La ciudad que pudo ser: proyectos que quedaron en el papel
Fueron ideas, proyectos ó propuestas que quedaron en eso, como parte de una ciudad también deseada.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
«Somos de la misma materia de la que están hechos los sueños». La tempestad, Shakespeare
Una ciudad se construye a partir de las obras que se materializan, pero también de las que se piensan, de propuestas y proyectos que por distintas circunstancias quedaron en el papel.
Son edificios que también reflejan un momento, una posibilidad, un deseo, una ambición, un pensamiento. Y si la arquitectura es la historia escrita en piedra –producto de una sociedad, de un momento social, político y económico—los proyectos jamás realizados son parte de un sueño, ese material del que también estamos hechos.
La catedral y la esquina
En septiembre de 1916 se colocó la piedra fundamental de la ampliación del templo Nuestra Señora de la Merced, en Sarmiento 65.
Aquel año, la Catedral había comenzado su transformación con la construcción de las dos naves laterales, ampliación que se completó con el proyecto integral elaborado por el arquitecto Guido Buffalini.
La obra se planteó utilizando el terreno de esquina, el cual permitía la aparición de un transepto, una nave perpendicular a la principal, de modo de generar una planta en cruz latina, tan preciada por la Iglesia por su simbolismo.
Otro agregado impactante sería la construcción de una gran cúpula ovalada (rasgo típico del barroco), elevada sobre un tambor con ventanas, elemento que en las iglesias simboliza el cielo, el lugar donde habita Dios.
El proyecto jamás se concretó y en la década del 60 el terreno lindero --que acogería la ampliación-- fue destinado a un edificio de 15 pisos, en una inconveniente intervención por su afectación patrimonial.
El primer intento de los italianos
En 1921 la Sociedad Italia Unita aprobó por unanimidad los planos de su nueva sede social en la esquina de Mitre y Rodríguez presentados por el arquitecto Guido Buffalini. La comisión integrada por Luis Godio, Antonio Gerardi, Carlos Vitalini y Andrés Lista gestionó un préstamo del Banco Hipotecario para este edificio de tres plantas, con una cúpula en esquina, aires renacentistas y una sala teatral. Habría ambientes destinados a secretaria, salón de sesiones, aulas, salón de juegos, buffet, despensa y camarines.
Tampoco esta propuesta de Buffalini logró la luz, aunque la entidad convocó en 1928 a un nuevo concurso de proyectos que eligió la propuesta del ingeniero Adalberto Pagano. Ese inmueble sigue de pie y en 1951 fue expropiado por la provincia y cedido a la Confederación General del Trabajo.
Una belleza española
En 1923 el club Español organizó un concurso de proyectos para construir una fastuosa sede en la esquina de Buenos Aires (actual Hipólito Yrigoyen) y San Martín, terreno de su propiedad.
Entre los varios trabajos presentados fue elegido el de Pedro Cabré Salvat y Herminio Manfrin, un edificio de planta baja y tres pisos, con una torre-faro sobre una de sus fachadas. Hasta este punto llegó la iniciativa. La esquina fue luego ocupada por una estación de servicio y desde hace algunos años por un grupo de locales comerciales.
El monumento en la finca de Bordeu
En 1928 Bahía Blanca celebró el centenario de su fundación y las colectividades sumaron sus regalos festejos. Los ingleses donaron una fuente en la plaza Rivadavia, los italianos el monumento a Garibaldi en la plazoleta del teatro Municipal, los libaneses un pilar reloj en el parque de Mayo, los israelitas un monumento al barón Mauricio Hirsch en la plaza Rivadavia.
En medio de esa oleada no podían faltar los españoles, atento, se dijo, “a su tradición histórica y su importancia social”. Fue así que la comisión de festejos que presidía el vecino Adelino Gutiérrez anunció la construcción de un monumento diseñado por José Francisco Urbici Soler, nativo de Lérida, quien había llegado a nuestro país en 1923, invitado por el arquitecto Jorge Bunge para colaborar en la ornamentación de edificios públicos en Buenos Aires.
El monumento propuesto era fastuoso, coronado por la escultura de una mujer rompiendo cadenas, las figuras de Don Quijote y Sancho Panza, una fuente ornamental y su pedestal revestido en mármol.
Lo particular de la obra era su emplazamiento. Gutiérrez había conseguido el visto bueno de Petrona Heguilor, viuda de Teófilo Bordeu, para ubicarla en la esquina de avenida Alem y Paraguay, conocida como la finca de Bordeu, donde funcionara la Sociedad rural y la fábrica de manteca La Maternal.
En abril de 1929 en un acto con palco incluido, con la presencia del gobernador Valentín Vergara y la banda del Regimiento, se colocó la piedra fundamental y una caja conteniendo un diario de época y un pergamino firmado. La obra jamás se llevó a cabo. En 2010, mientras se hacían tareas de excavación, fue hallada aquella caja y su contenido llevado al Museo histórico.
Las torres del mercado
Cuando en 1966 se anunció la demolición del mercado de abasto, que ocupaba la manzana delimitada por Donado y O’Higgins, entre Arribeños y Olivieri, se planteó reemplazarlo por un nuevo edificio ocupando la mitad del terreno, con lo cual se abrió un interesante abanico de usos para la otra mitad, con un frente de 30 metros sobre calle O’Higgins.
El primero en salir a escena con una propuesta fue la firma Taberner Inmobiliaria, que había terminado de construir los edificios Taberner (Brown y O’Higgins) y Pizá Roca (Drago y avenida Colón) y propuso ocupar todo el espacio. Sobre Donado planteó un edificio de 16 mil m2, con una estación de servicio en la planta baja y cuatro pisos para cocheras.
Sobre O’Higgins una torre con un mercado modelo en la planta baja y el resto –unos 15 pisos-- para departamentos. La propuesta no prosperó pero la idea quedó flotando.
En 1970 –con el nuevo mercado municipal ya construido-- la municipalidad, intendencia de Gustavo Perramon Pearson, presentó su idea de urbanización del espacio que hoy ocupa la plaza Ricardo Lavalle: un complejo de “modernas líneas”, con un edificio de seis pisos sobre O’Higgins, de locales y cocheras, y detrás –plaza seca por medio— dos torres de 70 metros cada una.
No fue ni lo uno, ni lo otro. Luego de idas y venidas en 1977 comenzó la construcción de la bautizada Plaza del Sol, inaugurada en diciembre de 1978 como parte de los festejos por el sesquicentenario de la ciudad.
La vieja estación de chapa
En 1891 quedó inaugurado el Ferrocarril Bahía Blanca al Noroeste, que levantó su modesta estación en Sixto Laspiur al 400, una elemental estructura de madera y revestimiento de chapa.
Cuando en 1905 la empresa fue adquirida por el Buenos Aires al Pacífico, anticipó su voluntad de construir un nuevo edificio, acorde al potencial de la ciudad. Hubo un primer proyecto en 1906, organizado en planta baja, de 70 metros de frente y estilo renacimiento, y uno más ambicioso en 1908, un edificio ecléctico, organizado en subsuelo, planta baja y dos pisos superiores.
En 1909 comenzó el movimiento de suelos, utilizando la tierra en la construcción de las explanadas del puente sobre las vías en la avenida Colón.
La obra no pasó de esa tarea. En 2022 un incendio obligó a la completa demolición de aquella precaria, modesta y jamás reemplazada construcción.