Bahía Blanca | Martes, 16 de abril

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Argentina: una gran familia que no llega a fin de mes

Por la seca, las exportaciones agroindustriales cayeron el 35 % en el primer semestre: —U$S 10.800 M. Al final del año serán casi U$S 21.000 M menos.

Granos y alimentos, vinculados. / Fotos: Archivo La Nueva. / revistaforexport.com

“En nuestra familia trabajamos y vendemos productos o servicios para obtener dinero que, luego, usamos para comprar lo que necesitamos y no podemos producir por cuenta propia. Si lo vemos a nivel de la Argentina pasa lo mismo: cada uno trabaja y vende dentro del país para consumo interno como también a otros países para que ingresen los dólares que se necesitan para adquirir aquello que no hacemos; por ejemplo, celulares, ropa, partes de autos, computadoras, Netflix, HBO y demás”.

Con una suerte de cuenta de almacenero, la economista Nicolle Pisani Claro, de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA), explica el fenómeno (o la encrucijada) que atraviesa nuestro país .

Ahora comprendido cabalmente el aporte del campo para las arcas fiscales, más allá de los comprobados 7 de cada 10 dólares que exporta el sector agroindustrial, desde el organismo se le puso número a la casa a la cuestión que, entre otras circunstancias, le saca el sueño el actual gobierno nacional liderado por ministro de Economía, Producción y Agricultura de la Nación y candidato a la presidencia por Unión por la Patria, Dr. Sergio T. Massa.

Según la entidad, que trabaja en interpretaciones a partir de los datos de organismos estatales —y privados— relacionados con la economía del país, las que denomina Monitor de Exportaciones Agroindustriales, la sequía provocó que, en el primer semestre del corriente año, las exportaciones del sector cayeran 10.8000 millones de dólares, para una pérdida del 35 % (comparada con el mismo período del año previo, que había sido de U$S 35.000 millones y un crecimiento del 8,5 % respecto de 2021).

Pero no fue sólo el factor climático: también incidió la caída de los precios internacionales. Esto fue (es) inesperado.

Puntualmente, en el primer semestre del corriente año la Argentina exportó por 33.500 millones de dólares. Entonces, las cadenas agroindustriales generaron un total de U$S 20.000 M en concepto de exportaciones. En total, la salida de productos argentinos cayeron un 24,5 %, en tanto que un 35 % sucedió con las agroindustriales respecto de enero-junio de 2022.

¿El futuro? Las perspectivas de las exportaciones para el segundo semestre de 2023 aparecen con más dudas que certezas como para pensar en la recuperación a partir de una sucesión de lluvias que haga retornar, en forma inmediata, casi mágica, la bonanza productiva.

De acuerdo con la FADA, las expectativas son negativas en términos de demanda internacional en oferta exportable y en precios y, en apariencia, neutras en competitividad cambiaria.

Las referencias no son menores para un país que, como el nuestro, aporta al mundo alimentos para, se afirma desde varios foros, alrededor de 500 millones de personas.

Observemos dónde estamos en la tabla:

—Primer exportador mundial: porotos, maní, aceite y jugo de limón y aceite de soja.

—Segundo: harina de soja y yerba mate.

—Tercero: leche en polvo, maíz y porotos de soja.

—Cuarto: cebada.

—Quinto: aceite de girasol, peras y langostinos y camarones.

¿A quién y qué les vendemos? Veamos.

—Brasil: cebada, lácteos, peras y manzanas, legumbres y trigo, entre otros.

—China: carne aviar y de vaca y pescado.

—India: aceite de girasol y soja.

—Los Estados Unidos: limón, vino y té.

—Otros: Vietnam, maíz; Países Bajos, maní; Siria, yerba; Costa de Marfil, cerdo; Alemania, lanas y Chile, arroz. Son sólo algunos de los países y de las producciones involucradas.

¿Qué se debe hacer para volver a recuperar los volúmenes de exportación, más allá de seguir rezando todos los días para que llueva y poder llegar a fin de mes (para decirlo de un modo doméstico)? La propia FADA lo ha presentado en no pocas ocasiones —hasta en el Congreso de la Nación, este miércoles 7 de junio— al afirmar que se puede producir el 56 % más; sumar 76 millones de toneladas; generar U$S 30.000 millones adicionales por año y, junto a carnes y biocombustibles, crear medio millón de puestos de trabajo.

Para lograr esos objetivos, se requieren cuatro condiciones: retenciones cero; cero restricciones, un dólar único y reglas claras. Es decir, generar las oportunidades para que se pueda exportar y que se produzca el círculo virtuoso de aquella citada economía familiar.

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