Historias

Fabricio Piccinini y Federico Harina, unidos por el amor de una misma mujer

28/3/2021 | 06:00 |

La relación de estos rionegrinos se descubrió en Bahía una noche de 2012. Son hermanos por parte de madre. Comparten la pasión por el básquet: hoy uno como DT y otro jugando.

Fabricio y Federico disfrutan de la misma pasión. Fotos: Emmanuel Briane y archivo-La Nueva.

 

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Ampliación de la nota publicada en la edición impresa)

 

   “Apareció un hermano de los Piccinini”. La Nueva, 17 de abril de 2012. Federico Harina convirtió 23 puntos en el triunfo de Pueyrredón ante Velocidad, por 81 a 62. Era el debut. Se trataba de un desconocido en el ambiente local, donde Fabricio y, en menor medida Emiliano, ya se habían ganado un lugar.

   ”Nos c... de risa cuando leímos el título, je. El primer partido me fue excelente y salió nota en el diario. Después me costó. Era nuevo, no me conocía el entrenador ni mis compañeros. Capaz que me veían la forma que tiraba y pensaban no dármela nunca. Pero me fui afianzando, tuve minutos y vino el resto”, resume Federico.

El testimonio de La Nueva, el día del debut de Fede.

 

   Ese mismo día tuvo que aclarar que era hijo de Miriam Martini, quien de un primer matrimonio con Mario Piccinini había tenido tres hijos: Julieta (hoy tiene 42 años), Fabricio (40) y Emiliano (37).

   Después, con Roberto “Tito” Harina tuvieron a Federico (29). Y se formó una gran familia. Hoy Fabri dirige Pueyrredón, Fede juega por Villa Mitre la Liga Argentina y Emiliano (que pasó por Pueyrredón, Napostá e Independiente) vive en Regina.

En familia. Emiliano, Enzo, Anika, Miriam,Caetano, Fabricio, Julieta y Fede.

 

   “De mi vieja los dos heredamos la alegría; somos siempre positivos, tiramos para adelante”, cuenta el menor, quien la vez que recuerda que Mario, su abuelo materno, integró el primer equipo de Atlético Regina, donde comenzaron los tres.

   “Julieta y Emiliano tienen un carácter fuerte. Y con Fabricio –compara Fede- somos más tranquilos en la vida cotidiana y en la cancha, aunque él, como entrenador, se altera un poco. En cambio, a mí hace seis año que no me cobran un técnico; sí soy jodón afuera”.

   —¿Esa personalidad te favorece para tirar sin presiones, con naturalidad?

   —Sí, en cierto punto me ayuda, porque si bien soy muy pasional y no paro de correr y hablar con mis compañeros, generalmente mi estado es de tranquilidad. Eso me favorece en momentos decisivos.

   “En cuanto a responsabilidades –agrega Picci- mi vieja siempre dice que no nos hacemos mala sangre por nada, somos positivos, siempre estamos de buen humor... En cambio, mis otros dos hermanos tienen sus arranques. Después, en la cancha, somos otra cosa”.

   —¿Cómo técnico intentás transmitir eso al jugador?

   —Como entrenador cambio bastante. Los más cercanos me dicen que soy completamente diferente, pongo distancia, soy bastante duro, exigente... De hecho, tuve algunos inconvenientes por ser así; es mi característica.

   —¿Es algo a mejorar o estás convencido que debe ser así?

   —Estoy convencido que debe ser así. Siempre exijo, dentro del respeto, y sin fallarle ni mentirle al jugador. Creo que hay que tenerlo cortito al jugador y no ser flexible, porque, de lo contrario se relaja.

***

  Corría 2012, Federico estaba jugando el Federal como juvenil por Regina y quería venir a Bahía, con el objetivo de estudiar y jugar.

   “Yo en ese momento estaba trabajando con menores en Estudiantes. Hablé con el Colo Loffredo, que era el técnico, le conseguí unos videos, lo convencieron y lo trajo. Le aseguré que tenía mucha capacidad anotadora: ‘Despreocupate que rinde’, le dije”, recordó Picci.

   Así Fede estuvo entrenando con el albo hasta que, cuando se acercaba el debut, se derrumbó la posibilidad.

   “Iba a cobrar una plata, que eran dos mangos, y decidieron dársela a dos chicos del club. Me avisaron a último momento”, contó.

   “Aprovechando mis contactos, entrenó un día a San Lorenzo, después me habló Juan (García) para que fuera a El Nacional, pero lo vio Andrés (Iannamico) y cerró en Pueyrredón”, agregó Picci.

   Al flaquito de Regina, de tiro extraño, lo fueron descubriendo.

   “Creo que antes hasta tiraba peor que ahora, je. Y eso generó dudas. Hay una anécdota, con Ezequiel Micca cuando Andrés Iannamico le preguntó por mí: 'Tira horrible, pero las mete todas'”, le dijo.

   “Un poco, inconscientemente, fui modificando la mecánica de tiro. Me gustaba tirar de afuera, pero era tan flaquito que, al hacer tanta fuerza era como una catapulta, la llevaba para atrás, daba un pasito adelante y la tiraba de tres”, je.

   La adaptación y los buenos resultados llegaron rápidamente: tres ascensos consecutivos a Primera, jugando para Pueyrredón, Comercial y Barracas.

   De ahí pasó un año en El Nacional y otro año y medio jugó en Napostá hasta que llegó a Villa Mitre, donde hoy promedia 11,1 puntos y 1,4 triples (28,9%), ya consolidado en la Liga Argentina.

Su primer ascenso, con Pueyrredón.

 

   —Picci, ¿incluirías a Fede en tu equipo?

   —¡Sí! Tiene una capacidad de gol como pocos y muchos puntos en las manos, algo que hoy es difícil de conseguir, porque predominan los atletas, los jugadores defensivos o polifuncionales.

   —Fede, ¿te gustaría tener a tu hermano como técnico o se pelarían mucho?

   —No creo que nos peleáramos. En 29 años nunca me peleé con ninguno de mis hermanos.

   —¿En serio? ¡Qué raro lo que me estás diciendo! ¿A qué lo atribuís?

   —Supongo que es por el cariño que nos tenemos. Quizá la diferencia de edad, porque siempre fui el más chico y el más mimado. Pero volviendo a la pregunta, no me gustaría tenerlo como entrenador. Más allá de que nos llevamos perfecto. Me sería incómodo el vestuario, ir a entrenar, escuchar que mis compañeros hablen de él...

   —Picci, ¿lo aconsejás?

   —Sí, pero hasta ahí. Charlamos mucho, pero es medio particular, no le gusta la crítica, así que, generalmente tengo que ver cuándo es el momento. Ya lo conozco.

   —¿Coincidís Fede?

   —Sí, je. Tiene razón. Hablamos mucho de básquet y está buenísimo eso que te contó, porque yo lo noto, aunque nunca me lo dijo. Elige los momentos para decirme las cosas y corregirme. Yo también le comento y aconsejo respecto del manejo de grupo. Es mutuo, siempre para bien.

   Fede trabaja en un gimnasio (junto con Andrés Iannamico, DT de Pacífico), aplicando los cursos que hizo de musculación.

   —¿Qué lugar ocupa el básquet en tu vida?

   —Es primordial. Estoy en Bahía instalado, contento, con un trabajo que me gusta y en el club de la ciudad en el que más me gusta estar. Si algún día surge algo, como ha pasado, lo evalúo. Hasta ahora siempre prioricé quedarme.

El técnico

   Fabricio tiene un hijo (Enzo, de 11 años) y está de novio con Camila Perissé (igual que la actriz) y además de dirigir, trabaja en un RapiPago.

   —¿Qué significa hoy el básquet en tu vida?

   —Para mí el básquet es, ante todo, un estilo de vida. Es algo que amo, me encanta. Veo todo tipo de básquet. Como entrenador, por ahora no tengo intenciones de ser profesional a otro nivel, de ponerme a viajar y moverme de la ciudad, máxime que tengo a mi nene acá. Si puedo voy a mantenerme acá y seguir dirigiendo; así soy feliz.

   —¿Te gustaba más jugar que dirigir?

   —La verdad que me está gustando mucho dirigir. De a poco voy descubriendo cosas. Es difícil de comparar con el jugador. Como entrenador te agarra esa impotencia de no poder estar en la cancha. Hoy estoy disfrutando mucho el rol de entrenador, te diría tanto o más que como jugador.

   —¿Sentís más responsabilidad que cuando jugabas?

   —Sí, seguro. Es una de las grandes diferencias. Si pierdo me hago cargo, porque siempre uno considera que podría haber hecho otra cosa, en cambio, como jugador no depende todo de uno.

   —¿Qué arrastraste como técnico de lo que te dejó tu etapa de jugador?

   —La ventaja de conocer los momentos y lo que le pasa al jugador. Haber jugado es una gran ventaja, me puedo poner en el lugar del jugador.

   —¿Te marcó algún entrenador?

   —El entrenador que más me marcó fue Michigan (Ignacio Ferhmin), cuando lo tuve en Napostá. Cambió muchas cosas de entrenamiento. Para la época estaba muy adelantado con la forma y la disciplina que transmitía. Ese estilo lo había tenido en El Nacional, pero al extremo, casi como el servicio militar, algo en lo que no coincido. Obviamente sentí mucho cuando llegué de Regina y Juan (García) me enseñó un montón, me parece súper capaz, pero no coincido en cómo maneja el equipo o los jugadores.

Enzo y la pasión por River

   —Picci, ¿el nombre a tu hijo se lo pusiste por Francescoli?

   —Sí. Somos todos fanáticos de River y él es el peor de todos, canta, se sabe todos los jugadores... Juega en Mini de Napostá. Veremos si sale con la misma mano que nosotros, je.

   —¿Sos más futbolero que basquetbolero?

   —No, me gusta más el básquet, estoy todo el día mirando. En el fútbol mi pasión es por River. Tengo tatuada la final de Madrid... Tengo algunas cositas medias termo, je. Nos hizo fanáticos el papá de Fede, cuando se juntó con mi vieja.

Con River a flor de piel.

 

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   —Están Enzo, Emiliano, vos, Fede y falta uno para el quinteto.

   —Emiliano tiene un bebé (Caetano). Ahí completamos. Y mi novia es joven, así que en algún momento voy a tener que sumar otro. El problema que todos tiramos de tres puntos, no tenemos pivot, je.

   —¿Y atrás?

   —Poquita defensa, je. Es un equipo complicado... Yo no lo dirijo a ese equipo: no me gustan los equipos que tiran todos de tres puntos; no sacamos foules, no somos agresivos... Je, je...

¿Quién es mejor?

   Fabricio llegó a Bahía en 1999, reclutado por El Nacional junto a un importante número de jugadores.

   “Vivíamos todos en calle Sarmiento”, recuerda. Después pasó por Napostá, Pueyrredón, Whitense y terminó en Velocidad, en 2011.

El Nacional, campeón de 2000, aunque terminó en 2001. Parados, desde la izquierda, José Nicolás Ojeda, Juan Chacón, Lucas Bianco, Mauro Bianco, Fernando Alvarez y Martín Alvarez. Abajo: Fabricio Piccinini, Nicolás Francisco, Juan Zunino, Pedro Franco, Sebastián Farías y Fernando Gigena. También jugaron Emiliano Iraola y Juan Manuel Egler. DT: Juan García.

 

   —Picci,¿podés decir que eras mejor jugador que Fede?

   —Ja, ja. Siempre lo gasto diciendo que fui el mejor de la familia, pero no me dediqué, esa es mi defensa. En mi historial tengo seis torneos Argentinos para Río Negro, de Preinfantiles a Juveniles y él jugó uno solo. Yo fui preselección Argentina en U17 y él no. Lo que le digo es que fue mejor de grande, je. Y sigue progresando. Lo mío fue al revés, je.

   —Vos Fede, prácticamente no lo viste. En cuanto a estadísticas te gana.

   —Bueno, yo tengo tres ascensos de Segunda a Primera, el ascenso a la Liga Argentina, selecciones de Bahía y Provincia, pero él me corre con esa de que fue a pasear al Cenard, cuando tenía 16 años, je.

   —En este momento me convierto en árbitro de la disputa entre hermanos y convenimos que si lográs con Villa Mitre el ascenso a la Liga queda determinado que sos mejor que él. ¿Te parece?

   —Dale, en ese caso no quedarían dudas.

   —¿Qué tan cerca estás de concretarlo?

   —Y... El equipo está jugando a muy alto nivel. Mantuvimos prácticamente el mismo ritmo después de estar un año parados y sin nuestro goleador y figura (Franco Pennacchiotti). Eso está dando que hablar. Pero es largo el torneo y los playoffs son un mundo aparte. Por eso, sería apresurado hoy hablar de ascenso. Sí estamos en el camino, hay que recorrerlo...

   Fabricio y Fede siempre fueron compañeros, aunque sin haber compartido equipo.

   Lejos del resto de la familia, como buenos hermanos, se acompañan en los momentos felices y se apoyan en los malos. Tiran juntos, ni más ni menos.

   Miriam, su mamá, feliz y orgullosa de sus hijos... Los dos más tranquilos.

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