Víctor Lacerenza, el bahiense elegido para conducir el básquetbol marplatense

24/5/2021 | 06:00 |

La Falda es su club. Pasó por El Nacional y llegó a jugar Liga Nacional en Olimpo. Tiene 50 años y se convirtió en el presidente de la AMB.

Lacerenza contó lo que pretende lograr en Mar del Plata. Fotos: archivo y Planeta Naranja

 

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

 

   Cuando a los 18 años Víctor Lacerenza armó el bolso y dejó Bahía Blanca con la ilusión de iniciar una carrera basquetbolística “profesional” en Aldosivi de Mar del Plata, lejos estaba de imaginar que La Feliz sería su lugar en el mundo.

   Aquel juvenil que creció en el barrio La Falda, hizo ahí todo el Minibásquet, pasó un año por El Nacional, siguió en Olimpo y, paralelamente jugó en los seleccionados bahienses y de Provincia, se convirtió el último viernes, ya con 50 años, en el presidente de la Asociación Marplatense de Básquetbol.

   “Hoy estoy acá en Mar del Plata porque nací en Bahía Blanca y con una pelota de básquet, en el club de la vuelta de mi casa, donde jugábamos al básquet con mis amigos”, aclara, el flamante presidente.

   Su apellido, en nuestra ciudad, hoy se relaciona más con Mauro, su hermano menor, técnico del femenino de Alem, o con Alejandro, el del medio, y que despunta el vicio jugando la Maxi Liga.

   Durante estos 30 años, Víctor jugó en Aldosivi, donde permaneció cuatro años.

   Después, laboralmente se vinculó al comercio exterior, haciendo carrera en el puerto, por lo que ahí, definitivamente, “ancló” en Mar del Plata.

   Mientras tanto continuó, entre idas y vueltas, jugando en Unión, Atlético Mar del Plata, Kimberley y Peñarol, su último club.

Olimpo, Cadetes. Parados, Víctor Lacerenza, José Fruet, Gonzalo Topini, Darío Pérez, Diego Recio y Darío Pratdessus. Abajo: Adrián Martín, Marcel Elía, Dino Berdini, Diego Hernández, Sebastián García y Alejandro Lacerenza.

 

   Sus recuerdos lo remontan, básicamente, a su infancia en La Falda -“mi club”, asegura- y la consolidación en Olimpo, donde llegó a jugar 9 partidos en la Liga Nacional, entre la temporadas '89 y '90.

   “Me dirigieron Tite Boismené, Juan Andrés (García) y Paquito Alvarez”, puntualiza.

   Y, también, rememora su participación con Bahía.

   “Jugué en todas las selecciones y gané todos los Provinciales”, recuerda.

Víctor, campeón Provincial de Preinfantiles. Bahía igualó en posiciones con Mar del Plata, con quienes comparte el festejo.

 

   En 2012 se vinculó a la AMB y un año más tarde se dedicó full time. Hace tiempo que, paralelamente, se dedica al rubro repuestos de automóviles.

   “En 2012 vivía mitad de tiempo acá (Mar del Plata) y mitad en Bahía por trabajo. Me convocó Pablo (Huarte, ex presidente), a través de Jorge Dasso (a quien reemplaza) que es mi amigo. Estuve tres años viviendo entre el sur, Bahía y acá, hasta que quería largar todo, acomodé todo y me vinculé como empleado de la AMB, cumpliendo funciones hasta el 5 de mayo”, detalló.

   Continuando desde adentro y con más poder de decisión del que tenía, que de por cierto era importante, a partir de ahora tendrá la última palabra.

   “Vamos a continuar con el proyecto que venimos desarrollando desde hace casi 10 años. Yo –contó- estaba como empleado administrativo, pero siempre en la mesa chica, tomando decisiones”.

   —¿Cómo está el básquetbol marplatense?

   —Tenemos dos clubes menos, que dejaron de hacer básquet. Los que tenían poca participación en las categorías menores, la pandemia los terminó de liquidar. Ahora sumamos a Alvarado y, además, acá funcionan muchas escuelas privadas. Queremos que sean la base de la pirámide, para generar chicos a los clubes.

   —¿Cuántos jugadores tienen afiliados a la AMB?

   —Hasta 2019, de U13 en adelante había más de 1.500, sumados al minibásquet y las escuelas. Acá competimos mucho con lo privado, que tienen escuelas, practican el deporte, pero no compiten oficialmente. Y después de los 10 o 12 años, generalmente, los chicos no se vinculan a los clubes.

   —Es decir, falta el arraigo con el básquetbol.

   —Claro, acá no hay pasión por el básquet, no se toma como el deporte de referencia. Los chicos hacen tenis, remo, básquet, o lo que sea, y después deciden.

   —¿Cómo es el vínculo de la AMB con Peñarol y Quilmes? ¿Existe alguna grieta con la Liga?

   —La grieta nace en los mismos clubes, donde Liga y local funcionan como dos administraciones.

   —¿Es decir, no se aprovecha lo que significan para el básquetbol marplatense estas dos instituciones?

   —Ese es el punto. Los dos equipos tienen que ser la bandera del básquet marplatense. Tenemos tres jugadores NBA, dos nacidos acá (Vildoza y Garino), más Campazzo que jugó desde Infantiles. Además, tenemos de los mejores entrenadores en categorías menores, por eso, no puede ser que no sumemos más de 10 clubes.

   —¿A qué lo atribuyen?

   —Mar del Plata es difícil. Tenemos un millón de habitantes y hay más de 30 clubes con cancha de básquet, aunque solo 10 están afiliados. Básquet compite mucho con otras actividades, por lo tanto hay que hacer un fuerte desarrollo.

Las camisetas de Campazzo, en un campus de Huevo Sánchez, en la Villa Marista.

 

   —La explosión de Campazzo y Vildoza, sumado a lo que logró Garino, ¿generó repercusión directa en el básquet local, más allá de la charla de café?

   —Los clubes hoy están al 70% de lo que tenían en 2019. Ahora, si vas a una plaza ves muchas camisetas de Campazzo (Denver) y ahora están esperando que salga la de Vildoza (New York Knicks). Entonces, hay que trabajar para llevar a los clubes a esos chicos que están en las plazas de los barrios. Acá hay muchas opciones y competimos con muchos deportes. Más allá de eso, desde hace muchos años no tenemos difusión y desarrollo fuerte.

   —Los equipos de Liga generalmente no reflejan la competencia local de sus ciudades. ¿Qué sucede en Mar del Plata?

   —En todos los clubes, los chicos de escuelita usan camisetas de Peñarol y Quilmes. Unión y Kimberley son clubes de barrio que tienen su identidad, pero la mayoría son hinchas de Peñarol o Quilmes. Pero igual eso no se aprovecha. Hay que buscarle la forma para crecer en conjunto.

Mar del Plata, campeón de Mayores en 2000.

 

   —¿Saben ahí que sos bahiense?

   —Je. En estos años la única vez que vestí la camiseta de Mar del Plata como jugador fue en 2000, que salimos campeones Provinciales y nos dirigió el Negro Romano. Después, por decisiones propias o de otros, nunca jugué. Pero soy un fanático más de la selección de Mar del Plata, más allá de mi corazón bahiense. 

   —¿Se mira para Bahía en busca de ideas?

   —Siempre. En los últimos años compartimos mucho, tanto en la parte administrativa como organizativa, torneos o selecciones. Además, venimos siendo competidores directos. Pero siempre se mira a Bahía, no hay forma de no hacerlo. Siempre buscando sacar lo bueno.

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