La solidaridad se movilizó y Oriana ya tiene su silla de ruedas con motor
La joven sufrió graves lesiones tras ser arrollada por un tren en noviembre. La iniciativa fue impulsada por Oscar Giambelluca y contó con el aporte de vecinos, gremios e instituciones locales.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
La cadena solidaria volvió a demostrar su fuerza en Bahía Blanca. Tras una intensa campaña benéfica, finalmente se logró reunir el dinero necesario para adquirir una costosa silla de ruedas con motor y batería destinada a Oriana Bruno, la joven que sufrió graves lesiones luego de ser arrollada por una formación ferroviaria en noviembre pasado.
La noticia representa un alivio y una esperanza para Oriana y su familia, en medio de un proceso de rehabilitación que aún será largo y demandante.
“Esperamos que esta silla le brinde a Ori un poquito de bienestar y pueda sobrellevar su vida de la mejor manera. Ese es nuestro mayor deseo”, expresó Oscar Giambelluca, impulsor de la movida solidaria.
El accidente que cambió la vida de la joven ocurrió el pasado 28 de noviembre, cuando fue embestida por un tren a la altura de las vías de calle Corrientes.
Tras el impacto, fue trasladada de urgencia al Hospital Municipal con pronóstico reservado y permaneció internada en terapia intensiva hasta el 19 de diciembre, cuando pudo ser derivada a una sala común.
Hace pocos días recibió el alta médica, aunque continúa afrontando un arduo proceso de rehabilitación.
La campaña que permitió conseguir el equipamiento surgió a partir de un gesto inicial de Giambelluca, jubilado del Banco Provincia en 2011 tras 32 años de servicio y reconocido en distintos ámbitos por su permanente compromiso solidario.
“Poco después que salió del hospital, con mi hijo le acercamos una silla estándar que tenía en mi casa y que la suelo prestar para personas que la necesiten transitoriamente”, contó.
Sin embargo, con el inicio del tratamiento de rehabilitación en el centro Irel, se advirtió que el elemento resultaba insuficiente para las necesidades de Oriana.
“Ahí se me ocurrió comenzar una campaña benéfica para comprar una especial, que no sólo sea más segura, sino que también le sirviera para movilizarse en su hogar y en la calle”, explicó.
El primer paso fue coordinar la iniciativa con la familia de la joven.
“Le pedí permiso a la mamá de Oriana (Mariela Pessolani) para comenzar la campaña y el primer paso fue pedir un par de presupuestos de sillas con motor y batería. La cifra a juntar era importante, pero teníamos confianza en conseguirla”, recordó.
La respuesta comunitaria no tardó en aparecer. En apenas dos semanas se logró reunir el monto necesario gracias al aporte de vecinos, instituciones y organizaciones.
“Por suerte hubo mucha gente que nos dio una mano y en 15 días logramos juntar el dinero. En esto tengo que agradecer a muchos gremios que aportaron y también a Jorge Bonacorsi, que sin su ayuda hubiéramos demorado bastante más en alcanzar la cifra necesaria”, destacó.
A pesar de la satisfacción por el objetivo cumplido, Giambelluca reconoció que cada campaña solidaria implica una carga emocional considerable.
“Cada vez que llegamos a un objetivo es una gran alegría, pero la verdad que desde que se inicia la campaña vivo momentos de mucho estrés, porque siempre está la incertidumbre de no poder alcanzarlo”, confesó.
Lejos de tomarse un descanso, el referente solidario ya proyecta nuevas acciones comunitarias.
“Ahora estoy haciendo una campaña para donar leche a jardines y merenderos, para junio. Es la cuarta de este tipo que hago”, anticipó.
La nueva silla representa mucho más que un elemento de movilidad para Oriana: simboliza el acompañamiento de toda una comunidad que eligió transformar la adversidad en un gesto colectivo de esperanza.