Ambito local

Lucas Marín vuelve al primer amor: “La inconsciencia me ayudó en toda mi carrera”

27/2/2021 | 06:30 |

Es un apasionado del fútbol, pero la necesidad lo llevó a descubrir el básquetbol. Así, en Argentino se formó un tirador. Metió puntos con diferentes camisetas. Estaba en La Plata y decidió regresar a Bahía.

Lucas ya está en su casa para defender la camiseta de Argentino. Fotos: Emmanuel Briane y archivo-La Nueva.

 

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Ampliación de la nota publicada en la edición impresa)

 

   Sergio y Rosana se ganaban la vida dando clases de salsa y bailando –muy bien- en distintas fiestas. Una pareja consolidada, joven, laburante, que había formado una familia con dos hijos: Matías y Lucas. Entre todos la remaban.

   Los chicos fueron creciendo y los apasionaba el fútbol. Claro que para darse el gusto de jugar en un club había que pagar la cuota. Y el bolsillo, lamentablemente, estaba flaco. 

   “Con Matías queríamos jugar al fútbol, pero en casa no había un mango. El tío de mi papá, Osvaldo Cardillo, era presidente de Argentino y no nos quedó otra que jugar al básquet”, recordó Lucas, el menor de los Marín.

   Los hermanos, en Holdich 350 fueron descubriendo lo que te regala el deporte en general.

   “Nos hicimos de un grupo de amigos. Los dos empezamos a andar bien –contó Lucas- y ya nos quedamos, más cuando mi hermano fue integrando las selecciones de Bahía. Y yo lo seguí”.

Lucas y Matías crecieron en Holdich 350.

 

   A los 18 años se alejó en busca de un mayor desarrollo.

   Pasó por Argentino Junior de Tres Arroyos y Atlético Villa Regina; volvió fugazmente a su club de origen y más tarde jugó el Federal y TNA en Olimpo, además del torneo local por Liniers.

   Mientras que su destino más firme fue La Plata, donde estuvo en tres oportunidades diferentes y hasta último momento: una jugando en Villa San Carlos y dos en Unión Vecinal, club en el que se convirtió en referente.

   Después de este recorrido, a los 28 años dejó la ciudad de las diagonales y regresó a su casa.

   —¿Siempre se vuelve al primer amor?

   —Depende de cómo lo tome cada uno. Yo siempre supe que volvería a Argentino, por cómo me manejo con el básquet y máxime por lo que pasó en el 2020, que estuvimos encerrados. Muchos clubes trataron de ayudarme a conseguir el trabajo que estaba esperando acá, pero elegí Argentino, donde me sentí cómodo, pasé gran parte de mi vida y le debo un montón al club. 

Victoria y Lucas disfrutan de este momento.

 

   —En La Plata jugabas y trabajabas. ¿Qué te movilizó a volver?

   —Estaba bien, pero siempre quise vivir en Bahía. Con mi novia (Victoria Di Marco) habíamos proyectado quedarnos un tiempo allá y volver cuando me surgiera la posibilidad laboral. Ella estudió allá y ayer se recibió de médica, rindiendo por zoom acá en casa. 

   —Te fuiste de Argentino a probar, abriendo camino y buscando escalar. ¿Hoy entendés que diste lo máximo y ya estás en otra etapa?

   —Sí, es así. Lo que estaba buscando era un trabajo estable no relacionado con el básquet. En su momento, cuando prioricé el básquet fue por no tener en claro qué quería hacer. Fui jugando en diferentes categorías y desde hace unos años, cuando volví a La Plata, ya fue con un trabajo. Inclusive, me iba mucho mejor en el básquet porque lo tomaba más relajado.

   —¿Considerás que el tirador, como vos, queda más expuesto que otro jugador cuando no está bien de la cabeza?

   —Y... Sí. Están esperando algo de vos para ganar y cuando dicen “si este no está bien perdemos” se convierte en una carga. Pero eso lo tengo incorporado desde chiquito, me acostumbré a sentirme muy responsable del equipo, aunque perder no fuera por culpa propia. La verdad, una cagada...

Inicio de contraataque para Lucas, aquel pibe de pelo largo.

 

   —¿El tirador tiene más posibilidades de disimular el paso de los años?

   —Si sos tirador, cuando te llega la pelota la tirás y la metés, pero yo no tuve ese juego. Me siento más cómodo generando mis propios tiros. Y eso te exige a estar físicamente muy bien, porque los chicos vienen con mejor preparación desde lo físico y cuidados en la alimentación. Por más que no tengan mucho talento, te equiparan con el físico; hoy se juega a otra cosa.

   —¿La altura -1m79- no te condicionó para los niveles que jugaste?

   —No. Si tuve limitaciones fue por no entrenar o no ser profesional cien por ciento. Creo que si entrenaba más hubiera jugado en otro nivel. Pero nunca fue mi prioridad. A mí me gusta jugar, pero no pongo en contexto lo que estoy jugando.

Lucas, en plena acción.

 

   —¿Esa inconsciencia te sirvió al momento de tener que tirar?

   —Creo que la inconsciencia me ayudó en toda mi carrera. Me lo marcaba siempre Andrés Iannamico cuando, con 15 o 16 años me ponía en Primera. Por ser así me fue mucho mejor que si pensaba en qué nivel estaba jugando, instancia o importancia del tiro que iba a tomar.

   —¿Te fue fácil asimilar que habías llegado al techo de tus posibilidades en niveles superiores al local?

   —Realmente siempre tuve claro que no quería vivir del básquet. Sí pasé un montón de buenos momentos con todo lo relacionado al básquet, más allá de victorias o derrotas. Y es lo que queda. En 2016 me preguntaste cómo tomaba la posibilidad de jugar el TNA con Olimpo y te respondí que era un desafío ver si estaba o no a la altura. Ese año me dediqué absolutamente al básquet y realmente no me gustó, no me sentí cómodo. A partir de ahí decidí seguir con el básquet, pero abriéndome camino por otro lado. Ahí me llamaron para volver a Unión Vecinal y la condición fue trabajar paralelamente.

Su experiencia con la camiseta de Olimpo.

 

   —¿Con qué intenciones volviste a radicarte en Bahía?

   —La idea es volver a pertenecer al club, tratar de darle una mano a los chicos que, por lo que vi estos últimos años, tienen mucho sentido de pertenencia. En 2020 se había formado un lindo plantel, competitivo y este año sabemos que tenemos que pelear arriba; yo quiero estar ahí, más allá del torneo o categoría que me toque jugar.

   —¿Qué heredaste de tu papá?

   —Por lo que me dice jugaba bien. Me contó que jugaba en Estrella y estuvo en la Selección de Mini. Después como que se aburrió del básquet y se fue a jugar al fútbol a Olimpo. Inclusive llegó a jugar en Reserva.

   —Y tu tío Jorge fue árbitro de básquetbol. Es decir, venís de una familia deportiva.

   —¡Sí! Recontra. Lo heredamos de mi viejo.

Premini de Bahía, campeón 1979. Parados, desde la izquierda, Raúl Parrotta (Argentino), Rodrigo Torre (Alem), Mariano Grippo (Olimpo), Sergio Marín (Estrella), Cristian Maisonave (Villa Mitre) y Jorge Fernández (Villa Mitre). Abajo: José Luis Fernández (9 de Julio), Walter Loscalzo (Bahiense), Gabriel Romanelli (Villa Mitre), Sergio Tassara (Villa Mitre), Eduardo Di Chiara (Alem) y Gustavo Simonovich (Liniers).

 

   —Haber regresado a la ciudad, con un trabajo estable, ¿te ayudará a no tentarte rápidamente ante alguna posibilidad que te surja de otro nivel?

   —Tengo en claro cómo me tomo el básquet y el lugar que ocupa. Para un jugador que fue picando en Liga, si le llega una posibilidad mientras juega el torneo local es lógico que quiera irse. En cambio, yo estoy muy feliz trabajando, jugando y compartiendo. La idea es afianzarme en Argentino. Después pueden pasar un montón de cosas, pero espero poder quedarme un largo tiempo.

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   En Argentino desean lo mismo y te dicen: “Bienvenido a casa, Lucas...”.

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