Bahía Blanca | Martes, 16 de abril

Bahía Blanca | Martes, 16 de abril

Bahía Blanca | Martes, 16 de abril

Leche hervida: ¿por los cambios de hábito o por el (menor) poder adquisitivo?

El consumo promedio sigue en caída en el país. Las razones del fenómeno más allá de la billetera.

De acuerdo con las cifras oficiales, el consumo de leche en la Argentina sigue con una tendencia descendiente. Tocó un pico mágico en el año 1999, con el equivalente a 232 litros por habitante por año. La caída se inició en 2002 (197 litros) y, tras una remontada, en 2015 se ha lanzado en tobogán hasta los 188 litros de este 2022.

Como se comprenderá, y al igual que el consumo de carne vacuna, la razón es multicausal pero, en este caso y como en otros que apreciamos cuando recorremos alguna góndola, existe un común denominador: el cada vez menor poder adquisitivo de los consumidores. En otras palabras, es una cuestión de billeteras.

Sólo a modo referencial: el costo de un litro de leche se comercializa, a fines de este mayo, desde los 220 pesos hasta los $ 340.

Una visión sobre el tema ofrece José Iachetta, director periodístico de todolactea.com.ar

“Los lácteos tienen una relación muy fuerte, tal como cualquier producto de la canasta básica que aumenta de forma consistente en coincidencia con la incapacidad de compra de la población. Es una cuestión económica. ¿Si se prolongará? El segundo semestre (de este año) será más complicado, excepto que exista un mecanismo que ponga plata en el bolsillo de la gente”, explica.

Una salvedad ineludible, en esta Argentina (en desarrollo) agobiada por la coyuntura, es que la informalidad sigue cobrando espacios relevantes. Es decir, puede entenderse que aquellas cifras oficiales amortigüen, en parte, una caída que no se detiene (y que podría interpretarse que está cerca de los 200 litros, equivalentes, por habitante).

Un fenómeno, íntimamente relacionado con la cuestión de precio, se observa a poco de diferenciar los espacios destinados a las variedades de un ícono de la mesa de los argentinos relacionado con la leche: el queso.

“Ha aumentado el número de aquellos productos de menor valor en la góndola; es decir, se hacen más quesos de alta humedad, como los cremosos, y menos de cantidad del tipo duro, que son los más caros”, describe Iachetta.

Ahora, en este análisis no puede soslayarse el cambio de hábitos de consumo que se están produciendo en la población mundial, desde una mayor atención a las cuestiones relacionadas con el cuidado de la salud hasta las virulentas (en algunos casos) manifestaciones de los representantes del vegetarismo o del veganismo.

“Salvo por las manifestaciones de algunos fanáticos, y más allá de una moderación de consumo por la incorporación de sodio y de grasa, el lácteo no posee contraindicaciones. Es un producto bien visto y por eso no tiene barreras que le impidan ingresar a la mesa”, amplía Iachetta.

Algunos de los cuestionamientos de la vereda de enfrente están basados en el denominado plant-based, una elección dominada por influencers y celebridades para cambiar a una alimentación con eje en plantas, granos y legumbres, todos con base en proteínas vegetales.

Para Ximena Díaz Alarcón, especialista en brand marketing y e investigación de mercado, tendencia, innovación y planning estratégico, existe una explicación.

“Hay sectores, como los que pertenecen a los niveles socio-económicos más bajos, que no cambian sus hábitos de consumo porque no tienen el paladar, ni el bolsillo, para volcarse a otras alternativas. Para ellos, la proteína láctea reemplaza a menudo a la carne, que es todavía más cara. Sin embargo, fuera de esos sectores vienen creciendo otras tendencias, especialmente en los jóvenes de niveles socio-económicos más altos y, en especial, de las mujeres. Y, lamentablemente para la cadena láctea, todo está bastante ideologizado. Se habla de los ‘venenos blancos’, por la leche, el azúcar y las harinas, lo que redunda en un notable impacto en la percepción de la gente”.

La problemática, alejada ya del precio corriente y de la inflación que nos corre el arco en forma permanente, tiene otra arista.

“Estamos atravesando un mundo del ‘nicho de uno’, que se adapta a cada persona en particular, a su estilo de vida, ideología y preferencias. En la actualidad, el consumidor considera al bienestar desde una perspectiva más integral, que tiene que ver con el empowerment, con la decisión y la posibilidad de encontrar un producto que respete las condiciones que busca”, dice Díaz Alarcón, en la previa a la presentación de un estudio cualitativo —bajo la metodología de focus group— que se realizará el venidero 14 de junio, en el Congreso Lechero CREA denominado Ver, Sentir, Hacer, que se desarrollará en Puerto Norte, Rosario.

En cualquiera de los casos, es inevitable regresar al punto 1): el poder adquisitivo de los argentinos es el que pone las condiciones (de compra, o de venta). Esto es, la mirada excede al consumo de leche.

OTROS TEMAS DE ESTA MISMA COLUMNA:

—Realismo mágico: el consumidor paga casi $ 4 por cada $ 1 que recibe el productor

—Los números del trigo: ¿habrá pan bajo el brazo?

—Carne vacuna: ¿por qué cae el consumo en nuestro país?

—Lo que faltaba: ratifican la tendencia a la baja del precio de la carne de exportación

—No habrá derrame: las otras consecuencias de una sequía histórica

—Cae la SD: si la sustentabilidad importa, alguien tendrá que resetear

El lado B del cambio climático: incide más en la temperatura que en la lluvia

Carne vacuna: el agregado de valor que hace la diferencia

Trigo: ¿la solución es eliminar las retenciones?

Que el árbol no tape el bosque: es necesario reinventar la sostenibilidad

Trigo HB4: el bálsamo que puede cambiar la historia productiva del SOB

Sequía: ¿Es utópico pensar que se trata de otra oportunidad?

Carne vacuna (indómita): ¿cuándo terminará la recomposición de precio?

Todos los huevos en la misma canasta: Argentina ya es el cuarto consumidor del mundo

Enero seco: la agroindustria (y el país) empiezan a sentir el impacto en las exportaciones

Sequía 2022: cuando el SOB tuvo su propia versión de zona núcleo

De carne somos: ¿No consumir más de dos hamburguesas por semana puede salvar al planeta?

Toda la carne en el asador (para seguir perdiendo frente a la inflación)

La suerte está echada: las pérdidas de la campaña 2022/2023 serán multimillonarias

Contámela de nuevo: la exportación cerealera superó los U$S 40.000 M en 2022

Lechería: la sequía y el dólar soja II licúan a un sector ya deteriorado

Carne: la cadena suma deterioro (y un asado cada vez más barato)

Maquinaria agrícola: ¿por qué la sequía afectará la actualización de la tecnología?

Sequía: la doble Nelson que condiciona a la ganadería

La camioneta pasa cada vez más lejos del productor agropecuario

El pan nuestro de cada día (llega cargado de impuestos)

Crónica de una sequía anunciada: ¿hasta cuándo impactará en el ingreso de divisas?

La tormenta perfecta: sólo hay que mirar al cielo, rezar y esperar

Cómo seguir promocionando la carne vacuna y no morir en el intento

La carne vacuna que viene: ¿con o sin cuarteo?

Brecha de rendimiento: que el árbol no tape el bosque

La Niña alimenta el refrán: No hay dos sin tres

Una tribuna para todos y todas

“Cuanto más vacas tengamos, menos incendios vamos a sufrir”

Troceo de la carne: ¿llegó la hora de ponerle el hombro a la modernización?

Gases de efecto invernadero: ¿El campo es el malo de la película?

Dólar soja: cuando creatividad mata galán

Exportaciones: más allá de las restricciones, la carne sigue aportando dólares

Trigo 2022/23: ¿Vendrá con el pan bajo el brazo?

Retenciones: ni se miran ni se tocan (hacia abajo)

Campaña 22/23: ¿Por qué las expectativas del campo están por el suelo?

¿Qué tienen en común la carne vacuna y el fútbol argentino?

Soja: hay que leer la letra chica para entender de qué se trata

Carne vacuna: cuando el debate no debe pasar sólo por el precio

Biocombustibles: ¿y si vamos pensando en extender el corte?

Agroexportación: ¿cómo romper récords y sobrevivir en el intento?

Trigo HB4: ¿No todos los caminos conducen a Roma?