¿Qué impacto tiene el costo de arrendamiento en la rentabilidad agropecuaria?
Con un mercado actual que no garantiza subas, capturar precios en momentos puntuales resulta clave para revertir una ecuación negativa.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
En un contexto donde los costos de arrendamiento y el estrés hídrico han elevado el rendimiento de indiferencia, la capacidad de maniobra financiera se ha reducido y, por ende, se torna crítica la gestión comercial del negocio agropecuario en el país.
Esta es una de las conclusiones del último informe del Grupo Cencerro, desde donde se agrega que el alto valor de la tierra y los precios de agroquímicos y labores han aumentado la vulnerabilidad de los planteos productivos en caso de mermas en la producción.
De esta manera, la pregunta para quien está en el sector se cae de maduro (dando por sabido, entonces, que uno de los principales desafíos de esta campaña es la estructura de costos): ¿qué impacto tiene el costo del arrendamiento en la rentabilidad del productor?
Ahora, veamos cuáles son las variantes que provoca que ese costo sea una de las variables críticas que define la rentabilidad en la actual campaña agrícola:
—Elevación del rinde de indiferencia: el alto valor de la tierra incrementa de manera directa la cantidad de grano necesaria para cubrir los costos de producción. Esto reduce drásticamente el margen de maniobra del productor y aumenta la vulnerabilidad del negocio ante cualquier caída en los rendimientos o mermas productivas.
—Factor decisivo en la soja: en este cultivo, el arrendamiento es un factor determinante de la disparidad económica. Aunque los rendimientos pueden ser homogéneos entre diferentes zonas, es la estructura de costos (liderada por el valor de la tierra) la que define si el resultado final es exitoso o no.
—Márgenes extremadamente ajustados: en esquemas productivos con arrendamientos elevados o en zonas con mayor riesgo, los márgenes de rentabilidad se vuelven extremadamente finos, por decirlo de algún modo, llegando en algunos casos a valores inferiores a los 50 dólares por hectárea.
—Margen de seguridad: por el contrario, cuando el valor del arrendamiento es significativo, pero permite fijar un rinde de indiferencia razonable —como el caso del NEA, con 2,1 toneladas por hectárea—, se otorga un margen de seguridad sólido al planteo productivo (protegiendo mejor la rentabilidad final).
Esta presión de costos, según precisa el Grupo Cencerro, genera realidades muy dispares:
—Maíz: presenta una gran heterogeneidad. Mientras en la zona núcleo se proyectan rentabilidades superiores al 40 %, en la región pampeana norte los márgenes se ven condicionados por los altos costos (oscilan entre los 15 y 469 dólares por hectárea).
—Soja: aunque los rendimientos son homogéneos, el costo del arrendamiento es el factor que determina si el resultado es positivo o negativo.
—Girasol: se posiciona como una opción más estable y defensiva, con buenos márgenes en el sur bonaerense y en la provincia de La Pampa, impulsado por una demanda global que se recuesta sobre la oferta argentina ante el ajuste de stocks en el hemisferio norte.
En este escenario de márgenes ajustados, se advierte que la estrategia comercial no puede esperar a subas de precios que el mercado no promete de forma sostenida.
De acuerdo con la consultora sobre gestión agropecuaria, anticipar ventas y capitalizar las ventanas de oportunidad que surjan durante el venidero noviembre es fundamental por las siguientes razones:
—Falta de tendencia alcista: al no haber expectativas de subas constantes en los precios internacionales, es vital capturar las mejoras puntuales que ofrezca el mercado para asegurar la rentabilidad.
—Márgenes finos: en zonas como el NEA, o en campos con altos arrendamientos, los márgenes pueden ser inferiores a los 50 dólares por hectárea, lo que deja un nulo margen de error frente a una caída de precios.
—Asegurar el rinde de indiferencia: con costos de estructura elevados, fijar precios de venta permite cubrir los gastos básicos y proteger el capital invertido frente a la volatilidad.
“La campaña 2025/2026 premia a quienes no solo logran buenos rendimientos agronómicos, sino a quienes ejecutan una gestión comercial activa. En un mercado que no garantiza subas, la captura de precios —en momentos clave— es la herramienta principal para transformar una campaña de altos costos en un negocio con resultados positivos”, se concluye.
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