Bahía Blanca | Sabado, 20 de abril

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CampoLimpio: algo más que una economía circular que funciona

La Asociación Civil superó los 10 millones de kilos de envases vacíos de fitosanitarios recolectados (desde 2019). Las claves de una mayor conciencia ambiental.

Para un país productor de alimentos que supera las 40 millones de hectáreas productivas sembradas (Ref: todo el territorio de la provincia de Buenos Aires se despliega en 30,7 M/H), el cumplimiento del ciclo completo con sostenibilidad y sustentabilidad incluye también la etapa posterior a las aplicaciones de fitosanitarios y agroquímicos.

En base a los preceptos de la ley nacional 27.279 —del 14 de septiembre de 2016— se establecieron los presupuestos mínimos de protección ambiental para la gestión de los envases vacíos que, en razón de la toxicidad del producto que contuvieron, requieren de una gestión diferenciada y condicionada.

El (desafiante) objetivo primordial es, según se especificó en los considerandos, garantizar que la gestión de los envases no afecte la salud de las personas ni el ambiente, asegurar que los usos del material recuperado no impliquen riesgos para la salud ni el ambiente y, además, establecer y definir etapas y eslabones de la gestión de envases.

Del mismo modo, la ley estableció un sistema de gestión integral de envases vacíos de fitosanitarios; responsabilidades y prohibiciones; clases de envases; lineamientos y etapas del sistema y, especialmente, trazabilidad.

En el territorio bonaerense, la entidad de contralor de estas actividades es el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS).

¿Prohibiciones? Claramente: la alusión es al abandono, vertido, quema o enterramiento de envases vacíos, así como la comercialización y entrega de envases a personas físicas o jurídicas por fuera del sistema autorizado. También se inhabilitó el uso del material recuperado para elaborar cualquier tipo de productos que, por su utilización o naturaleza, puedan implicar riesgos para la salud humana o animal, o tener efectos negativos sobre el ambiente.

Justamente, aquí es donde aparece la Asociación Civil CampoLimpio, que motoriza la articulación entre todos los actores de la cadena a lo largo del ciclo de vida del producto fitosanitario y, demás, diseña, gestiona e implementa distintas acciones para generar conciencia y brindar información necesaria para una gestión responsable.

No trabajan solos: son 111 las compañías vinculadas con el sector que están adheridas al sistema que, en realidad, representan más del 90 % de los envases que se emplean en las distintas etapas de la producción agropecuaria y que son parte, principalmente, de la Cámara de Sanidad y Fertilizantes (Casafe) y de la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (Ciafa).

El sistema también contempla el desarrollo de Centros de Almacenamiento Transitorios (CAT; a este noviembre ya son 73 los sitios ubicados en lugares estratégicos); la implementación de una logística integral; las recepciones itinerantes, la capacitación y concientización de los involucrados en el reciclado, la recuperación, la reutilización y la revalorización, siempre a partir del fomento de la economía circular.

Desde el comienzo de CampoLimpio, en 2019, a este septiembre ya se han recolectado 10.329.395 kilos de plástico.

Pero el dato relevante es el incremento del último año, lo que ratifica el impulso por una apuesta hacia la sustentabilidad de parte, también, de los propios productores.

Veamos. De diciembre del año 2019 al mismo mes de 2022 se recuperaron 7.167.648 kilogramos, pero sólo en el período enero-octubre del corriente año se llegó a 3.161.747 kilos. Y a 335.040 kilos sólo en este octubre.

Más allá de las cifras, la etapa siguiente relacionada con la economía circular resulta más interesante.

En tres plantas de Buenos Aires, como la primera provincia en acción, se está realizando la primera producción —en serie— de bidones de productos fitosanitarios elaborados con material proveniente del reciclado de otros envases.

De este modo, ya está operativa la venta —por parte de la industria del plástico— de recipientes de polietileno de alta densidad fabricados con tecnología tricapa y elaborados, en un 35 %, con plástico provistos por el sistema.

Desde CampoLimpio se especificó que cada envase puede contener hasta un 35 % de plástico recuperado. Y aquí aparece otro punto rescatable para cerrar el círculo: por la utilización de este plástico se logra una reducción de las emisiones de CO2 de alrededor del 33 % versus la producción de envases monocapa tradicionales de un único uso.

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