Liga Nacional

Sepo Ginóbili, la paternidad a los 48 años, lo que le exigen en Instituto y la forma de dirigir que se viene

4/10/2020 | 06:30 |

Conviviendo con la ansiedad y responsabilidad en tiempos de pandemia, el DT cuenta los días para el nacimiento de su hijo y el inicio de una particular temporada dentro de una burbuja.

Sepo, en la cancha de fútbol, siguiendo los primeros movimientos. Fotos: prensa Instituto, archivo-La Nueva y Sebastián Ginóbili.

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Ampliación de la nota publicada en la edición impresa)

 

   Sepo y Rocío tachan los días en el almanaque, sacan cuentas, sueñan con la llegada de Mateo. El técnico de Instituto se pregunta dónde lo encontrará el 12 de diciembre.

   “Estamos en el séptimo mes. Esperemos que no se adelante –ruega Sebastián Ginóbili- porque me va a agarrar adentro de la burbuja”.

   —Me quedo en la burbuja o salgo. ¿Primer conflicto?

   —Hace un mes ya se generó, je. Pero bueno, hay algo positivo y es que se juega acá en la ciudad (Córdoba). ¿Te imaginás si me tocara en Santiago o Corrientes? No sé en qué iba a venirme.

Sepo y Rocío esperan por Mateo.

 

   —¿Cómo te encuentra la paternidad, a los 48 años?

   —Impecable. La verdad que disfrutamos mucho el momento, más allá de que estuvimos siete meses encerrados, sin contacto familiar. No fuimos a Bahía ni a Sunchales (de donde es Rocío, su mujer). Dentro de la inactividad, nos dio motivos para pensar y movernos.

   —¿Como padre te imaginás parecido a Leandro o a Manu?

   —Veremos... Uno se imagina, pero me parece que lo empieza a descubrir cuando tiene a su hijo al lado. Es mucho más fácil con los ajenos que con los propios, por más conducta que uno pueda tener.

   —Bueno, con que te parezcas a Yuyo ya está muy bien.

   —Sí, sí. Tenemos buenas expectativas, je.

Se metió en la cancha

   La primera semana de trabajos con el plantel, a Sepo lo ayudó a liberar la cabeza, en lo que significa el segundo desafío en la entidad cordobesa.

   Mezclaron movimientos en la cancha de fútbol. gimnasio y, finalmente, básquet en cancha, cumpliendo los protocolos correspondientes.

   —¿Se trabaja más en conjunto y casi con prioridad para kinesiólogo y preparador físico?

   —Hay que escuchar a los que saben, en cuando a recuperación y vuelta al trabajo. Hicimos zoom como Diego Grippo (médico de la AdC), que un poco nos va aconsejando, y vamos escuchando a los profes... El entrenador tiene que estar atento a todo, no solamente a la parte basquetbolística. También a lo físico y lo humano, porque esto genera una ansiedad diferente. Cada uno está transitando su camino, en algunos casos con familias tocadas por algún enfermo. Y está claro que cualquier problema personal afecta a lo físico y basquetbolístico, así que tenemos que prestar mucha más atención que si fuera una temporada normal.

   —¿Cómo fuiste canalizando la ansiedad?

   —Fueron siete meses raros, porque cambiaron los estados y las expectativas. Ni bien terminó teníamos puesta la cabeza en volver a los 20 días. Después sabíamos que se cancelaba... Hace tres meses estábamos viendo si se aprobaba la posibilidad de jugar la temporada...

   —Y eso afecta.

   —Todo afecta, porque hay mucha gente que está viviendo con problemas y uno quiere que vuelva la actividad, pero ordenados y cumpliendo las reglas a la perfección. Todo eso genera ansiedad y responsabilidad. También debemos valorar el esfuerzo de los dirigentes, porque estamos en contra de las decisiones del gobierno de no tomar riesgos, así que es una responsabilidad que se mezcla con ansiedad. Es un combo bastante explosivo.

Los cambios

   —¿Qué equipo armaron para lo que viene?

   —Creo que armamos un buen grupo de nacionales. La idea es encontrar el buen funcionamiento, juego de equipo, asociado e intenso. Por más que en los papeles uno piensa que formó un buen equipo, nosotros tenemos que entender que será una temporada atípica, en la que todos tendremos que aprender a jugar de esta manera.

   —Con un particular calendario.

   —Claro, porque no es lo mismo jugar 18 partidos día y medio de por medio. La idea es tener el plantel más largo posible, darle posibilidades a los más jóvenes, que haya buena rotación... Debemos aprender de otras ligas; por más que la NBA hoy parece otro deporte, la forma de dirigir creo que se va a tener que asemejar mucho.

   —¿En qué básicamente?

   —Estructurando un poco los cambios, no pensando únicamente en el rendimiento individual. Me parece que será un trabajo más integral del que veníamos haciendo. El tema de los datos va a ser clave, por eso el ojo del profe y del kinesiólogo tiene que estar fino, más el de los tres entrenadores que estamos en el equipo. Esto, sumado a que vamos a estar 40 días encerrados, con todo lo que genera. Lo importante es mantener comunicación para no hacer lío. Me parece que tendremos que estar mucho más encima del jugador.

   —¿Es difícil con este contexto focalizarse en lo que puede ser el funcionamiento y resultados del equipo?

   —Hay que enfocarse en la adaptación al trabajo y evaluar si los jugadores están en buena forma, porque no es lo mismo entrenar en un departamento de tres por tres o salir a correr que hacer básquet de conjunto.

   —Y después ver qué sale.

   —Por eso, debemos enfocarnos en llegar a competir de la mejor manera, que puede ser, quizá, en un 80%. Lo bueno, entre paréntesis, es que todos los equipos estamos igual. Entonces, tendremos que encontrar la forma deportiva durante la burbuja. Más que nada ahora es volver a sentirse jugador y readaptar el cuerpo.

El mismo DT

   —El cambio de Bahía Basket a Instituto era significativo en cuanto a tu filosofía de trabajo. ¿Cómo te adaptaste?

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   —Me adapté bien. La idea de entrenador no ha cambiado mucho. Obviamente el trato con los dirigentes fue diferente; mi función es más abarcativa que en Bahía Basket, donde había un director deportivo como Pepe y estaba todo encaminado; yo no hacía más que mi trabajo de entrenador, siguiendo la filosofía y objetivo del equipo, los cuales entendía y compartía. Acá tengo que tomar más decisiones, soy yo quien se contacta con los jugadores, con los agentes y estoy encima de la formación del equipo; obviamente que trato de coincidir y ponerme de acuerdo con los dirigentes, pero mucho pasa por mí. Y eso llevó una adaptación.

   —¿Y en el juego?

   —En el juego y el día a día, más allá de entrenar a jugadores con más veteranía, la idea era la misma: convencer al jugador de la manera que había que jugar para tener éxito. Y no tuve muchos problemas. Sigo aprendiendo como entrenador, desarrollándome dentro de un marco diferente, con otros objetivos y otras exigencias.

El día de la despedida, Pepe le obsequió un recuerdo, tras seis años de trabajo en conjunto.

 

   —Más allá del camino que se recorre, ¿el resultado siempre manda?

   —Acá el resultado manda, no hay vueltas. Exigen ser protagonistas, ganar. Llevan un par de temporadas en las puertas de algunos torneos y la verdad que me transmiten permanentemente la necesidad de ganar. Entiendo las reglas del juego, pero no puedo estar pensando en eso. Mi idea es tratar de conformar el mejor equipo para lograr funcionar, porque es la única manera de ganar. El mismo San Lorenzo, que los últimos años viene ganando, no lo hizo solamente con los nombres, le agregó funcionamiento. Tenés que jugar, rendir y ser regular, ese es parte del desafío. Como primer paso fue bueno; ahora, la idea es dar otro paso y llevar a Instituto a ganar un título.

El propio juego

   —¿Hay una tendencia general y que se asemeja a tu perfil de jugar más por conceptos?

   —Lo que está cambiando del juego, más que nada, es la intensidad, el elevar las posesiones, el buscar situaciones de clara ventaja. Ya no pensar tanto en el reloj de 24, algo que antes quería controlarse más bajando el ritmo de juego a partir de subir la bola caminando. Hoy el juego tiende a ser mucho más dinámico y asociado. Aunque no lo sentimos como la NBA, por más que nosotros nos arrimamos un poco para darle libertad y herramientas al jugador para que tome ventajas, sin la necesidad de un pick and roll, o un bloqueo directo o indirecto.

   “A veces necesitás del uno contra uno, y los entrenadores, generalmente siendo por demás estructurados, le quitamos esa creatividad al jugador. Por eso, no digo de jugar como la NBA, porque no tenemos los jugadores ni la condición física, pero sí darles la posibilidad de que tomen decisiones más rápido y hacerlos trabajar para lograrlo y crear ventajas, más allá de que no siempre sean para definir”.

Otro bahiense

   —¿Qué te puede dar Gonzalo Torres?

   —Ocupa una posición en la que no hay muchos nacionales; a través de los años fue encontrando un crecimiento individual y creo que puede encajar perfecto en nuestro sistema de juego, no solo porque tiene algo de poste bajo, un lugar donde hoy no se juega tanto, y no solo para definir o crear faltas, sino para generar juego. Es un jugador muy dinámico y está en crecimiento. Y, aparte, nos va a dar apertura de cancha en una posición donde generalmente la defensa se cierra y él tiene un tiro importante tanto corto como largo. Tanto él como Nacho Alessio nos van a dar la posibilidad de hacer descansar la bola en el juego interno.

Gonzalo Torres poniéndose en forma para otro desafío.

 

   —¿Qué te faltaría para cerrar el equipo?

   —Mi idea es que este sea el equipo. Tenemos 12 jugadores, entre los experimentados y jóvenes. Obviamente las exigencias de acá son de ganar y estamos atentos a poder reforzarlo, pero hoy en día este es el equipo que prepararemos para entrar en la burbuja.

   Entre la ansiedad por la llegada de su primer hijo, el inicio de los entrenamientos y la incertidumbre generalizada, Sepo, definitivamente, ya vive en su propia burbuja...

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