“El campo no es solo un estilo de vida; es la actividad que crea riqueza de la nada”
El Ing. José Antonio Alvarez, productor y comunicador, aplica el concepto de fisiocracia a la hora de definir al sector.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
¿Qué es el campo? En más de una ocasión la pregunta retumba en oficinas de grandes decisores, más allá de todo lo que uno puede presumir al referirse a un sector que genera casi 6 de cada 10 dólares que ingresan a la Argentina en concepto de exportaciones. La respuesta contiene varias —y variadas— aristas, desde lo económico, social, cultural, histórico, geográfico y hasta idílico (si se pretende vincularlo a la naturaleza).
Una visión aproximada a la cuestión la aporta el Ing. en Prod. Agrop. José Antonio Alvarez, quien además de productor en nuestro país y en los Estados Unidos, es un referente comunicacional y, en algunos casos, hasta se lo considera un influencer del sector (con la firma de Bumper Crop).
“Ante todo, el campo forma parte de una actividad económica. Durante años se ha abusado del concepto de que es simplemente un estilo de vida para justificar la falta de rentabilidad asumiendo que la gente seguiría allí de todos modos”, admite.
“Es la actividad más importante del país, pero ha sido tratada peor que cualquier otro sector. Y esto ha generado un estancamiento, al tiempo que nuestros competidores seguían avanzando”, agrega Alvarez, en diálogo con La Nueva., durante una visita a Bahía Blanca invitado por el Ateneo Rural Bahía Blanca, que trabaja bajo el paraguas de la Asociación de Ganaderos y Agricultores local (AGA).
Con el fin de ampliar la opinión, Alvarez incorpora un término para valorizar sus argumentos en torno a la importancia del campo: fisiocracia (RAE: doctrina económica del siglo XVIII que atribuía a la naturaleza y a la agricultura el origen de toda riqueza).
“El vínculo real entre la producción agropecuaria y la sociedad argentina es vital, aunque a veces no se lo reconozca. De las 800.000 empresas que existen en el país, unas 250.000 pertenecen al sector. Y aquí es donde siempre me refiero a la fisiocracia; esto es, la idea de que hay muy pocas actividades que crean riqueza donde antes no había nada, como es el caso de la producción de alimentos, así como de la energía y de la minería; el resto solo transforma esa riqueza”, explica.
También sostiene que, en nuestro país, la agroindustria representa el 85 % del dinero que ingresa y queda efectivamente en el país, lo que moviliza al resto de la economía.
“¿Que existe una estigmatización del sector? En realidad, esa concepción viene de un proceso de casi un cuarto de siglo por una presión fiscal que triplica a la de otros sectores”, dice.
“Para hacer digestible (sic) esa injusticia de sacarle al agro entre el 60 % y el 90 % de sus ganancias, se construyó un relato que, incluso, se introdujo en el sistema educativo al enseñar en manuales escolares falsedades como que exportar genera pobreza, o que el productor lucra envenenando a la población. Es decir, se busca convencer a la sociedad de que cobrarle el triple de impuestos al campo es justo, ya que no genera trabajo o porque daña el ambiente”, asegura Alvarez.
Desde 2003 a la fecha, el campo transfirió alrededor de 250.000 millones de dólares (casi la mitad de la deuda externa argentina) solo en concepto de retenciones directas. La idea de llevarlas a cero siempre se enfrenta a la contraprestación de esos recursos que dejarían de ingresar al fisco.
“Se pueden eliminar. Porque se compensan solas con el crecimiento de la producción”, sostiene Alvarez.
“Al quitar la distorsión de precios, la Argentina podría volver a crecer al 10 % anual y duplicar su producción en menos de una década. El Estado debe financiarse con el impuesto a las Ganancias, que es la base en todo el mundo desarrollado. Si el Estado grava la facturación, con las retenciones le pone un techo a la inversión. Si grava la ganancia, el productor invierte más y el Estado solo cobra cuando a la empresa le va bien, lo que permite que, incluso, zonas marginales como las ubicadas en torno al puerto de Bahía Blanca ingresen en producción”, propone.
Para el cierre, la propuesta es un dilema:
—¿Por qué producir alimentos para 500 millones de personas, como se calcula que generamos, no garantiza el plato de comida en la Argentina?
—El déficit alimentario en el país no responde a una falta de capacidad productiva, sino estrictamente a la ausencia de libertad económica. El hambre es, en realidad, un problema de desarrollo económico y de organización social. Está claro de que la producción global supera con creces la necesidad poblacional, pero la riqueza solo llega a la mesa cuando existen leyes claras y mercados libres, evitando que la economía sea manejada por unos pocos para obtener favores políticos. Hay países, como Japón, que no producen casi nada y no tienen hambre; y regiones de África que tienen recursos similares a los de Brasil pero no pueden alimentar a su gente.
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