Bahía Blanca | Viernes, 01 de marzo

Bahía Blanca | Viernes, 01 de marzo

Bahía Blanca | Viernes, 01 de marzo

Trigo: ¿la solución es eliminar las retenciones?

Un análisis de CRA asegura que, más allá del actual contexto, la producción se puede duplicar. ¿Ejemplo? Como en 2016.

Casi el 40 % del trigo del país se produce en el sur de Buenos Aires. / Foto: Rodrigo García-La Nueva.

Los derechos de exportación a la producción agropecuaria (DEX; en adelante retenciones) se bajaron a cero para trigo, maíz y carne (estaban en el 20 %) y los de soja pasaron del 35 al 30 %. Esto ya es historia, pero el anuncio —y posterior concreción— sucedió hace un rato: el lunes 14 de diciembre de 2015, cuatro días después de la asunción de Mauricio Macri como presidente de la República Argentina.

Desde mucho antes —en algunos textos se asegura que las retenciones comenzaron en 1862, durante la presidencia de Bartolomé Mitre—, este formato recaudatorio que registra escasos antecedentes hoy en el mundo ha sido sometido a no poco debate. Que está bien, que está mal; que es poco, que es mucho.

Si bien las aguas aparecen divididas por cuestiones ideológicas a la hora de imponer una u otra postura, lo cierto es que el Estado no ha podido resolver (está dramáticamente expuesto en nuestra vida cotidiana) las cuestiones de fondo que semejante ingreso de dólares a sus arcas debería haber morigerado.

En el mes de julio de 2022, el presidente de la Sociedad Rural Argentina, el entrerriano Nicolás Pino, aseguró que desde 2003 los productores transfirieron al Estado —en forma directa— unos 130.000 millones de dólares sólo en concepto de retenciones. Y trazó una comparación para un valor que, actualizado, es de alrededor de U$S 140.000 M: “Se trata de una cifra equivalente al dinero invertido en el Plan Marshall, que levantó a Europa entera luego de la Segunda Guerra Mundial”.

Este (necesario) prólogo viene a cuento por la reciente propuesta de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), una de las entidades que forma parte de la Mesa de Enlace, respecto del trigo, el producto icónico del sudoeste bonaerense (y el segundo en el listado de la mesa de los argentinos).

Se basa en un estudio realizado por Ernesto O'Connor, economista jefe de la propia entidad gremial, quien demostró —asentado en las estadísticas oficiales— que al eliminarse las retenciones al trigo desde el año 2016, cuando la superficie sembrada pasó de 3 a 7 millones de hectáreas, el crecimiento en producción alcanzó casi las 20 millones de toneladas.

“Sería bueno repetir aciertos, y no errores, eliminando las retenciones y dando un impulso exportador con convicción a toda la producción agropecuaria y a las economías regionales. Y con un tipo de cambio único”, se argumentó desde CRA.

Recordó también lo que ya se sabe: que la sequía y las altas temperaturas han impactado de lleno en la actual producción; que se cosecharán 25 millones de toneladas de soja (en 2021/22 fueron 44 M/T) y 36 millones de toneladas de maíz (vs. 52 M/T previos) y que en esta campaña se aguarda un total de 84 millones de toneladas (vs. 137 M/T de 2018/2019).

Y los números más oscuros: en este año se perderán ingresos en concepto de exportaciones en el orden de los U$S 21.000 millones; es decir, una caída del 45 % de las agroindustriales totales. En otras palabras: un desastre, por donde se lo mire.

Yendo a lo gremial, CRA planteó que en abril de 2018 el Gobierno de entonces (NdR: Juntos por el Cambio) entró en crisis de balanza de pagos, con cesación de colocación de deuda pública voluntaria internacional por la desconfianza, fundamentalmente debido a la sequía de esa campaña. Y que entonces se debió recurrir al FMI, desde donde la economía ya no se recompuso más. Y aportó la solución: “Con las retenciones, este Gobierno no nos escucha. Por eso se lo decimos al próximo: al eliminarlas gana el país”.

Hoy, las retenciones están en el nivel de 33 % para el grano de soja; 12 % en trigo y maíz y 7 % para el girasol. En el desglose, al trigo y al maíz se les aplican los denominados volúmenes de equilibrio (léase intervención del mercado).

Quienes están en contra de las retenciones sostienen, a grandes rasgos, que son un impuesto distorsivo, un factor de empobrecimiento y pérdida. Y que el dinero retenido a los productores se podría recuperar mediante otros impuestos —entre ellos, Ganancias e IVA— y el aumento de la producción (tal como ahora plantea CRA respecto del trigo).

Quienes sostienen que es una medida adecuada argumentan que las retenciones cumplen un rol decisivo desde el punto de vista de la cadena de alimentos y, por ende, con repercusión (positiva) en los sectores de menores ingresos. “Si se eliminan, se incrementará el precio externo (del producto) y ese valor, por ende, aumentará el precio interno”, dicen. De otro modo, se plantea un desfinanciamiento imposible de sostener para el Estado argentino.

Así presentadas las posturas de una cuestión cada vez más movilizante y de aristas renovadas (ahora por el clima, por si faltara algo), el paso siguiente es saber qué opinan los precandidatos de las distintas fuerzas políticas que se presentarán en las venideras elecciones. Soluciones se buscan. Y no sólo para este tema.

OTROS TEMAS DE ESTA MISMA COLUMNA:

Que el árbol no tape el bosque: es necesario reinventar la sostenibilidad

Trigo HB4: el bálsamo que puede cambiar la historia productiva del SOB

Sequía: ¿Es utópico pensar que se trata de otra oportunidad?

Carne vacuna (indómita): ¿cuándo terminará la recomposición de precio?

Todos los huevos en la misma canasta: Argentina ya es el cuarto consumidor del mundo

Enero seco: la agroindustria (y el país) empiezan a sentir el impacto en las exportaciones

Sequía 2022: cuando el SOB tuvo su propia versión de zona núcleo

De carne somos: ¿No consumir más de dos hamburguesas por semana puede salvar al planeta?

Toda la carne en el asador (para seguir perdiendo frente a la inflación)

La suerte está echada: las pérdidas de la campaña 2022/2023 serán multimillonarias

Contámela de nuevo: la exportación cerealera superó los U$S 40.000 M en 2022

Lechería: la sequía y el dólar soja II licúan a un sector ya deteriorado

Carne: la cadena suma deterioro (y un asado cada vez más barato)

Maquinaria agrícola: ¿por qué la sequía afectará la actualización de la tecnología?

Sequía: la doble Nelson que condiciona a la ganadería

La camioneta pasa cada vez más lejos del productor agropecuario

El pan nuestro de cada día (llega cargado de impuestos)

Crónica de una sequía anunciada: ¿hasta cuándo impactará en el ingreso de divisas?

La tormenta perfecta: sólo hay que mirar al cielo, rezar y esperar

Cómo seguir promocionando la carne vacuna y no morir en el intento

La carne vacuna que viene: ¿con o sin cuarteo?

Brecha de rendimiento: que el árbol no tape el bosque

La Niña alimenta el refrán: No hay dos sin tres

Una tribuna para todos y todas

“Cuanto más vacas tengamos, menos incendios vamos a sufrir”

Troceo de la carne: ¿llegó la hora de ponerle el hombro a la modernización?

Gases de efecto invernadero: ¿El campo es el malo de la película?

Dólar soja: cuando creatividad mata galán

Exportaciones: más allá de las restricciones, la carne sigue aportando dólares

Trigo 2022/23: ¿Vendrá con el pan bajo el brazo?

Retenciones: ni se miran ni se tocan (hacia abajo)

Campaña 22/23: ¿Por qué las expectativas del campo están por el suelo?

¿Qué tienen en común la carne vacuna y el fútbol argentino?

Soja: hay que leer la letra chica para entender de qué se trata

Carne vacuna: cuando el debate no debe pasar sólo por el precio

Biocombustibles: ¿y si vamos pensando en extender el corte?

Agroexportación: ¿cómo romper récords y sobrevivir en el intento?

Trigo HB4: ¿No todos los caminos conducen a Roma?