Un volver a empezar

Viviana Albizu: “A veces me pregunto por qué...”

23/1/2021 | 06:30 |

A la histórica y referente entrenadora del básquetbol femenino de la ciudad le amputaron la pierna izquierda y se está readaptando a su nueva vida. A raíz de esto descubrió algo: “No sabía cuánta gente me quería”, confesó. 

Vivi en la cancha, su lugar en el mundo. Fotos: Emmanuel Briane y archivo-La Nueva.

 

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Nota publicada en la edición impresa)

 

   De un día para otro a Viviana le pidieron que decidiera la jugada más difícil que le había presentado la vida. El reloj corría. Ella tenía la pelota. Esta vez, afuera de la cancha, lejos del banco de suplentes. Se trataba de su futuro. 

   “Se me habían tapado las arterias de la pierna y llegó un momento que los médicos me dijeron que tenía que decidir”, rememora.

   Su vida corría riesgo si no le amputaban la pierna izquierda. Y no dudó. Como cuando elige a una de sus jugadoras y le da toda la responsabilidad para definir el partido. 

   Entró al quirófano una vez y la infección seguía. La segunda, tampoco pudieron controlarla. Hasta que la tercera fue la vencida. 

   “La verdad, no terminaba más”, cuenta, resignada y con cansancio de tanta carga emotiva.

   Este largo partido comenzó después de realizarse algunos controles de rutina.

   “Mediante los análisis me diagnosticaron diabetes y ahí me medicaron. Un día –recuerda- estaba limpiando el patio, con ojotas, me lastimé, se me infectó la herida y no pudieron pararla”.

   Viviana Albizu es una histórica entrenadora de básquetbol en nuestra ciudad, referente, abanderada de una actividad por la que lleva años luchando. Y en la que esta situación extrema y movilizadora, le permitió descubrir que detrás tenía un equipo numeroso y sumamente valioso, superando a cualquiera de los muchos con los que fue campeona. Todos se sumaron al #JuntosPorVivi

   “Me sacaban sangre todos los días y las enfermeras me decían que era famosa, je. Y yo no entendía. Hasta que me fui interiorizando de lo que se había generado; la gente me fue contando y creo que todo eso me está dando la fuerza en el día a día. El ánimo que me transmiten me ayuda a pasar mejor todo esto”, resalta.

   Su voz se entrecorta. Se mezclan sensaciones, emociones... Es todo muy fuerte. Es, a los 52 años, un antes y un después.

   —¿Qué significaba el básquet para vos?

   —Mi vida.

   —¿Hoy, por encima de la entrenadora, lo valorás aún más por estas muestras de cariño que recibís?

   —Sí, el básquet es mi psicólogo constante. Ya empecé a hablar con las chicas, a planificar los entrenamientos a partir de febrero. Ya fui al club, hablé con los padres y todo eso, de alguna manera me hace olvidar lo que estoy viviendo.

   —En realidad, la vida continúa y tenés todo para continuar a un ritmo casi natural.

   —Sí, pero en algunos momentos es duro. A veces me pregunto por qué, o por qué no me puse zapatillas en vez de ojotas, por qué me lastimé... Pero bueno, también en el día a día están las jugadoras que me escriben, los padres, los entrenadores, la Asociación, los jugadores que no conozco y me muestran su afecto, entonces también digo, “esto es por algo”.

   —¿Alguna vez habías dimensionado todo lo que tenías sembrado?

   —No. Es tremendo...

   —De ser la entrenadora de los equipos a los que todos los rivales querían ganarle, te convertiste en la persona de la cual todos buscaban estar cerca, sumarse, ayudar...

   —Uno sabe que todos siempre quieren ganarle al favorito. Pero no sabía cuánta gente me quería, la que hoy está cerca, la que me pide que vuelva a la cancha y que me transmiten mucho cariño. Quiero agradecer a todos los que preguntaron, colaboraron y a los que están siempre presentes.

   —¿Sacaste fuerzas de donde no tenías o estás respondiendo de acuerdo con tu personalidad?

   —A mi hermana le pasó lo mismo y hace dos años que tiene una prótesis, por eso reaccioné rápido cuando me lastimé. Si bien tengo altibajos, la kinesióloga (Vanina Rodríguez) es amiga y me alienta. Ahora estoy con permanentes controles, perdí masa muscular, se me cae el pelo, pero bueno, es todo de lo mismo.

   —Me imagino que estar cerca del deporte también suma.

   —Sin dudas. Y ahora que salí del hospital, es lo que necesito, ir a la cancha, salir... Yo prácticamente no vivía en mi casa, estaba todo el día en la cancha. Y ahí voy a estar bien, además de ir aprendiendo día a día.

   —¿Tomás ejemplos de gente vinculada al deporte que está con alguna limitación física?

   —Sí, aunque cuando te pasa es aprender día a día; es más difícil de lo que uno ve. Pero le busco la vuelta para movilizarme. Es duro, pero me aseguran que voy a poder a volver a hacer vida normal. Por ahora, me sacaron los puntos, por lo que puedo ir haciendo la prótesis, lo cual me pone contenta y me ayuda anímicamente. Es lo que me alienta, porque hoy por hoy estoy en una silla de ruedas y es incómodo no tener total independencia. Ahora es aprender a caminar de nuevo y a movilizarme, pero la recuperación está siendo más rápida de lo previsto y eso me motiva.

   —Las chicas te esperan, ¡eh!

   —A las más chiquitas (de El Nacional) no puedo dirigirlas, porque hay que mostrar movimientos y así estoy limitada. Pero la otra entrenadora que está conmigo (Josefina Calvento) va a dirigir varias categorías y yo quedaré de asistente. Y la Primera sí voy a dirigirla. 

   —¿Cuál es tu sueño?

   —Seguir dirigiendo, ser buena entrenadora, llegar a las selecciones nacionales (ya formó parte en alguna concentración) y seguir trabajando con las selecciones de Bahía.

   Vivi está ganando otro partido. No es uno más. Es "el partido".  Ella ya es ejemplo de superación.

   El ambiente del básquetbol la aplaude. ¿Qué más puede pedir...?

Hablemos de básquet

   —¿Cómo viviste el ingreso de Laura Cors al staff técnico de Bahía Basket?

   —Hablé con ella y es una gran alegría. Es una chica que sabe mucho y luchó mucho por el femenino. Su presencia en la Liga y con la participación que tiene, para las mujeres significa subir un escalón. Ya había estado Bernardita (Marcocci) como asistente en 9 de Julio y es muy bueno que las mujeres empecemos a pisar un poco más fuerte.

   —¿Confiás en que se pueda encaminar el básquet femenino?

   —Ojalá. Cada vez que se cambian los entrenadores (pasó en la CABB), se renueva la ilusión. A la vez, todo se está abriendo más y esperemos que, de una vez por todas, el femenino siga subiendo escalones. Creo que vamos por el buen camino. No podemos esperar que cambie todo de un día para el otro. En Bahía hay que empezar a trabajar las divisiones formativas e intentar involucrarnos en los colegios.

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