Nicolás Onorato

De aquel 5 que jugaba en Tiro Federal, a este piloto de Midget y árbitro de básquetbol

25/9/2021 | 06:30 |

La carga horaria de la Escuela Técnica, a los 16 años lo obligó a tomar una decisión. Ya tiene 24. ¡Ah! Y volvió al fútbol.

El Colegio de Árbitros presente en el Midget de Nicolás. Fotos: Pablo Presti y gentileza Nicolás Onorato.

 

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Nota publicada en la edición impresa)
 

   El futbolista de Tiro Federal, curiosamente, disfrutaba mirando el básquetbol de El Nacional (donde habían jugado su abuelo Norberto Benot y su tío Fernando), El Nacional Monte Hermoso o Monte Hermoso Basket, ya en la ciudad balnearia, donde vive su abuelo.

   También, Nicolás tenía como favorito el básquet en la playstation. Mientras que los viernes era día de Midget. Siempre desde la tribuna, en este caso, alentando a Mariano Pérez, el caballero rojo.

   Llegó un momento en que la carga horaria que le insumía la Escuela Técnica y su discreto nivel como 5 del aurivioleta lo hicieron reflexionar: “Ya jugué 10 años al fútbol, puedo ir un solo día a entrenar y sé que a futuro no voy a dedicarme”.

   Una decisión adulta, con solo 16 años. Tenía mucho por delante.

   La primera alternativa fue comprar un Micromidget, aunque se quedó con las ganas de correrlo porque se había completado el cupo de inscriptos.

   “Me quedó la espina. Siempre dije que cuando fuera grande quería correr en Midget”, recuerda.

   Buscó opciones para continuar vinculado al deporte.

   “Primero averigüé para hacer el curso de árbitro de fútbol, pero no me daba por la edad. Y por medio de un compañero de la escuela, que era árbitro de básquet (Emanuel Neyra) entré en el Colegio”, repasa.

   Está claro que para él, tener vínculo con el deporte lo llevó a no discriminar ninguna opción.

Con el equipo de Luz y Fuerza.

 

   Así, hoy con 24 años, ya lleva siete y medio arbitrando básquetbol local, es juez provincial, pintó el 110 en el Midget, y los sábados despunta el vicio como futbolista (de Luz y Fuerza) en la Liga Comercial. A todo esto, le suma el trabajo, desde hace cuatro años, en una empresa de Energía. Completo el muchacho.

***

   —Sin haber jugado al básquet, me imagino que se te habrá complicado todo. Es extraño tu caso.

   —La verdad que es raro, no sé por qué me metí en el arbitraje y no en un curso de entrenador o preparador físico, porque, encima, mi Viejo (Daniel Onorato) es técnico de fútbol (actualmente en Social Ascasubi). Y sí, los primeros partidos me costaba entender el juego, porque de afuera se ve totalmente distinto. Es más, ahora para iniciar el curso uno de los requisitos es haber jugado al básquet.

   —¿Notabas diferencias con los árbitros que habían jugado?

   —Sí. Al principio, cuando íbamos a las charlas técnicas veía que otros interpretaban cosas que yo no.

   —¿Qué te sedujo del básquet?

   —Creo que si hubiera tenido 20 centímetros más hubiese jugado, porque de chiquito lo miraba. 

   —¿Qué fuiste descubriendo?

   —Me ayudó para la vida.

   —¿En qué sentido?

   —Me ayudó a manejar la tranquilidad, la puntualidad, las relaciones... Yo soy una persona muy tímida, me costaba mucho relacionarme y llegó un momento que tenía que hacerlo con los entrenadores y jugadores.

   —Es decir, tu personalidad tampoco te favorecía para el arbitraje.

   —No, al principio la pasé muy mal. Me pasaba que, por ser tímido, me enojaba y lo demostraba, lo cual es peor. 

   —¿Te fuiste liberando de esa timidez?

   —Fue pasando el tiempo y me solté más, aunque sigo siendo muy tímido.

   —¿Se te cruzó la intención de querer dejar?

   —Sí, muchas veces. Cuando arranqué. También en 2019, ahí me planté, no quería dirigir más, estaba saturado de partidos porque dirigía de lunes a lunes. Estaba cansado y no disfrutaba de ir a dirigir. Después llegó la pandemia...

   —¿Qué te hizo cambiar de opinión?

   —Tomarme las cosas de otra manera. Decidí no viajar más por provincia. Mi meta es disfrutar el torneo local y consolidarme dirigiendo Primera y Segunda.

   —Es decir, no ponés todas las fichas al arbitraje.

   —No, lo hago como un hobbie, aunque con la responsabilidad que merece. Es más, me presiono bastante y soy muy perfeccionista. Cuando un partido sale mal me voy recaliente a mi casa y no se me pasa enseguida.

   —Lo bueno que con tu novia (Ludmila Munz, quien también arbitra) podés hablar el mismo idioma, je. 

   —Sí, je. Y cuando le pasa a ella le digo “bueno, ya pasó”, je. Lo que más queremos los árbitros es pasar desapercibidos.

Nico junto a Ludmila, compañera dentro y fuera de la cancha. Nicolás Larrasolo, el otro con quien va creciendo a la par.

 

   —¿Te afecta la agresión verbal?

   —Al principio me incomodaba, pero ya me acostumbré, no escucho lo que me digan.

   —¿Es más fácil dirigir mayores o menores?

   —Cuando empecé a dirigir mayores, me di cuenta que en menores podía llevar el juego de otra manera. Muchas veces un partido de juveniles es más difícil que alguno de Primera o Segunda.

Terminó el partido

   El tablero marca 00:00, es el final del partido. El árbitro deja la cancha y cambia el escenario. El ronquido del Midget contrasta con el fino sonido del silbato. Nada tiene que ver con nada. O sí. La pasión. 

   El piloto se pone el buzo antiflama, el casco, las botitas y sale a pista. Ahora sí Nicolás quiere ser protagonista.

   Aumentan las pulsaciones, pierde la calma que necesariamente debía mantener mientras arbitraba. Está sobre la línea de largada, como aquella primera vez, inolvidable, cuando soltó el embrague antes que el resto.

   —¿Qué recordás?

   —Que me adelanté, je.

   —¿Por ansiedad?

   —Sí, por ansiedad. Me fui a última fila. Y dije: “Qué boludo que soy...”, je.

   Su trayectoria es corta en esta tradicional categoría, sumando cinco fechas, dos clasificatorias y tres del torneo Invernal.

   Su primer chasis se lo compró a Franco Tomaselli, confiando ahora en Gonzalo Prozorovich como chasista, y Horacio y Emi Braghero, como motoristas. Con ese equipo estrenará auto en la última fecha del Invernal, que será de noche, con todas las luces, el 8 de octubre.

   “Al principio no estaba muy convencido de empezar a correr, por un tema económico. Sin mi familia, amigos y las publicidades –aclara- no podría hacerlo. Ellos me dieron un poco de rosca y arranqué”.

   —¿Cómo fue la primera vez que te subiste?

   —Durante la pandemia fui a una pista chiquita que hay atrás del Ateneo Don Bosco. Cuando me subí pensé: “Qué carajo hago acá arriba, estoy loco”, je.

   —Y eso que no tenías los límites del paredón ni público que te observara.

   —No, nada, je. Pero al día siguiente de bajarme quería ir otra vez. 

   —¿Cuál fue tu mejor fecha?

   —La segunda clasificatoria, porque entré en la final.

   —¿La personalidad que fuiste adquiriendo con el arbitraje te sirvió de algo al momento de salir a pista?

   —Sí. Porque me subo confiado. Antes dudaba mucho de todo.

   —Imaginemos el auto listo para largar, esperando que se encienda el semáforo verde y una última jugada en la cancha, donde se define un partido. ¿Es comparable la adrenalina?

   —Sí y no. En la pista estás eufórico, en cambio, en la cancha hay que estar más tranquilo y concentrado.

   —En el Midget serías el jugador, con los rivales acelerando al lado y el comisario deportivo como árbitro.

   —Claro, exactamente, je.

   —¿En qué momento de la carrera y lugar de la pista se disfruta más?

   —Hasta ahora, lo que más adrenalina me generó fue tener un auto cerca para pasar y, también, cuando recorrés la última vuelta.

   —Si te dan a elegir, entre dirigir una final por el ascenso o correr una fecha del Estival, ¿qué hacés?

   —En una instancia así elijo dirigir la final del ascenso.

   —¿A futuro te vez dirigiendo, corriendo o manteniendo las dos actividades?

   —La idea es seguir con ambas.

   —¿Te han reconocido como árbitro en la pista o como piloto en la cancha?

   —¡Sí!. Lo primero que me preguntan en una cancha es: “¿Qué hacés corriendo en Midget?. Estás loco la plata que gastas”, je. Y en la pista me dicen: “¿Sos árbitro de básquet...? ¡Estás loco!”, je.

   —En ambos casos coinciden en la locura, je. ¿Tu economía gira mucho alrededor del Midget?

   —Hoy en día, como no se corrió, los gastos fueron por mi cuenta. Después, necesitás que te den una mano, de lo contrario se hace muy complicado.

   —¿Un sueño real e inmediato como piloto?

   —Poder correr las 18 fechas.

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   —¿Y en el básquet?

   —Terminar de consolidarme en mayores y poder dirigir finales.

   Nicolás reparte su tiempo entre el arbitraje y el Midget. Por ahora va despacio, está empezando la carrera en la pista, mientras se anima a acelerar un poco más en la cancha, con el silbato, derrumbando la barrera de la timidez, disfrutando de cada momento, hasta que le bajen la bandera a cuadros o suene la bocina indicando el final del partido.

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