Bahía Blanca | Jueves, 18 de abril

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Lo que faltaba: la inteligencia artificial se mete entre las malezas

Es poco menos que la solución ideal para optimizar un sector que requiere cada vez más eficiencia, rendimiento, producción y rentabilidad.

Con las observaciones lógicas de una tecnología que hace tan sólo un rato aparecía en las películas de ciencia ficción y que tiene tantos pros como contras pero de la cual nadie puede permanecer indiferente, la denominada inteligencia artificial va perfilando nuestras vidas con un modelo que promete satisfacción garantizada.

Como no podría ser de otra manera, la alta tecnología de precisión con que se desenvuelve la agricultura (con repercusión en la ganadería) es el paradigma ideal para optimizar una actividad que requiere —cada vez más— eficiencia, rendimiento, producción y rentabilidad.

Más allá de otras aplicaciones ya exitosas y en permanente adecuación de nuevos sistemas, especialmente las relacionadas con la maquinaria agrícola, la inteligencia artificial también llegó para un aspecto vital en el manejo de la producción: el control de malezas en los lotes sembrados (o por sembrar).

En este sentido, es adecuado citar dos aspectos clave para entender de qué se trata.

—Según estudios agronómicos realizados por la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), sólo el 30 % de los lotes contiene malezas. Es decir, para las eventuales aplicaciones lo ideal es contar con la mayor precisión posible a los efectos de ser más eficiente en el control, además de una reducción de los costos de insumos.

—La propia Aapresid le puso número a la casa respecto de la cuestión económica. En el caso de la soja, entre U$S 80 y U$S 130 por hectárea debe invertir el agricultor para un adecuado control de malezas.

El Ing. Esteban Bilbao, de la Regional Necochea de Aapresid y Agroestudio Viento Sur, lo explica de esta manera: “Estas nuevas tecnologías, en base a cámaras y al desarrollo de IA, permiten diferenciar malezas de cultivos y realizar aplicaciones dirigidas en distintos escenarios productivos; incluso, dentro del cultivo. Aunque la tecnología aún no identifica malezas específicas, diferencia lo que es cultivo de lo que no lo es. Y eso ya es un gran avance, ya que en la Argentina está disponible para maíz, soja y maní, además de un enorme potencial en otras alternativas”.

Ing. Esteban Bilbao, de la Regional Necochea de Aapresid.

También dijo que, con anterioridad, se trabajaba con los denominados sensores de verde, cuyo uso quedaba limitado al barbecho y, dentro de los cultivos, a casos muy puntuales con malezas de gran desarrollo, o muy densas, o cultivos pequeños.

¿Cómo funcionan? Los dispositivos se instalan en los botalones y van censando lo que hay en el terreno. En forma simultánea, la inteligencia artificial aprende a tomar la decisión —en tiempo real— de abrir (o no) los picos de los pulverizadores. Esto es, se pasa de aplicar en todo el lote a activarse sólo donde se detecta una determinada maleza.

¿Cuánto se puede ahorrar? Al tratarse de una tecnología incipiente y que requiere de numerosas experiencias validadas para que cobre certidumbre aún no existe una precisión, pero es lógico suponer que podrían ser entre 30 y 35 dólares por hectárea de aquellos entre U$S 80 y U$S 130 citados anteriormente.

La cuestión, como se comprenderá, no sólo tiene ribetes de beneficios económicos.

“Contar con este ahorro nos facilita el acceso a moléculas de mayores costos. Esto permite rotar modos de acción y abrir más el abanico de herramientas, a la vez que se enlentece el avance de las resistencias. Y, con la reducción en el uso de herbicidas se gana competitividad en lo que hace a sustentabilidad al reducir el impacto ambiental y la huella de carbono. Usando el índice EIQ, que permite evaluar el impacto de una aplicación de fitosanitarios, las proporciones medidas son similares a las del ahorro de costos”, asegura el Ing. Bilbao.

“Asimismo, si utilizamos herbicidas que poseen algún riesgo de carry over, al aplicarse sólo en una pequeña parte de la superficie, este (eventual) perjuicio disminuye en forma notable. De igual manera, se minimiza el apilamiento y la persistencia en los suelos”, indica.

El Ing. Iván Regali, de DeepAgro, va un poco más allá respecto de la aplicación de la inteligencia artificial en los lotes: “El único límite es la imaginación”, dice.

“Nos centramos en el desarrollo de software, ya que tener un ojo tecnológico en el campo tiene sus beneficios. Hoy lo estamos usando para mirar dónde están las malezas y, de la misma manera, podemos entrenar el algoritmo para que genere alertas y reportes de lo que pasa en cada rincón del lote: sobre malezas, insectos, estrés hídrico, conteo de plantas y nutrición”, explica.

Se refiere a los resultados de una combinación de software, inteligencia artificial, cámaras de video, microcomputadoras y electroválvulas, las que permiten detectar las malezas en diferentes ambientes y, a su vez, aplicar la dosis exacta de producto y sólo en el objetivo.

Si el norte es reducir las brechas de rendimiento en la producción de cultivos (en el campo argentino) y ser cada vez más vez más sustentables en la generación de alimentos, la inteligencia artificial no puede haber llegado en mejor momento.

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