Bahía Blanca | Jueves, 18 de abril

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El lado B del cambio climático: incide más en la temperatura que en la lluvia

La menor disponibilidad de agua acumula tres campañas consecutivas en nuestro país. Cuál será el futuro, más allá de la visión de expertos de la ONU.

Una imagen de este verano en el SOB. / Fotos: Pablo Presti-la Nueva. y Archivo LN.

El drama de la seca que afecta a la Argentina desde hace tres años consecutivos, pero que ha impactado de manera dramática en 2022/2023 con un período octubre-diciembre casi sin agua en la zona núcleo, expone las necesidades de un replanteo respecto de los manejos productivos en un mundo que demanda una alimentación cada vez más sustentable.

Ahora bien. Si en una primera (y obvia) lectura incluimos al cambio climático como el responsable de todos los males que provocan que cada vez caiga menos agua desde el cielo, cierto es que nuevos estudios de Atribución Meteorológica Mundial (worldweatherattribution.org), publicados por la Organización de Naciones Unidas (ONU), brindan una mirada de faros largos sobre la problemática.

De acuerdo con investigaciones de científicos de los Estados Unidos, Francia, Países Bajos y Reino Unido, no es el cambio climático el principal culpable de la reducción de las lluvias en la ventana histórica aludida.

Mas. Y aquí el diferencial respecto de otros trabajos sobre la misma cuestión: ha quedado demostrado, al menos en esos papers, que el cambio climático provocó un aumento significativo en las temperaturas y, por ende, generó una reducción de la disponibilidad de agua que terminó dando de lleno por debajo de la línea de flotación —valga el término— en las zonas más productivas de la Argentina (y otros países sudamericanos).

El estudio se particularizó entre los meses de octubre a diciembre de 2022, pero en realidad, al menos en nuestro país, desde estos enero a marzo se vivieron los 90 días más calurosos desde que se tienen registros. Es decir, siguió sin llover (ni siquiera con las tormentas de verano) y, además, con muchos días consecutivos por encima de los 35 grados.

Cierto es que, con una mirada desde los lotes, se puede presumir que un mayor número de días consecutivos sin nubes —y cielo despejado, en una temporada estival— terminará produciendo un daño significativo, en este caso en el desarrollo de los cultivos.  

Como ya se ha escrito en esta misma columna, la excepción debe tomarse para el sur de la provincia de Buenos Aires y tierras linderas de La Pampa y de Río Negro, donde si bien los termómetros volaron, los registros de agua no estuvieron por debajo de los promedios históricos. Sólo a los efectos del clima, esta vez la zona estuvo en modo núcleo.

Volvemos. Según el organismo mundial, el alto impacto de la sequía en la agricultura y la actividad económica pone de manifiesto la necesidad de reducir la vulnerabilidad ante la falta de precipitaciones, tomar medidas que mejoren la gestión del agua y anticipar la sequía con la aplicación de previsiones estacionales.

No dejó de lado la ONU un aspecto sobre el que, en nuestro país, poco se ha avanzado (por múltiples razones, todas con intereses divergentes): los seguros de riesgo. Una articulación público-privada brindaría herramientas para crisis como las actuales, donde la respuesta del Estado nunca es la adecuada, ni en tiempo ni en forma.

“La Niña, como factor climático, se destaca por muy altas temperaturas debido al aumento del mismo fenómeno del mar, así como causa una mayor probabilidad de menores precipitaciones. En realidad, en esta campaña estas características se han exacerbado”, aclaró el investigador puntaltense Bautista Agustiño, de @meteopunta (IG).

“Además de calentar mucho el suelo, este factor hace que las precipitaciones sean desparejas. Así entonces se descargan las tormentas, o las lluvias, de forma muy puntual y con poco acumulado”, añadió.

Acerca del futuro, Agustiño sostuvo: “Sobre el final del túnel, cerca de fin de año, empieza a aparecer El Niño. ¿Si es mejor? Sí, claro, sólo esperemos que no haya excesos y se termine convirtiendo en otro problema”.

Más optimistas aparecen otros modelos predictivos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que también depende de la ONU. Sus expertos presumen la aparición de El Niño para el venidero junio.

Hay condicionamientos: El Niño estará precedido por un período de condiciones del ENOS de fase neutral con un 90 % de probabilidad hasta este mayo.

Para el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), ya se aprecia el cambio de clima. Se sostiene que no sólo aparecerán lluvias por encima de los promedios históricos, sino que se esperan temperaturas también elevadas entre los meses de abril, mayo y junio. Este dato no es menor: es lo ideal para evitar las heladas tempranas.

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