Otra generación

Schernenco, un apellido que se multiplica en las canchas bahienses

24/4/2021 | 06:00 |

Juan Cruz heredó de Néstor, su papá, la pasión por el arbitraje. Tiene 20 años y ya debutó en Segunda. Paralelamente estudia Agronomía. Algún partido pitarán juntos.

Néstor y Juan Cruz, padre e hijo, unidos por una pasión. Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva y gentileza.

 

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Nota publicada en la edición impresa)

 

   Marcela tendrá que seguir escuchando en su casa las apasionadas charlas sobre arbitraje de básquetbol, acaso ahora con algo más de tensión, porque su hijo menor siguió los pasos de su marido.
Néstor Schernenco primero vio cómo a Matías, su hijo mayor (28 años), se frustró en su intento de arbitrar, después de sentir presiones en algunos partidos de Minibásquet. Joel (23), el segundo, ni siquiera probó y, finalmente, Juan Cruz, el más chico, escuchó lo que su padre le transmitió.

   Hoy, con 20 años, es uno de los recientes debutantes en Segunda división, inscribiendo por segunda vez en el arbitraje local la participación simultánea de padre e hijo en una categoría superior, después que en 2016 lo hicieran Luis y Jorge Blanco, padre e hijo respectivamente.

   “El arbitraje es muy importante en mi vida. A veces llego cansado de un día largo de trabajo, me doy una ducha, me acomodo la rodillera y estoy en condiciones de salir. Me sigue motivando, más allá de la edad y el físico”, grafica Néstor, de 54 años.

   “Es lo que más me gusta de él, sus ganas. Dirige con la misma responsabilidad todos los partidos”, elogia Juan Cruz.

   Néstor lleva 25 años con la distribución de descartables, 32 arbitrando y 10 como comisionado técnico en el Federal, Liga Argentina y Liga A.

   Juan Cruz, por su parte, estudia Agronomía. Hizo escuelita en El Nacional, pasó por Barracas (donde su papá jugó hasta Segunda) y terminó en Olimpo, siendo cadete de segundo año.

   “Arranqué un poco por insistencia de él. También -contó Juan Cruz- porque me gusta y, además, sabía que al año siguiente serían muchas las probabilidades de dejar de jugar. Me encanta el básquet y era una forma de seguir vinculado. Aparte, toda la vida lo vi dirigir a él y quería probar”.

   —Néstor, ¿te alegró cuando tomó la decisión?

   —Sí, por supuesto. Su camada (2018) fue bastante numerosa y, de a poco, se van viendo los resultados.

   —¿Cuándo lo veías jugar disfrutabas o sufrías?

   —Disfrutaba; me gustaba ir a ver a los tres. Ahora es distinto, porque cuando voy a la cancha saben que voy a verlo a él. Igual trato de ir.

   —¿Escucha los consejos?

   —Escucha. asimila y eso es importante, porque cuando saltan a las categorías superiores tienen que adaptarse al ritmo y a la mecánica con tres árbitros. 

   —Juan Cruz, ¿cuánto te aconseja tu papá?

   —Cuando jugaba me aconsejaba continuamente intentando que mejore. Ahora lo mismo, aunque sin ser molesto.

La familia unida. Néstor, Juan Cruz, Matías, Marcela y Joel.

 

   —Néstor, ¿qué ves de vos en la forma de arbitrar de tu hijo?

   —Lo veo más desenvuelto. Seguramente sentirá los nervios como yo en los primeros partidos de las máximas categorías, pero no lo demuestra. Es bueno que se muestre sereno.

   —¿Te pesa ser "el padre de..."?

   —Si le va bien y tiene la suerte de seguir ascendiendo quizá puedan pensar que lo consiguió porque es mi hijo y no por sus cualidades. Después, en las canchas a veces me dicen que ya puedo retirarme, que tengo reemplazante, je. Creo que en algún aspecto a él puede pesarle. Se verá con el tiempo.

   —Juan Cruz, ¿en algún momento cargás con el apellido?

   —Por ahora no, tal vez me pase con el tiempo. Mi papá es reconocido en Bahía, aunque nunca sentí que me identificaran como "el hijo de...".

   —Néstor, ¿qué te gustaría que herede de vos como árbitro?

   —Un árbitro tiene que tener aceptación. Es lo que más cuesta. Después saben que si metés un mal silbato no lo hacés de mala fe, sino que te equivocaste. 

   —¿Lo más difícil de asimilar es eso, el pretender demostrar que uno se equivocó sin mala fe?

   —El tiempo ayuda a que te vayan conociendo y en dejar claro que no tenés interés de beneficiar o perjudicar a un equipo. Más acá en Bahía, donde hay mucho conocimiento del juego. Afuera podés equivocarte y generalmente no lo advierten.

El último torneo de Néstor, como árbitro de CABB, en el Argentino de Salta.

 

   —Juan Cruz, ¿te afecta el reclamo o el insulto desde afuera de la cancha?

   —Trato de que no me afecte. Jugué durante muchos años y sé cómo es un partido peleado, por eso puede ser que no me pese dirigir. La diferencia es que el árbitro a veces carga con tomar decisiones y no se le permite equivocarse.

   —¿A veces uno se siente culpable por un resultado?

   —En mi caso no. 

   —Néstor, ¿cuándo asumiste que no podías seguir subiendo a nivel nacional?

   —Estábamos haciendo carreras muy similares con Javier (Sánchez), él con mucha más proyección, y veía que él seguía ascendiendo; después noté que me complicaban los viajes para desarrollar otras actividades y me bajé.

   —A propósito, ¿cómo tomaste los retiros de Sebastián Giannino y Javier?

   —Lo de Sebastián es muy entendible; lo hablamos mucho y su futuro (se radicó en Bonifacio por motivos laborales) asoma como muy positivo; creo que fue acertada la decisión. Así y todo en el Colegio se lo extraña muchísimo. Y lo de Javier aún no lo entiendo. El priorizó otras cosas, pero tranquilamente podría haber continuado con la actividad acá. En mi caso, sin llevar la carrera como él, a los 40 dije que me retiraba de la liga (B) y seguí a nivel local, vinculado con el Colegio y la Asociación Argentina de Arbitros.

Sebastián Giannino y Javier Sánchez, en el último partido.

 

   —Juan Cruz, ¿estos retiros a los más jóvenes les genera la posibilidad de subir un escalón?

   —Sí, puede ser. Se generaron dos vacantes, pero igual somos muchísimos.

   —¿Tu prioridad es el estudio o el arbitraje?

   —El básquet por ahora me ayuda a descomprimir. Mi futuro hoy lo veo en la carrera universitaria, aunque no sé más adelante.

   —¿Te sorprendió la designación para dirigir Segunda?

   —Un poco sí. Había dirigido Liga de Desarrollo. Pensá que, sin contar el 2020, llevo solo dos años dirigiendo. Fue todo muy rápido. Hay que disfrutar.

   —Néstor, ¿cuál es tu consejo pensando a futuro?

   —Con esto de la pandemia tanto él como muchos otros se dieron cuenta en qué deben enfocarse. Hay varios compañeros que la pasaron mal en sus actividades; trato de transmitirle que tome al arbitraje como un complemento, no como prioridad. Después se verá. A cada chico que ingresa al Colegio le aconsejo que priorice el estudio.

Juan Cruz y Néstor, en el único partido que dirigieron juntos.

 

   —¿Te gustaría compartir algún partido con tu hijo?

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   —Dirigimos juntos en su debut por el Colegio (Pueyrredón-Napostá en U13). Supongo que en Segunda lo haremos más adelante. Por ahora, decidimos evitarlo, más que nada para que él no sienta presiones y que las correcciones se las marquen los compañeros.

   En cada presentación Juan Cruz acapara la atención de su entorno, incluyendo a su novia Fiona, quien sorprendió en cancha de Argentino cuando le consultaron, por protocolo, a quién iba a ver: “A ningún equipo, vengo a ver a un árbitro”, aclaró.

   Schernenco, un apellido del arbitraje que perdura en el tiempo y que, ahora también, tiene su propia hinchada.

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