Bahía Blanca | Lunes, 15 de abril

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Los números del trigo: ¿habrá pan bajo el brazo?

Aparecen factores que aportan optimismo en medio de momentos de decisión. Pero siempre se vuelve al punto de partida: si el clima lo permite.

Cosecha de trigo en el sudoeste bonaerense. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

Más allá del deseo de los productores (que hoy impera frente a la intención) para embarcarse en otra campaña triguera tras el golpazo de una última sequía que devastó sus cosechas (y ahorros), aparecen algunos parámetros que, en medio de una incertidumbre pocas veces vista (si para el campo aún hay cuestiones que no se hayan develado), prometen el regreso del cultivo icónico del sudoeste bonaerense.

Más allá de que la mayoría de los ítems están relacionados, hay uno que presiona y domina la escena: el productor necesita sembrar porque es la única oportunidad para iniciar la recuperación (léase liquidez o flujo de caja). El tema es: ¿a qué costo?

Son varias las evaluaciones a tener en cuenta. Veamos.

Desde el punto de vista de las finanzas, como el momento de decisión de siembra es poco menos que ahora (más allá de las variedades de ciclo corto que se prolongan a la espera de eventuales lluvias), el productor está evaluando cómo salir de una deuda cargada para tomar una nueva.

Las gestiones a nivel gubernamental por créditos a una tasa subsidiada para comenzar con los trabajos, u otras medidas en consonancia, se suceden por estos días. En tal sentido, quienes están en poder de decisión no dejan de reconocer que, sin un apoyo de este tipo, la campaña sumará un fracaso semejante —en calidad y cantidad— al de la campaña 2022/23 (aunque se caiga el cielo con agua).

Desde el punto de vista climático las expectativas, al menos para la región cercana al puerto de Bahía Blanca, son interesantes si se comparan varios modelos predictivos de dominio público.

Hay coincidencias en el pasaje a un estado de condición Neutral (generalmente, lluvias que responden a los promedios históricos) para mediados de año, que podría extenderse hacia el último cuatrimestre del corriente año, aunque sólo en determinadas regiones. Pero las dudas respecto de la denominada zona Núcleo no son pocas; al menos, hasta lo anunciado esta semana.

Como sea, la inversión a cielo abierto más importante del país deberá correr esos riesgos. ¿Suma incertidumbre? Todo lo rodea; es una variable que sujeta al productor porque no sólo se refiere a una lluvia más o a una lluvia menos. Lo excede.

En lo económico aparecen factores que pueden inducir en función de la producción triguera y por los cuales la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, por ejemplo, entiende que podría incrementarse el área sembrada para 2023/24. Algunas conclusiones ya pueden interpretarse.

El cultivo presenta una mejor evolución en cuanto al precio en comparación con la cebada. Por ejemplo, en la última semana de abril en el puerto de Ingeniero White el trigo creció el 4 % y la cebada, en Quequén, cayó el 11 %.

Por otro lado, los costos de implantación para un mejor desarrollo han tenido una baja en los valores a nivel nacional (también internacional).

De acuerdo con la Bolsa porteña, los fertilizantes cayeron el 44 % respecto del mismo segmento de 2021, con un desglose de —56 % en la urea y con —35 % en fosfato diamónico. ¿Los herbicidas? Respecto de abril de 2021, bajaron un 6 %.

Siguiendo la misma secuencia, se considera que la relación insumo producto mejoró un 21 % y así asoma como una de las mejores respecto de las últimas campañas.

Un detalle: el Gobierno nacional aún no resolvió que hará con la resolución 5339/2023 de la AFIP del último 28 de marzo, cuando impuso más costos impositivos para la importación de insumos varios, entre ellos fertilizantes y fitosanitarios. Es decir, la ecuación anterior podría modificarse (en perjuicio para quien produce, claro).

Por el lado de la disponibilidad de semillas se ha asegurado que hay stock en plaza. Pero la duda está en el poder germinativo en razón de la sequía de la campaña previa. ¿Pronóstico? Imposible de determinar por el momento, más allá de las (buenas) recomendaciones de los laboratorios especializados que analizaron diversas calidades. En el peor de los casos, se deberá realizar una resiembra (con los costos y las logísticas presumibles).

En el mercado doméstico, el valor del trigo futuro a diciembre del corriente año Matba-Rofex promedia los 247 dólares por tonelada. Esto es un 22 % (+ U$S 45) por encima del promedio de las últimas cinco campañas.

¿Faltará trigo en el país? De ninguna manera. Para la campaña 2023/24 —según consignó la misma Bolsa de Cereales y publicó este medio la última semana— se aguarda una superficie sembrada de 6,7 millones de hectáreas. Esto es, una expansión de un 4,7 % desde 2020/2021: 6,4 M/H.

Bonus track (o paren las rotativas): estamos transitando un año electoral tras una sequía que dejó menos de 20.000 millones de dólares para el fisco, con todo lo que ello insume respecto de decisiones, incentivos, normativas comerciales y demás. En función de la generación de certidumbres, no parece el escenario más adecuado para el productor triguero. Pero sólo se trata de la foto de hoy.

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