“En ganadería el secreto es producir con el pasto que tenemos”
Para el Méd. Vet. Juan Martín Narbaitz, el productor del SOB debe trabajar con biotipos adaptados para que el sistema sea sostenible en el tiempo.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
Hacer ganadería en el sudoeste bonaerense implica involucrarse si lo que se pretende es hacerlo con sustentabilidad y sostenibilidad. Es algo que, al final del día, presume una eventual rentabilidad (un aspecto que en los tiempos que corren parecen estar resueltos, siempre y cuando se cumplan los objetivos mínimos de la empresa agropecuaria).
En tal sentido, el Méd. Vet. Juan Martín Narbaitz traza estrategias para optimizar la producción en regiones de cría con ecosistemas frágiles y recursos limitados (léase SOB). Así entonces, de su experiencia en nuestro ambiente precisa que el éxito reside en seleccionar vacas de biotipo pequeño, las cuales están mejor adaptadas para sobrevivir y reproducirse de manera eficiente utilizando únicamente el pasto natural disponible.
“La propuesta se centra en comprender qué biotipo de vaca necesitamos para trabajar en regiones de cría con ambientes que son, por naturaleza, muy frágiles. Hoy vemos algunos campos espectaculares, pero la realidad es que suelen tocar diez años de sequía por cada dos buenos como el actual”, explica.
—Ante esa fragilidad del ambiente, ¿cuáles son las claves para que el sistema sea eficiente?
—Entender que hay que hacer funcionar a las vacas con el pasto que el campo produce, porque esa es nuestra materia prima. Con los costos actuales de los fletes, no es sencillo ni barato importar comida de afuera. Necesitamos una vaca capaz de cumplir todo su ciclo, desde la cría hasta que tenga reservas para volver a preñarse cada año durante mucho tiempo. El objetivo final es un ternero pesado en relación al peso de la madre, lo que se traduce en mayor producción de carne por hectárea.
—¿Por qué a veces al productor le cuesta aceptar el concepto de vaca chica?
—Porque el tamaño impacta visualmente y existe la creencia de que una vaca más grande dará un ternero más grande. Pero en estos ambientes, esa vaca grande no logra manifestar el potencial genético porque el ambiente manda. Lo único que logramos es tener un animal con requisitos de mantenimiento mucho más altos, que pierde condición corporal, atrasa su parición y finalmente queda vacía.
No existe una fórmula matemática rígida o un porcentaje fijo para determinar el peso ideal del ternero (según la madre), sino que el objetivo se define por la eficiencia productiva del sistema. La clave, según Narbaitz, pasa por los siguientes puntos:
—Relación de peso: el objetivo es que la vaca logre destetar un ternero que sea lo más pesado posible en relación al peso de la propia madre.
—Eficiencia de la madre: más que buscar un peso absoluto, se busca una vaca que, con el pasto que el campo produce, sea capaz de criarse, parir, criar a su ternero y mantener reservas suficientes para volver a preñarse cada año.
—Limitación del ambiente: en los frágiles, intentar producir terneros muy grandes a través de vacas de mayor tamaño suele ser contraproducente.
—Uso de cruzamientos: la idea es mejorar el peso del ternero sin aumentar el tamaño de la madre, lo que afectaría la relación de peso ideal. “Lo ideal es utilizar toros terminales o cruzamientos. Esto permite aprovechar el vigor híbrido para obtener kilos extra de carne por hectárea sin comprometer la rusticidad del biotipo materno”, explica Narbaitz, en diálogo con La Nueva.
—Entonces, ¿la genética de alto crecimiento no tiene espacio en la cría?
—Tiene su lugar, pero hay que saber dónde usarla. Lo que nosotros decimos es que a la vaca no hay que meterle velocidad de crecimiento. Debemos cuidar el biotipo de la madre para que sea adaptado y rústico. Si queremos aumentar los kilos de los terneros, podemos usar toros terminales o realizar cruzamientos para aprovechar el vigor híbrido.
—En la práctica, ¿qué ventajas ofrecen estos cruzamientos?
—Se genera vigor híbrido y complementariedad entre razas, lo cual es gratis, por decirlo de alguna manera, y nos da kilos extra de carne por hectárea. El punto crítico es qué hacemos con las hembras resultantes. Si cruzamos con Hereford o Shorthorn, esa hembra F1 (NdR: resultado directo del cruce de dos razas puras diferentes; genéticamente, es el 50 % de cada una) puede ser una excelente madre. Pero si buscamos un crecimiento extremo con continentales como Limousin o Charolais, ese animal debe ir a la invernada. Si dejamos esa descendencia como madre en estos campos, no va a resistir por su excesivo tamaño y requerimientos.
Para Narbaitz, eficiencia y convicción debe estar íntimamente relacionadas para que el ganadero tenga éxito: “Hay que estar convencidos de que una cosa es lo que queremos y otra es lo que realmente podemos hacer en nuestro ambiente. Y por eso trabajar con biotipos adaptados es lo que permite que el sistema sea sostenible en el tiempo”.
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