Bahía Blanca | Martes, 16 de abril

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Cambio climático: ¿la agricultura es la buena de la película?

Cierto es que el sector emite gases de efecto invernadero (GEI), pero también lo es que la ecuación se resuelve a partir de una mayor producción de alimentos.
 

Cambio climático y seguridad alimentaria, en el debate. / Fotos: Prensa Aapresid y Archivo LN.

Producir en un marco de cada vez mayor sostenibilidad y sustentabilidad es uno de los desafíos trascendentes que afronta el mundo habida cuenta que, para el año 2050 y con una población de alrededor de 9.000 millones de personas (hoy es de 7.900 habitantes), la demanda de alimentos se incrementará en alrededor del 50 %.

El vínculo directo e inevitable (porque condiciona la producción) está en el muro que levanta el cambio climático —o la variabilidad climática— y genera un debate que, en algunas opiniones, ya debería estar resuelto.

Vikram Srhoff, líder ejecutivo global de UPL, lo explica de esta manera: “La gente necesita comer al menos tres veces por día durante los 365 días del año, pero ¿de dónde sale ese alimento? El consumidor tiene que dejar de culpar a la agricultura y comenzar a ver a los productores como parte de una solución correcta y natural para afrontar el cambio climático”.

El experto indio, que pasó por un panel que trató el tema en la última edición del congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) en Rosario, entiende que la agricultura es parte de una solución correcta y natural para hacerle frente al cambio climático. Y aporta un dato colateral relevante (para los tiempos que corren en la Argentina): “Los políticos de todos los países del mundo reconocen la importancia de los alimentos, ya que la seguridad alimentaria lleva a la seguridad social”.

Según el Banco Mundial, la agricultura es un factor que incide de manera importante sobre el cambio climático y, en la actualidad, genera entre el 19 % y el 29 % del total de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

“Es cierto. El cambio climático es un problema real, pero la solución está en la agricultura y aquí se incluye a los productores. Si bien es responsable de GEI, estos mismos gases en realidad se emiten para producir alimentos. Eso cambia la ecuación”, asegura.

Vikram Srhoff (izq.) y Marcelo Torres, en Rosario.

Las declaraciones de Srhoff tienen otro peso porque se producen en uno de los principales países productores de alimentos. Lo describe así: “La Argentina es líder en siembra directa, en muchas otras innovaciones y produce gran calidad de alimentos, de cultivos y de vinos; y la gente lo debe saber. Su posición es estratégica en el mundo y cada país está viendo lo que pasa aquí, porque si no producen y exportan el resto enfrentaría muchos problemas”.

Para hacer frente a esa mayor demanda de alimentos existe una limitante (y una realidad natural): no hay más tierras para la agricultura. Marcelo Torres, presidente de Aapresid, lo aprecia de esta manera: “Con las mejoras genéticas y la tecnología que ya conocemos, como la no labranza, el siempre verde y la construcción de sistemas con microbiomas activos, podemos incrementar el potencial de producción. La limitante no es el conocimiento ni las tecnologías, sino que aún nos falta establecer mejores diálogos productivos. En tal sentido, debemos tener debates basados en ciencia y en tecnología”.

Las propias empresas dicen —a los cuatro vientos— que se trabaja desde la sustentabilidad, ya que ese es el único camino, hoy, para la producción de alimentos. Ahora, ¿se comunica eso? ¿La sociedad lo sabe? “El desafío sigue siendo demostrar que nuestros sistemas productivos son eficientes y tienen una menor huella de carbono. Y que, en unión con la agroindustria, podemos consolidar canales de alimentos sustentables. Hay que decodificar el mensaje al consumidor de manera que sea claro y atractivo”, admite Torres.

Sobre producir más con menos, el Plan de Acción sobre el Cambio Climático del Banco Mundial trabaja respecto de la agricultura inteligente (AI).

Sostiene que, con respecto al clima, la AI es un planteamiento integrado para la gestión de los paisajes como, por ejemplo, tierras de cultivo, ganado, bosques y recursos pesqueros, que aborda dos desafíos relacionados: la seguridad alimentaria y el cambio climático. Del mismo modo, procura generar tres efectos directos al mismo tiempo:

—Mayor productividad: generar más alimentos para mejorar la seguridad alimentaria y nutricional y elevar los ingresos del 75 % de los pobres del mundo, muchos de los cuales dependen de la agricultura para su subsistencia.

—Mayor resiliencia: reducir la vulnerabilidad a las sequías, las plagas, las enfermedades y otras perturbaciones, y aumentar la capacidad de adaptación y de cultivo frente a factores de tensión a más largo plazo. ¿Ejemplos? Temporadas de cultivo más cortas y patrones meteorológicos irregulares.

—Menos emisiones: procurar la generación de menores emisiones por cada caloría o kilo de alimento producido; evitar la deforestación a causa de la agricultura y encontrar maneras de extraer el carbono de la atmósfera.

La postura de un mayor compromiso de todos (es decir, de todos) resulta clave y se advierte en cada una de las presentaciones de las empresas ligadas a la producción alimenticia en el país. De tal modo, el BM tiene los argumentos así: “Si bien la agricultura inteligente con respecto al clima se basa en los conocimientos, las tecnologías y los principios de la agricultura sostenible existentes, en la actualidad es un planteamiento distinto en muchos aspectos”. En primer lugar se centra —de manera explícita— en abordar el cambio climático y, luego, considera —en forma sistemática— las sinergias y las soluciones de compromiso entre productividad, adaptación y mitigación, a fin de aprovechar las ventajas de contar con resultados integrados e interrelacionados.

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