Bahía Blanca | Domingo, 03 de diciembre

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Carne aviar: ¿cuál es la incidencia en las huellas de carbono y de agua?

La optimización del transporte de alimentos, desde las plantas de piensos hasta las granjas de engorde, es una de las alternativas para disminuir las emisiones de CO2.

El análisis de ciclo de vida es una metodología que cuantifica los impactos ambientales potenciales a lo largo de determinado segmento de un producto (o servicio), si se contempla desde la extracción de materias primas, la producción y uso de energía hasta el reciclado o disposición final de residuos.

Precisamente, este paradigma se ha aplicado para conocer el impacto ambiental mediante la huella de carbono y agua (por escasez) de la carne de pollo producida en el sistema integrado del complejo avícola en 346 plantas de 12 empresas líderes del país.

Las conclusiones surgen de un trabajo encargado por el Centro de Empresas Procesadores Avícolas (CEPA) a un equipo de profesionales del área del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), con el auspicio del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Argentina.

En el proyecto De la cuna a la puerta se incluyen todos los eslabones desde la producción de cada uno de los componentes de los alimentos de los pollos, pasando por las etapas de recría, postura, incubación de huevos, crecimiento del animal y faena.

Los investigadores concluyeron que, en todos los casos, la huella de carbono calculada es significativamente menor a los valores informados en estudios internacionales.

Al analizar una de las etapas clave del proceso, como la producción de granos, se entiende que adquirir estos productos a proveedores en zonas próximas a las plantas de piensos asegura ventajas ambientales y económicas.

Asimismo, que los subsistemas de recría de padres y postura no presentan un aporte significativo a la unidad funcional y que el subsistema de incubadora posee una contribución poco significativa destacándose, en contrapartida, el consumo de energía eléctrica y de combustibles.

Por otro lado, la optimización del transporte de alimentos desde las plantas de piensos hasta las granjas de engorde permitiría disminuir las emisiones de CO2 e, incluso, el consumo de agua, así como en la etapa de frigorífico el consumo de energía eléctrica y combustibles presenta una contribución significativa a las huellas analizadas.

También para colaborar en la reducción de los GEI y el consumo de agua se puede sumar la aplicación de nuevos desarrollos en el packaging.

¿Y el impacto de las emisiones de la laguna de tratamiento de efluentes en frigoríficos y en plantas de incubación? Si bien son significativos, cierto es que tienen un gran potencial de reducción.

¿De qué se trata? La huella de carbono es la suma de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a lo largo de todo el ciclo productivo y de consumo de un producto (ciclo de vida).

Los GEI son acumulados en la atmósfera aumentando su concentración por encima de los niveles naturales, lo que provoca los denominados efecto invernadero, calentamiento global y, finalmente, cambio climático.

El potencial de calentamiento global es una medida de la capacidad que tienen diferentes GEI en la retención de calor en la atmósfera. El gas utilizado como referencia para medir huella de carbono es el CO2.

La huella de agua, según se destacó en el informe del propio Instituto Nacional de Tecnología Industrial, es la métrica que cuantifica el impacto ambiental relacionado al líquido elemento.

La disponibilidad del agua, en tanto, se considera a la extensión en la cual los seres humanos y el ecosistema tienen suficiente recurso hídrico para sus necesidades (ISO 14046). Y puede verse afectada por calidad o cantidad, dependiendo de la ubicación y de la temporalidad. Si la disponibilidad contempla solo la cantidad, se denomina escasez de agua.

En este caso de estudio, la unidad declarada fue un kilogramo de carne de pollo faenado y envasado con menudos de producción intensiva con un ciclo de (aproximadamente) 52 días y destinado a consumo interno.

Los objetivos trazados a través del trabajo —denominado Huella de Carbono y Huella de Agua de la Carne Aviar Argentina— permitieron conocer el uso de los recursos y la afectación al ambiente.

El dato es relevante en un mundo que demanda la producción de alimentos con condiciones mínimas en cuanto a una probada sustentabilidad. Para la Argentina, se trata de una renovada exigencia en el contexto globalizado.

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