Bahía Blanca | Viernes, 09 de enero

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La ganadería argentina es candidata al Martín Fierro de Oro

Se trata de uno de los sectores a los que mejor les fue en 2025. Y que promete, cuando menos, mantener la tendencia en el corriente año.

Producción ganadera en el distrito de Bahía Blanca. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

No son pocas las razones por las cuales la ganadería en la Argentina ha recobrado semejante impulso en los últimos meses, aunque cierto es que ni el más optimista de los productores se hubiera animado a predecir.

Está claro que los contextos siempre han sido complejos para una actividad que requiere de un marco de previsibilidad y reglas claras para el desarrollo de prolongados ciclos biológicos en medio de una inversión a cielo abierto.

Así entonces, precisiones respecto de esta cuestión aparecen en el último informe del Rosgan, donde, justamente, se asegura que el ganadero es uno de los grandes triunfadores del sector para el año que terminó hace unos días.

En tal sentido, se cita como excepcional al eslabón primario en razón de:

—Condiciones climáticas que, en términos generales, jugaron un rol clave para la producción a campo.

—Contexto macroeconómico más estable (que comienza a incentivar la planificación de largo plazo).

—Mercado con valores excepcionales para la mayoría de las categorías. Esto permitió recuperar rentabilidad en un escenario que, aún, continúa siendo desafiante en materia de costos.

Otra visión, no menos importante, se brinda a partir de los récords respecto de los últimos 20 años (siempre medidos en dólares) que aparecieron en casi todas las categorías:

—El precio del ternero de 160 a 180 kilos se ubica un 86 % por encima del promedio del período 2005–2024.

—El valor del novillito liviano (de hasta 390 kilos) está un 56 % por encima.

—El precio del novillo se encuentra un 70 % superior al promedio. Incluso, en los últimos doce meses —medidos a este noviembre— todas las categorías registraron aumentos superiores a la inflación.

Más allá del clima y de las decisiones de los gobiernos de turno (sobre las exportaciones, por ejemplo, pero ahora también respecto de reformas estructurales en materias impositiva y laboral), el sector ganadero se mueve, sustancialmente, en base a expectativas. Y lo cierto es que, hoy por hoy, son inmejorables.

“El escenario conforma el marco de un cambio de época que ya se refleja en las expectativas del sector. Resulta particularmente virtuoso que la mejora aparezca en un año de buenos márgenes, ya que, en la medida en que esta fuente genuina de ingresos se consolida y aumenta la confianza, se generan mayores incentivos para la capitalización en hacienda dando inicio a la esperada y postergada fase de retención”, se indica desde el Rosgan.

También que, si bien la cantidad de terneros logrados por animal ha mostrado una leve mejora con el correr del tiempo, el número total de nacimientos continúa limitado por el tamaño del rodeo (alrededor de 22 millones de vacas).

“La mayor zafra de terneros de los últimos 15 años se registró en 2022 —previo a la sequía— con 15,1 millones de cabezas, frente a una producción actual de 14,6 M; es decir, 500.000 terneros menos. En este sentido, un menor número disponible al inicio del ciclo limita, lógicamente, la reposición a lo largo de toda la cadena de engorde, impactando posteriormente en la oferta de animales terminados para la industria y, por ende, en la disponibilidad de carne tanto para el consumo interno como para la exportación”, se explica.

Pero también hay un lado B. Siempre.

Desde el Rosgan se sostiene que un escenario de oferta limitada, con un mercado internacional con extrema demanda y con valores históricamente elevados, obligó a la exportación a trasladar gran parte de esa mejora de precios al productor. ¿Por qué? Para asegurar niveles de abastecimiento que permitieran sostener la actividad.

No obstante, hacia el cierre del año, varias plantas frigoríficas —especialmente aquellas orientadas a la exportación— optaron por reducir su actividad, adelantando paradas anuales con el objetivo de mitigar los quebrantos acumulados.

Del mismo modo que, para la industria en particular, la situación plantea un desafío significativo de cara al próximo ciclo.

“En otras palabras, si los pronósticos se consolidan, el año 2026 debería marcar el inicio de tan esperada fase de retención. De ser así, se tensionará aún más el aprovisionamiento de la industria y obligará a maximizar la eficiencia operativa en todos sus aspectos, desde la compra de hacienda hasta la elección de los destinos comerciales”, se concluye.

Como se aprecia, todo está por verse. Recién en los meses venideros comenzarán a desgranarse las expectativas aludidas (más allá de la sensación, para los ganaderos, de estar en el camino correcto).

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