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De carne (e impuestos) somos: la presión ya está cerca del 30 %

La carga fiscal continúa siendo un componente determinante. Viene en ascenso desde 2025 (25,4 %) y aun desde 2024 (22,3 %).

Un corte del producto icónico de la mesa de los argentinos. / Fotos: Emilia Maineri-La Nueva.

Una vuelta de tuerca respecto del precio de uno de los alimentos emblemáticos de la mesa de los argentinos, la carne vacuna, puede inferirse a partir del último informe elaborado por los economistas de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), donde se arroja luz sobre la compleja estructura de costos que la rodea.

El dato más relevante que se desprende del estudio es que el 28 % del precio final corresponde, en el caso del primer trimestre del corriente año, con exclusividad a impuestos. La referencia no es menor a poco que se establece una comparación: para el año 2024 fue del 22,3 % y para 2025 llegó hasta el 25,4 %.

Ahora bien. Para entender cómo se llega al precio que paga el consumidor al final del eslabón de la comercialización, hay que sumar a los dos restantes ítems que componen la totalidad del costo. Por un lado están los referidos a los operativos de la cadena, que representan el 51 % y, por otro, a los márgenes de ganancia de los distintos actores involucrados (que llegan al 21 %).

En términos generales, si se analiza el proceso desde los corrales hasta la mesa, la cadena productiva y comercial en su conjunto explica el 72 % del precio al consumidor. Es decir, se deja el citado 28 % restante en manos del Estado a través de diversos tributos.

De ese mismo porcentaje actual que se va al fisco, que son impuestos directos que paga la cadena, se aprecia que el 75 % corresponde a tributos nacionales; el 19 % a provinciales y el 6 % a municipales.

Puntualmente dentro de la composición impositiva, el IVA es el impuesto de mayor peso, al representar al 37,3 % del total. Salvedad: esta proporción es inferior a la registrada en la cadena de la leche (66 %) y cercana a la observada en la cadena del pan (44 %).

Se trata de diferencias que, en primer término, se presentan en razón de que la carne y el pan tienen un IVA reducido del 10,5 % y la leche afronta una alícuota del 21 %. En segundo lugar, el Impuesto a las Ganancias que aporta el 27,2 % (seguido por el Impuesto a los Ingresos Brutos, con un 14,9 %).

En el análisis sobre la composición del precio de la carne bovina se consideró —también desde la FADA— que el precio de venta de cada eslabón es tomado como costo de entrada para el siguiente. Dado que el objetivo es reflejar la realidad promedio de la producción primaria, industrial y comercial de la cadena cárnica, es importante señalar que no existe un único mercado de ganado, carne o subproductos.

Se concluye que la cadena presenta diversidad en tecnologías y escalas de producción, lo que genera diferencias en los márgenes netos de acuerdo con la eficiencia de cada eslabón y las particularidades regionales. Estas variaciones explican la existencia de múltiples estructuras de precios dentro del sector.

Para facilitar la interpretación, los precios a la salida de cada eslabón se expresan de dos maneras. Veamos:

—Precio de venta directo (tal como se comercializa el producto).

—Precio equivalente por kilo al mostrador (aplicando los rendimientos correspondientes para reflejar el valor final que paga el consumidor).

En otro aporte colateral, el análisis permite desgranar cuánto aporta cada etapa de la cadena al valor final de la carne (aquel 72 %) en relación a los cuatro ítems decisorios. Veamos:

—Etapa de cría: es el eslabón de mayor peso, representando el 35 % del precio.

—Feedlot: el engorde a corral aporta un 16 % a la composición del valor.

—Industria frigorífica: el sector representa solamente el 1 % del precio final.

—Comercialización (en lo referido a las carnicerías): se trata del último tramo de la cadena, donde el producto que llega al público explica el 20 % del valor.

Estas cifras ponen de manifiesto que, más allá de las variaciones en los costos productivos y la eficiencia de los establecimientos, la presión fiscal sigue siendo (cada vez más) un componente determinante en la formación de precios del sector cárnico en el país.

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