Juan Torres Fernández: el saxofonista bahiense que hizo de su música un camino
Con tres discos editados y una destacada trayectoria en la escena del jazz, combina su faceta autoral con actuaciones junto a algunas de las figuras más reconocidas del país.
Periodista y comunicadora digital. Forma parte del equipo de redacción de La Nueva desde 2022, donde cubre eventos locales, nacionales e internacionales, generando contenido para las ediciones impresa y digital, además de sus redes sociales.
A lo largo de su carrera, compartió escenarios con artistas como Lali, María Becerra y Fabiana Cantilo. Hace pocos meses fue nombrado embajador en Argentina de Selmer París, una de las marcas de saxofones más prestigiosas del mundo. Sin embargo, cuando le preguntan a Juan Torres Fernández qué es lo que más lo representa como músico, la respuesta apunta hacia otro lado: “Lo que más me gusta es escribir mi música y tocarla”.
A los 40 años, el saxofonista nacido y formado en Bahía Blanca lleva editados tres discos —Tráfico (2017), Cambios (2022) y Azul Cristalino (2025)— y desarrolla una intensa actividad en el mundo del jazz. Las actuaciones junto a artistas populares son una parte importante de su trabajo, pero no el centro de su búsqueda artística.
“Mi participación en la escena del jazz argentino es lo que más me gusta hacer. Si me preguntás qué imagino para el futuro, la respuesta es seguir escribiendo música y grabando discos. Eso es lo que más me apasiona y hacia ahí apunto”, le dijo a La Nueva.
Detrás de ese recorrido hay una historia que comenzó mucho antes de los grandes escenarios y que tiene sus raíces en Bahía Blanca. “La música estuvo siempre”, resumió.
Su vínculo con ella nació en el ámbito familiar. “Yo me relaciono con ella desde recién nacido. Mis viejos y mi hermano mayor siempre estuvieron vinculados de una manera recreativa y lúdica con la música en casa”, explicó.
A los ocho años empezó a tocar la guitarra con algunas enseñanzas de su padre. Pero el instrumento que terminaría definiendo su camino apareció poco después. “A los 12 fui al conservatorio. La idea al principio era estudiar guitarra y no pude entrar, pero cuando finalmente pude hacerlo empecé a estudiar saxo. Había visto un saxofonista en la televisión un día antes. Una cosa así”, contó.
Lo que parecía una decisión circunstancial terminó siendo determinante. “Una vez que empecé con el saxofón no largué más. Uno se encuentra con lo que le toca o no. Bueno, a mí me pasó de encontrarme”, explicó.
Durante su adolescencia la vocación comenzó a tomar forma. Mientras cursaba el secundario ya sabía que quería dedicarse profesionalmente a este mundo. "Cuando estaba haciendo el ciclo medio ya sabía que me quería dedicar a tocar. Terminé el secundario sabiendo que iba a seguir después la carrera", dijo.
Su formación estuvo ligada durante más de una década al Conservatorio de Música de Bahía Blanca y al saxofonista Sebastián De Amicis, con quien estudió desde sus comienzos hasta recibirse de profesor en 2007.
A la par, aprovechó cada espacio para seguir aprendiendo: "Con mi familia íbamos a la iglesia y ahí siempre había lugar para participar de la banda. Tocaba lo que hacía falta y aprendía. Toqué un poco la batería, un poco el bajo. Era una manera de seguir acercándome a la música”.
En ese camino hubo una presencia fundamental: sus padres, Enrique y Carmen. "Fueron los primeros que creyeron y me apoyaron ciegamente", sostuvo Juan. El respaldo fue mucho más que económico. "Me acompañaron desde lo anímico, incluso con un acto de fe enorme porque no tenían idea cómo se desarrolla un músico profesional. Era algo así como: '¿Querés hacerlo? Metele y después vemos qué pasa'", explicó con orgullo.
Con el título de profesor comenzó una nueva etapa. Durante dos años viajó regularmente a Buenos Aires para estudiar con el reconocido saxofonista Ricardo Cavalli, mientras seguía viviendo en Bahía: "A Buenos Aires venía una vez por mes para estudiar. Hice todo 2008 y 2009 de esa manera".
Finalmente, en 2010 se instaló de manera definitiva en la capital para cursar la carrera de jazz en el Conservatorio “Manuel de Falla”. Desde entonces construyó una carrera que combina la actividad docente, artística y profesional.
Uno de esos perfiles es el de músico sesionista, una tarea que lo llevó a participar de proyectos de algunos de los nombres más importantes de la música argentina. “Ser músico sesionista es ser un músico a demanda. Te preparás técnica y estilísticamente para poder participar de distintas formaciones cuando te convocan”, explicó.
La dinámica exige versatilidad y capacidad de adaptación: “Me ha pasado que me llamen durante el día para tocar esa misma noche”.
En los últimos años trabajó junto a Lali, María Becerra, Fabiana Cantilo, Los Pericos, Turf y Los Totora, entre otros artistas. “Son participaciones que recibo con muchísima alegría. Son artistas que tienen una trayectoria enorme y que forman parte de la historia de la música popular argentina”, sostuvo.
Además de la experiencia profesional, Torres Fernández destacó el aprendizaje que implica compartir escenario con figuras de ese nivel: “Lo que fui descubriendo es que son los artistas que son porque tienen algo especial arriba del escenario. Cuando arranca el show, entran en un modo en el que tienen que poner todo y eso se nota”.
Recordó especialmente uno de los recientes recitales de Lali en River Plate. “Desde la tarde hasta que terminó el show estuvo lloviendo muchísimo. Era difícil para todos. Pero Lali salió y lo dio todo. Eso también es un aprendizaje. Ver cómo alguien sostiene un espectáculo en esas condiciones te contagia”, manifestó.
Aunque disfruta de esas experiencias, Juan insistió en que representan solamente una parte de su recorrido. "Son participaciones hermosas, de las que aprendo muchísimo y que quiero seguir haciendo. Pero hay otro lado al que le dedico muchísimo tiempo, que es escribir mi música y desarrollarme desde lo que hago propio", dijo.
Ese trabajo tuvo recientemente un reconocimiento internacional cuando Selmer París lo eligió como embajador de la marca en Argentina. "Es una noticia que me puso muy feliz y que impulsa también todo este costado mío", afirmó.
A pesar de los años transcurridos desde su mudanza, Bahía Blanca sigue ocupando un lugar central en su historia: "Es mi casa. Es donde tengo el corazón".
Y cuando busca explicar los cimientos de todo lo que vino después, vuelve una vez más al mismo punto. "Mis primeros pasos profesionales los di en Bahía Blanca. Aprendí con grandes músicos de la escena local y el conservatorio me dio las bases para desarrollarme en cualquier parte. Lo que puedo hacer hoy y las herramientas que tengo vienen de ahí. Por eso siento muchísimo cariño, amor y respeto por todo lo que me dio", concluyó Torres Fernández.