Bahía Blanca | Lunes, 15 de abril

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Carne vacuna exclusiva: más barata no se consigue

Un kilo de asado cuesta menos de $ 1.500. Son 6 alfajores triple. O el costo de algo más de 400 gramos de helado.

Cartelería alusiva en la ciudad, en una imagen de esta semana. Foto: Pablo Presti-La Nueva.

No se recuerda, en tiempos contemporáneos, un precio tan deprimido para la carne vacuna en góndola. Esto es así aún considerando —paradójicamente, o no— el cada vez menor poder adquisitivo de los argentinos.

En un mercado donde todo se ajusta por inflación, en el mejor de los casos, porque no pocas correcciones están por encima, el dato más claro se aporta al comparar la inflación de los últimos doce meses (115 %) con el incremento del precio de la carne: 69 %.

Para el mismo segmento (desde junio de 2022), el incremento del precio del ganado en pie en el mercado de comercialización de Cañuelas fue del 48,1 %.

Caído definitivamente aquel mito —eslogan o frase hecha— que indicaba que la carne era cara, no parece suceder semejante denominación común para otros insumos que sí han seguido la secuencia inflacionaria.

Veamos.

Obviando el extremo del kilo de asado a 999 pesos, esta semana en nuestra ciudad puede comprarse el mismo corte a $ 1.490 o un poco más caro si se trata de exportación a $ 1.535. En otros sitios, más alejados del casco céntrico, se ha apreciado alguna diferencia superior: $ 1.590/$ 1.690.

En el caso de otras preferencias, la paleta o la pulpa se vende a 1.890 pesos por kilo, y un corte especial como el matambre ya trepa a los $ 1.990.

Comparemos.

En la misma plaza bahiense, un kilo de helado varía entre los 2.600 y los 4.500 pesos y una docena de empanadas fluctúa entre los $ 3.800 y los $ 5.200.

Una pizza (lista para consumir) va desde los 3.000 hasta los 4.000 pesos, según los numerosos gustos y especialidades; un alfajor triple cuesta $ 250 pesos y un reconocido chocolate con leche relleno con pasta de maní (el que se envuelve como caramelo) vale 100 pesos.

Interpretemos.

Con los 1.500 pesos (promedio) del kilo de asado —imposible citar una referencia más icónica para la mesa del domingo de los argentinos y de las argentinas, más allá de las pastas— se pueden comprar 4 o 5 empanadas y entre 400 gramos y medio kilo de helado.

También 3 o 4 porciones de pizza (del mismo gusto); 6 alfajores triple y hasta 15 chocolates, que podrían ser 18 o 20 en caso de encontrarse alguna oferta de 3x2 o semejantes.

Desde el punto de vista del consumidor no deja de ser una buena noticia —en este contexto socioeconómico— disponer de carne vacuna a precio de remate.

Otro tanto sucede desde el punto de vista gubernamental a la hora de la publicación del Indice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec, habida cuenta de la incidencia de la carne en el rubro alimentos.

Proyectemos.

El prólogo viene a cuento para intentar explicar por qué la carne está en los valores que vemos a diario en los supermercados y en las carnicerías.

La sobre (súper e histórica) oferta de animales enviados a faena como consecuencia de la falta de pasto por las tres sequías consecutivas, que parece prolongarse al menos un mes más, actúa como limitante para una eventual actualización de precio.

La pregunta del millón es cuándo sucederá eso (porque ocurrirá). En tal sentido, la mayoría de los ganaderos, quienes siguen pagando los insumos para producir al ritmo inflacionario pero comercializan en otro contexto (y los que exportan lo hacen en un mercado cambiario complejo y dejando renta en los derechos de exportación), coinciden (ruegan) en que la cuestión no pasa de la primavera (también que no debiera pasar de la primavera).

Semejante liquidación en un mercado retrasado y con escasa oferta de terneros a futuro tendrá sus consecuencias. Esta es, en realidad, la noticia para dar: más temprano que tarde, el precio de la carne vacuna para el bolsillo del consumidor se corregirá y, como siempre sucede, no será de forma gradual. Y, ahí sí entonces, alguien desempolvará el consabido mito sobre el precio.

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