La ley antideforestación, la carne vacuna y los consumidores: ¿dónde estamos?
Las nuevas exigencias de los mercados internacionales no prometen generar una crisis comercial inmediata. Al menos para la Argentina.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
“Nuestro país está muy bien posicionado. No solo tenemos uno de los mejores bifes de chorizo del mundo por su sabor, sino también por la sostenibilidad, la sustentabilidad y la trazabilidad, algo que se encuentra avalado por investigaciones científicas”.
La explicación del Ing. Agr. Javier Bifaretti, jefe de Promoción Interna del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), viene a cuento por los nuevos plazos de adaptación de la implementación de la ley antideforestación de la Unión Europea (EUDR, EU Deforestation Regulation) que, tras (inocultables) presiones de gobiernos y sectores productivos, la entrada en vigor ahora se deberá cumplir a partir del 31 de diciembre del corriente año, en el caso de los grandes operadores, en tanto que los más pequeños tendrán tiempo hasta mediados de 2027.
Esta restricción prohibirá la importación de carne vacuna que provenga de tierras que hayan sido deforestadas después del mes de diciembre de 2020. Incluso, para que el producto sea admitido los ganaderos deberán suministrar datos geolocalizados que demuestren que el origen del producto no esté vinculado a tierras con deforestación reciente.
¿La corrección será definitiva? No se sabe, pero la Unión Europea ha establecido un período de revisión para abril de este 2026, lo que genera un margen —puede suponerse— para eventuales retrasos o modificaciones en las exigencias actuales.
La cuestión no es menor en el caso de la Argentina por su condición de exportador de un producto premium como la carne vacuna de calidad (la medida también afecta al café, cacao, soja, aceite de palma, madera y caucho, entre otros), ya que los estrictos requisitos de sostenibilidad y trazabilidad para acceder al mercado europeo también incluye que los establecimientos tengan legalidad fiscal, laboral y que no haya conflictos con comunidades aborígenes.
“¿Cómo se comprueba? Existe lo que denomino Gran Hermano, que es cuando se utilizan imágenes satelitales con precisión de parcelas de 30x30m; esto es transparencia. Además, se usa información del Senasa y de los registros del RESPA y el DTE para alimentar la plataforma VISEC Carne, que es la solución que actualmente mejor garantía de calidad está otorgando a los importadores europeos. En tal sentido, entiendo que el sistema de información argentino es uno de los más robustos”, agrega Bifaretti.
VISEC Carne es una plataforma creada por los principales actores de la cadena de ganados y carne vacuna del país para establecer la estrategia de cumplimiento del Reglamento 1115/23 de la Unión Europea. Importante: como no se trata de un requerimiento de cumplimiento asumido por el Estado, la eventual certificación será emitida desde el sector privado y por entes locales o internacionales independientes a los esquemas, con reconocimiento y cumplimiento de estándares internacionales.
El tema relacionado con la trazabilidad cobra relevancia en estas configuraciones.
Bifaretti —en diálogo con La Nueva.— lo explica de esta manera: “El punto crítico es que los polígonos de los establecimientos (RESPA) se encuentren correctamente dibujados en el sistema del Senasa, ya que si no lo están se invalidará el análisis satelital de toda la cadena. Además, la tendencia es ir hacia una trazabilidad individual electrónica (NdR: un camino que se inició en la Argentina este 1 de enero), ya que la Unión Europea va a terminar exigiendo garantías animal por animal. No basta con que el campo esté habilitado, porque un establecimiento apto podría recibir animales de otros campos que sí hayan tenido deforestación”.
Las nuevas exigencias de los mercados internacionales lejos parecen generar una crisis en el caso de los países productores de alimentos que, además de exportadores, poseen un fortalecido mercado interno. La carne vacuna en nuestro país es un caso puntual.
“¿Cambio de leyes o exigencias del consumidor? En realidad se trata de una oportunidad porque los consumidores, especialmente en generaciones más jóvenes, ya no solo buscan las características organolépticas, como el sabor y la ternura que hicieron, y hacen, famosa a nuestra carne. Ahora quieren que les demuestres que sos amigable con el medio ambiente, que no usás antibióticos y que aplicás tecnología para garantizar la sostenibilidad. Y, hoy, nosotros tenemos todas las respuestas en ese sentido”, asegura Bifaretti.
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