongada para el bienestar. Enviar un audio de WhatsApp (que seguramente se escucha en 2x) si bien activa el cerebro, compartir y socializar cara a cara pone en marcha áreas relacionadas con la empatía, la conexión social y el bienestar emocional.
Además, paseos al aire libre comprenden la activación de procesos neuronales que reducen el estrés, aumentan la sensación de bienestar por más tiempo, mientras que estar “scrolleando” por horas en TikTok u otras redes, si bien genera gratificación en el momento, es de corta duración.
Por último, las compras online, también generan “el subidón de dopamina”, pero cuando nos disponemos a elegir un regalo para alguien se activan opioides y oxitocina que favorece la conexión interpersonal y fortalecen el sentido de comunidad. No en vano a mayor uso de dispositivos, vínculos y conexiones son más deficientes y los espacios comunitarios fragilizados.
Es complejo, porque aún, cuando la mayoría de los adultos saben que lo digital está hecho para estar “pegado” al dispositivo, está pensado para consumir y para depender y liberar dopamina como cuando se consumen sustancias, la balanza se inclina hacia el uso de dispositivos en detrimento de contemplar un atardecer.
El desafío no es prohibir, no es demonizar, es hacer una pausa y poder pensar qué estamos haciendo, cómo nos vinculamos con lo tecnológico y especialmente para qué.