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El Niño: ¿de qué manera impactará en los campos de la región?

Las perspectivas climáticas presumen la continuidad —por tercer año consecutivo— de un ciclo húmedo (aunque no todas sus consecuencias).
 

El fenómeno presentará una combinación de efectos positivos y negativos (según cada zona). / Fotos: Archivo La Nueva.

No son pocos los modelos predictivos —de expertos, y también de productores— que argumentan fuertes indicios de un episodio El Niño de considerable intensidad para los meses venideros, con seguridad, y con una presencia indisimulable a partir de semanas por venir.

¿De qué se trata? Es un evento climático caracterizado por un calentamiento anómalo en las aguas del océano Pacífico que, finalmente, provoca impredecibles cambios en los vientos y en los patrones de lluvias del planeta, así como condiciones meteorológicas inusuales.

Si bien versiones alarmistas sugieren que esta vez podría ser el más extremo de los últimos 140 años, la mayoría de los especialistas advierten —entre ellos desde la Bolsa de Cereales de Buenos Aires— que aún no existen indicadores suficientes para confirmar o descartar tales proyecciones, subrayando la necesidad de un monitoreo constante para definir las estrategias productivas. En este sentido, lo única certeza es que no se termina de precisar el grado de magnitud del fenómeno.

También es cierto que El Niño no afecta(rá) a todo el territorio por igual, presentando una combinación de efectos positivos y negativos según la zona. Para lo que nos ocupa, que son las zonas marginales del oeste, se entiende que podrían ser las más beneficiadas al transitar de un estado subhúmedo a uno húmedo, lo que terminará incrementando la capacidad productiva (con mínimos efectos negativos).

Para el área agrícola principal del país se aguarda que pase de una condición húmeda a muy húmeda, lo que favorecería grandes volúmenes de producción (si los niveles de agua son razones).

Mientras tanto, para las zonas marginales del este el panorama es más complejo, ya que pasarían de condiciones muy húmedas a híper húmedas, lo que presume aumentar significativamente el riesgo de excesos hídricos.

Más allá de los parámetros que surgen de los modelos, la presencia de El Niño infiere desafíos no solo operativos y sanitarios, sino todos los relacionados con los aspectos productivos de millonarias inversiones a cielo abierto (de altísimo riesgo).

Esto es así porque, a pesar del optimismo por los posibles rendimientos, el exceso de lluvias trae consigo serias complicaciones. Entre los principales riesgos identificados se encuentran el desborde de ríos y arroyos, así como inundaciones en áreas extensas.

Desde el punto de vista agronómico, un ambiente con alta humedad es propicio para la proliferación de malezas, plagas y enfermedades. Además, se prevén dificultades logísticas que podrían afectar —puntualmente— las labores de implantación, cosecha, acondicionamiento y transporte de granos.

Un dato clave para la planificación es que la intensidad teórica del fenómeno no siempre se traduce de forma directa en la magnitud de sus daños. Históricamente, se han registrado eventos fuertes con efectos moderados (y viceversa).

Por ejemplo, aunque se apunta a una fuerte intensidad, para esta temporada las proyecciones sugieren —también según la Bolsa de Cereales porteña— que El Niño no afectaría de forma significativa a zonas donde su acción suele ser negativa, como el NOA y el oeste de la región chaqueña.

Otra confirmación del arribo de El Niño fue realizada desde la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA), cuando corroboró temperaturas de la superficie del mar por encima del promedio en el Pacífico. Asimismo, algunos trabajos del organismo precisaron que existe un 63 % de probabilidades de que se produzca un fenómeno muy intenso entre los meses de noviembre del corriente año y enero de 2027, algo sobre lo cual recién se tiene registro hacia 1950.

De todos modos, se concluye que las consecuencias, más allá de la circunstancia oceánica-atmosférica, pueden variar de manera considerable en los distintos países e, inclusive, en diferentes regiones.

Para el caso de la zona productiva en torno al puerto de Ingeniero White, la recomendación para el sector agropecuario es mantener la cautela y ajustar los planteos productivos conforme evolucione el desarrollo del evento, a partir de la existencia, hoy, de herramientas adecuadas para predecir condiciones climatológicas extremas.

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