Liga Nacional

Claro y sin vueltas: "Siempre aporté mi tiro y mi caradurez", admitió Federico Elías

3/1/2021 | 06:30 |

El tirador y su personalidad -“uno juega como vive” -define-. Sus convicciones -“no oculto nada y voy de frente”-. La dieta alimenticia -“como solo dos veces al día”-. El día a día junto a Pepe Sánchez -“somos duros entre nosotros y él también”-. Con 21 años, es uno de los líderes de Bahía Basket.
 

Fotos: Jano Rueda, archivo-La Nueva y Laligacontenidos

 

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Ampliación de la nota publicada en la edición impresa)

 

   Pasó de la frustración de un 0-11 en triples en cancha de Pacífico a clavar, con diferencia de una semana, 49 en Olimpo.

   Federico Elías era, entonces, el tirador que asomaba. 

   “Fue mi mejor partido de menores. Año 2016. Perdimos por 3, con un rebote al final del Ruso Bettiga”, detalla con precisión.

   Tenía 16 años y estaba en el radar de Bahía Basket.

Sepo Ginóbili lo manda a la cancha. Polla lo alienta.

 

   “Ahí me vio Mauro Polla y le comentó a Pepe (Sánchez) que había visto un jugador de Napostá con buen tirito, je”, recuerda.

   Gastón, su papá, lo llevó a Argentino cuando tenía apenas 4 años, confiando en su amigo Andrés Iannamico, que dirigía ahí.

   El básquet para Fede comenzó siendo una actividad más, de hecho, paralelamente, en diferentes momentos practicó fútbol, natación, tenis y destreza, hasta que descubrió cuál era su deporte favorito.

   -¿Qué te dejaron los 10 años en Argentino y por qué te fuiste?

   -Me dejaron muchos amigos, enseñanzas, recuerdos y tiempo recreativo hasta los 12 años. La pasé muy bien. Me fui porque los últimos tres años tuve como entrenador a Martín Macaya, quien siempre me dio muchísima confianza en la cancha, me dejó equivocarme un montón y decidí seguirlo cuando se fue a Napostá. Mi último año en Argentino, con otro técnico, no jugué tanto y yo quería jugar.

   -¡Pero eras Infantil!

   -Claro, pero no estaba jugando tanto como yo esperaba.

   -¿Qué tenías para dar en ese momento y entender que no te daban la oportunidad que considerabas merecer?

   -Creo que al ser siempre caradura por tomar mucha cantidad de tiros o apresurados, los partidos que al técnico no le gustaba jugaba muy poco y no tenía segundas chances. Yo siempre aporté mi tiro y mi caradurez. 

   -¿Esa caradurez define tu personalidad?

   -Uno juega como vive. Uno toma las mismas decisiones en la cancha que afuera. Y eso lo llevo conmigo.

   -¿En qué te beneficia y en qué perjudica esta característica?

   -Me beneficia en ser claro con las cosas que hago y natural con la gente que me rodea. Será por eso que me llevo tan bien con mis seres más queridos, desde familiares hasta amigos; construyo relaciones excelentes, soy natural, no oculto nada y voy de frente. Los problemas que tengo los resuelvo hablando; prefiero decir todo, por más que alguno se moleste.

   -¿Esa frontalidad se puede confundir con soberbia?

   -No, lejos. Si pienso algo trato de decirlo de la mejor forma.

   -Por cómo te definís, se puede decir que el tirador que sos se construyó a partir de tu personalidad.

   -Sí, totalmente. Y el perfil de tirador lo terminé de definir en el momento que pasé a Bahía Basket. Hasta ahí era un base, ayuda base y tirador. Como no tenía una posición definida, lo único que hacía era tirarlas todas. No importaba cómo.

   -Eras bien egoísta.

   -No sé si egoísta, pero en divisiones menores, donde se busca que todos toquen la pelota y se queden contentos, a veces jugar a mi lado no era lo más divertido.

   -¿Pasaste malos momentos con compañeros y hasta con algún padre que te haya reclamado por tirar tanto?

   -Sí, más que nada con jugadores; no voy a dar nombres, pero con algunos no me llevaba de la mejor manera en divisiones menores.

   -Digamos que tampoco podían construir mucho a tu alrededor.

   -No y tampoco tenían que hacerlo; cada uno construye lo que le toca y durante los minutos que está en cancha. Y eso es lo que buscaba, poder mostrarme, hacer ver cómo jugaba y quién era.

Los primeros atrevimientos en la LDD.

 

   -¿Tomaste con naturalidad la convocatoria de Bahía Basket?

   -Cuando me llamó Mauro Polla para ir a probarme yo estaba a tres días de irme de viaje a Brasil con mi familia. Me preguntó si tenía que hacer algo, le dije que estaba planificado un viaje, pero que me quedaba a entrenar. Y pese a que me insistió para que no lo postergara, me quedé en la casa de mis tíos y estuve entrenando una semana en el Poli. De a poco me fui sumando al equipo de Liga de Desarrollo y una semana antes del inicio me confirmaron en el equipo y que podía llegar a quedarme muchos años. Sabía que era una oportunidad única para mostrarme y poder entrar al mundo profesional.

   -Seguramente tu interés también fue valorado.

   -Creo que eso sumó, además de las ganas que le puse y le sigo poniendo a los entrenamientos.

   -¿Las ganas y actitud no pueden faltar, sabiendo que si te relajás quedás afuera?

   -En el profesionalismo, cuando te relajás te comen, te pasan por arriba, te sacan el puesto y los minutos. Es por lo que todos peleamos. Uno muestra en los entrenamientos que está listo para cuando llegue el partido. Esto es muy rápido y el deporte profesional no te da tiempo.

   -¿Seguís contando los puntos durante el partido o era cosa de novato?

   -¡Nooo! Je, los sigo contando. Es natural.

   -¿Con Quimsa contaste los 31 o te perdiste?

   -No fueron 31 como figura en la planilla, sino 33.

   -¿Cómo?

   -Claro. Cuando vi la planilla en el entretiempo, le dije a la chica de la mesa: “che, te faltaron dos libres”.

   -Naaa, je. ¿En serio?

   -Sí, je.

   -¿No te desconcentra?

   -No, para nada, al contrario. Si estás en una buena noche te motiva.

   -¿Y cuando la racha es negativa?

   -Me hace pensar más y cuántos tengo que meter para llegar a determinado porcentaje.

   -¿Te fijás un promedio de lanzamientos por partido?

   -No. Todos los partidos son distintos, todas las defensas son diferentes y los rivales, ahora que saben que con Caio estamos llevando el equipo adelante desde los puntos, nos plantean situaciones diferentes en defensa.

   -¿Esta exigencia significa madurar y crecer a partir de buscar alternativas para definir?

   -Totalmente, cien por ciento. Este año sumé recursos, no me quedé únicamente con el tiro de tres puntos; estoy penetrando mucho mejor, me puse más fuerte para el rebote y me siento mucho más seguro al momento de tomar decisiones.

   -Estás utilizando mucho el físico también para posicionarte, sacarte defensas de encima...

   -Sí. Cambié la dieta a mitad de la temporada pasada y empecé a saltar más, a sentirme más fuerte y a correr más. Eso, sumado a horas de gimnasio en cuarentena, me terminó de moldear el cuerpo.

   -¿Qué modificaste de la dieta?

   -Toda. De cuatro comidas al día pasé a almorzar y cenar únicamente. Mucha cantidad de pescado y verdura en las dos comidas. Y durante el desayuno y merienda sólo infusiones: mate, café o té.

   -¿Notaste algún efecto inmediato?

   -Sí. Lo primero que me cambió fue el hábito de la siesta. Antes necesitaba dormir una hora y media. Y al mes de empezar la dieta me acostaba por costumbre, pero no me podía dormir. No tenía sueño. En cuanto a lo energético fue el primer cambio.

   -¿Sos ansioso?

   -Sí, soy un poco ansioso. Los días de partido quiero que la pelota vaya al aire. Pero es todo parte del proceso para llegar bien al partido. Aunque cada vez lo tomo con más tranquilidad. Y más ahora, que tenemos dos días para recuperarnos y volver a jugar otros dos.

   -¿Hay algo que te inhiba al momento de tirar?

   -No, para nada. Y ahora que no hay gente en la cancha, al contrario, siento más libertades.

   -¿Cómo es jugar sin público?

   -Al principio fue medio raro, tanto el no tener el aliento de local como la falta de las puteadas de visitante. No sé si es mejor o peor, sí raro. Hubo que acostumbrarse al silencio, más en Obras, que está ambientado para recitales. Se escucha todo.

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   -¿Cómo te afecta errar o meter una, dos o tres pelotas seguidas?

   -Este año errar ya no me afecta. Cambio rápidamente la cabeza y entiendo que habrá más oportunidades, tirando muchas pelotas más a partir de la que erré. No pasa nada. Antes me frustraba un poco más. Ahora puedo errar cinco seguidas y meter las siguientes tres.

   -¿Eso se emparenta con la idea de Bahía Basket de no frustrarse y seguir para adelante o porque lo trabajaste individualmente?

   -Las dos cosas. Esta temporada logré cambiar la cabeza en eso y enfocarme siempre en la siguiente jugada, porque sé que voy a ser un jugador con mucha responsabilidad y muchos tiros y si me frustro voy a estar en problemas yo, además de dejar en banda al equipo. Sumado a eso, en Bahía siempre te alientan para ir hacia adelante y, también, hay un montón de posesiones. 

   -¿Bahía Basket está más metido en ataque que en defensa?

   -Tuvimos muchos déficit en defensa; algunos partidos desde las ganas y otros por errores técnicos. Nos atacaron y nos metieron muchos puntos fáciles. Dejamos varias puertas abiertas.

   -¿Y se suma la desventaja de talla y kilos cuando les plantan algún grande cerca del cesto?

   -A veces no pudimos suplir los kilos con velocidad, rotaciones y energía. Es lo que buscamos. Es un tema que debemos modificar, porque nos meten muy fácil abajo del aro.

   -¿Cómo sobrellevan las derrotas?

   -Todos sabemos en la posición que estamos, miramos la tabla y sufrimos las derrotas. Pero este año hicimos muchas cosas buenas que no se vieron reflejadas en resultados finales, en números fríos. Pero nos trajimos para Bahía muchas más cosas buenas de las que refleja la tabla.

   -Por encima del crecimiento individual y como equipo, ¿el no conseguir victorias puede llegar a pesarles?

   -Creo que le va a pesar a quien le tenga que pesar y quien se deje llevar por un resultado final. El que está enfocado en dar lo mejor, llega al final del día sabiendo que dio todo. Y así hasta terminar la temporada. Por eso tenemos que estar muy fuertes. Sabemos que será durísimo lo que queda, hay que estar preparados para afrontarlo.

   -Son todos jóvenes, con posibilidad de lucirse cuando salen las cosas y ser comprendidos en los malos momentos. ¿Asumir la responsabilidad es parte del crecimiento?

   -Este año me toca a mí liderar el equipo en cuanto a puntos, energía y transmitirles a mis compañeros el “vamos para adelante”. Dentro de dos años le tocará a otro. 

   -¿Es una carga?

   -Me preparé para asumir esa responsabilidad. Y creo que la estoy llevando muy bien. El equipo se está dando cuenta que trato de empujar desde la energía y las ganas en los entrenamientos, más allá que no nos gusta tener 13 derrotas en 15 partidos.

   -Estás tercero en triples convertidos (2,6 por juego, con el 36%) y cuarto entre los goleadores (17,5 ppj.). ¿Te imaginabas este protagonismo en tan corto tiempo y qué te dicen estos los números?

   -Este año me preparé para estar bien arriba desde lo individual y trasladarlo a lo colectivo. Los números son un reflejo de lo que fui entrenando y las metas que me puse para esta temporada. La verdad que estoy contentísimo. Mi objetivo personal es mantenerlos o mejorarlos, para seguir dando el presente en todos los partidos.

   -¿Expectativas a futuro?

   -Tener esta y otra temporada muy buena en la Liga y, el sueño de todos, irme a Europa y tener protagonismo allá también. Pero hay que ir creciendo.

   -Teniendo la posibilidad de vivir en una zona de confort en todo sentido elegiste el camino del básquet. ¿Eso habla de tu personalidad y claridad de lo que querés?

   -Al básquet lo llevo adentro y voy a dejar todo para llegar lo más lejos posible. Y la otra mitad es que mi viejo siempre me bancó en los buenos o malos momentos. Siempre estuvo y mi éxito es parte de él.

   -Ahora que podés analizar un poco más, ¿cuánto considerás que influye el mensaje de un padre hacia un hijo que juega, su deseo y hasta sus propias frustraciones?

   -La cabeza del jugador es lo más importante. Si uno entra a jugar libre de presiones, y sin tener que demostrar va a rendir mucho más que uno que está presionado porque al papá le gusta que sea jugador. A los 21 años puedo entender que es una liberación y una tranquilidad enorme entrar a jugar limpio de todo y con la conciencia tranquila de poder disfrutar y dar en una cancha lo mejor que uno tiene.

   -Tu papá se inspiró en Manu, Pepe y el Puma para ambientar su espacio de trabajo. Dice que le transmite una energía especial. ¿Te pasa con alguien a vos?

   -Los tres que eligió mi viejo para mí son los más grandes referentes en lo deportivo a nivel país. Además, agradezco la oportunidad que tengo de poder compartir todos los días con Pepe. Tenerlo con nosotros, ver cómo se entrena, sus ganas y lo que transmite a su edad para seguir entrenándonos a nosotros, es admirable.

   -Claro, a los tres los ves en la foto, pero uno te quema la cabeza a diario, je.

   -Exactamente, je. Es más, a veces un mal partido le duele más a él que a nosotros. O, con los triunfos, en algunas oportunidades se pone más contento que nosotros mismos.

   -¿Cómo es la convivencia diaria con él?

   -Afuera de la cancha es uno más del equipo. Adentro, a este nivel, somos duros entre nosotros y él también. Pero es algo lógico. Si tiene que bajar línea lo hace, porque ya la vivió.

   -¿La voz femenina de Laura Cors refresca el ambiente?

   -Sí, aunque su llegada la tomamos naturalmente. Se incorporó y no hubo diferencias. Ella pone la mejor, edita videos, corrige, nos entrena... Estamos súper felices con ella.

   Fede juega como se expresa, conjugando naturalidad, frescura y convicción. Esas características quedan reflejadas en cada partido, cuando se muestra y pide la pelota. Quiere tirarla siempre. Siempre ¡eh! Aún después de fallar. Es que para él significa lo mismo la primera o la última pelota. No le tiembla la muñeca. Se nota que disfruta. De eso se trata.

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