De película

Joaquín Sánchez: "Sentí miedo; me preguntaba ‘¿qué me está pasando?’”

15/8/2020 | 06:30 |

Había vuelto a Bahía Basket con mucha ilusión y una simple resonancia lo complicó. Si bien está bastante recuperado, en lo inmediato tendrá que operarse.

De a poco fue saliendo el sol para Joaquín Sánchez. Fotos: Emmanuel Briane y archivo-La Nueva.

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Nota publicada en la edición impresa)
 

 

   Joaquín hace memoria, repasa cada minuto de esta película con algunos pasajes de “terror” y llega a la fecha: “Mi último partido oficial fue en mayo del año pasado”.

   Su decisión de ganarse un lugar en el profesionalismo lo llevó a Viedma, para jugar por Deportivo la temporada 2018-19 de Liga Argentina. Cumplida esa primera experiencia regresó con mucho entusiasmo a Bahía Basket. El desafío era superior.

Con la camiseta de Deportivo Viedma, en la Liga Argentina.

 

   “Volví ya para estar en el equipo de Liga y me pasó lo de la cadera”, cuenta con algo de resignación, el bahiense de 22 años.

   Esos 15 largos meses Joaquín Sánchez los tiene bien contados y ya asumió que serán otros seis, aproximadamente, una vez que ingrese nuevamente en el quirófano para operarse de lo que, originalmente, desencadenó en una situación de riesgo.

   “En septiembre de 2019 arranqué con molestias en mi cadera izquierda. Tuve un par de días sin entrenar y como no pasaba, Emilio (Corinalesi, el traumatólogo) me indicó una radiografía. En la misma salió que anatómicamente tengo un huesito que en vez de ser cóncavo es convexo, por lo que la articulación roza una membrana; él quería comprobar que la membrana no estuviera rota”, detalló.

   Para eso le pidió una resonancia, un estudio de poco riesgo que, en este caso, resultó todo lo contrario.

   “Yo hasta ahí estaba muy motivado; me sentía realmente bien basquetbolísticamente hablando”, reconoció. Lo cierto es que finalizado el estudio cambió el panorama.

En la cancha descubierta del barrio. Disfrute -y a veces sufrimiento- al aire libre.

 

   “Le tengo mucho miedo a las agujas y, encima, el médico me adelantó que probablemente iba a tener que repetirlo, porque el líquido se había ido para otro lado”, contó.

   A las seis de la mañana del día siguiente llamó desesperado a su papá.

   “Lloraba de dolor; no podía moverme en la cama. Encima, mi mamá estaba de viaje. Mi viejo me llevó al hospital y me dejaron internado”, relató.

   Esa misma noche tuve fiebre y el dolor continuaba.

   “Detectaron infección y Emilio, que hizo un trabajo increíble, me operó al día siguiente; algo totalmente impensado. Estaba motivado y, de repente, sentí miedo; me preguntaba ¿qué me pasa?”, confesó.

   Permaneció una semana internado, con la angustia que le generó otro parte difícil de digerir.

   “Me dijeron que la infección me había pasado a la sangre, por lo que tuve una recaída. Se me vino el mundo abajo. Me podría haber muerto si esperaba uno o dos días”, se lamentó.

   Superado el cuadro más grave regresó a su casa y tres veces al día le pasaban suero. Mientras tanto, asumía su realidad: “Era muy difícil que pudiera volver a jugar, sin haberme operado el problema original de cadera”.

   El tiempo fue curando heridas y, finalmente, logró volver a las canchas.

   Se dio el gusto de jugar con la Selección Argentina en el Dow; en marzo lo incluyeron en el plantel de Liga de Desarrollo, estuvo contra Ferro y Boca en Buenos Aires, volvieron de la gira y se cortó todo a raíz del coronavirus.

Espectador de lujo. Scola le habla a Campazzo. Joaquín, segundo desde la derecha, escucha. El mejor equipo que integró, al menos por un partido.

 

   “Hoy no siento dolor, sí molestia, pero necesito operarme del problema original, porque tengo reducida la movilidad de la cadera izquierda”, aclaró.

   A fines de este mes o principios del próximo –depende de la obra social- viajará a Buenos Aires para hacerse una artroscopia, ya asumiendo que serán unos seis meses de recuperación.

   Mientras tanto, con buen ánimo, reparte el tiempo entre estudio y básquetbol.

   “A la mañana hago gimnasio en casa –contó- ya que pude traerme algunos elementos del Dow. A la vez, nos conectamos tres veces por semana para entrenar con el preparador físico. Y, también, estoy aprovechando la canchita al aire libre del barrio”.

   —Estarás comprobando lo difícil que era meterla en cancha abierta, ¿no?

   —Justamente hoy con el viento que había, estuve media hora y se me hizo imposible. ¡No sé cómo hacían para jugar así!

   —Es un poco vivir en carne propia otra época de la historia del básquet y que, seguramente, tu viejo te contó más de una vez.

   —Exacto. Mi viejo jugó en la cancha abierta de Sporting.

"Los que estamos en Bahía Basket somos más que privilegiados", reconoció.

 

   —Qué contraste con la realidad que viven ustedes con el Dow Center.

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   —Es así. Esto de alguna manera ayudó a que valoremos lo que tenemos. Los que estamos en Bahía Basket somos más que privilegiados, pudiendo trabajar en un lugar de primer nivel.

   —¿Cuánto te fortaleció mentalmente la posibilidad de regresar a Bahía Basket?

   —La verdad que desde el momento de la lesión, y que sabía que sería de larga de recuperación, ellos me apoyaron y me dijeron que podría volver a jugar. Y así fue. Hace poco Pepe dijo en una nota que seríamos todos chicos, más Jamaal (Levy).

   —¿Cómo vas con el estudio?

   —Bien. Estoy en segundo año de Licenciatura en Administración de Empresas. Ahora estoy preparando un final de matemática, lo que menos me gusta, pero hay que meterle onda (sic).

   —¿Cuándo te propusiste empezar la carrera?

   —Hace tres años mi intención era irme a una universidad de Estados Unidos. Inclusive aprobé el examen, pero surgieron un par de cosas y tenía que esperar otro año, por lo que preferí quedarme acá para ingresar a la Universidad desde el inicio de año. Ahí decidí intentar jugar profesional y surgió la posibilidad de ir a Viedma.

Con la Liga de Desarrollo, frente a San Lorenzo. Los chicos crecen...

 

   —El estudio en la mayoría de los jugadores jóvenes queda en una promesa. ¿Qué te motivo a vos?

   —Mi familia. Desde el principio mis viejos (Carlos y Laura Reiner) nos dijeron a mi hermano (Nicolás) y a mí que iban a bancarnos con el deporte. Cuando decidí lo de la universidad, mi hermano se puso a estudiar marketing. Y como yo no me fui a Estados Unidos empecé a estudiar acá. Más que nada pensando a futuro, porque la carrera del basquetbolista no es tan larga y esto te abre un montón de oportunidades.

   —¿Prioridad el básquet o el estudio?

   —Básquet. Es lo que amo. El estudio va de la mano.

Joaquín trabaja para potenciar más facetas de su juego, por encima del tiro.

 

   —Hace un tiempo hablando con vos y tu hermano, les pregunté: “¿Acostarse tarde o levantarse temprano?”. Nicolás eligió lo primero y vos lo segundo. ¿Tiene algo que ver con esta elección de intentar incursionar en el básquet profesional?

   —No sé. Porque en mis caso me gusta levantarme temprano y hacer todo de mañana. Me cuesta mucho estudiar o entrenar a la tarde. Mi hermano es todo lo contrario.

   —Después de haber caminado juntos y viviendo la primera gran separación a nivel deportivo, ¿cómo es la convivencia entre hermanos mellizos?

   —Cada uno hace lo que le gusta. Si él quisiera, sin ninguna duda podría estar jugando en un nivel superior. Pero son elecciones. Decidió jugar en la Primera local y se respeta.

   Joaquín Sánchez, sin el dolor de hace un tiempo, en tiempo de pandemia se focaliza en cicatrizar definitivamente esa “herida”, administrando el día entre el estudio y el básquetbol, su gran pasión...

 

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