Hacia 2035: el agro blinda su hegemonía exportadora frente a la energía y la minería
¿Hay que elegir entre el campo y los nuevos actores de la exportación? Desde la FPC sostienen que, en realidad, se trata de complementar los sectores.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
Habida cuenta de la relevancia histórica del sector agropecuario en nuestras exportaciones (aporta casi 6 de cada 10 dólares), no deja de ser menor el aporte que, coyunturalmente y por delante, ofrecerán las distintas cadenas relacionadas con la producción. En tal sentido, resulta interesante la postura planteada desde la Fundación Producir Conservando (FPC) que, básicamente, sostiene que la agroindustria es —y seguirá siendo— el corazón económico de la Argentina.
“Hacia el año 2035 el país no debe elegir entre el campo y los nuevos motores energéticos o mineros; en realidad, debe entender que el éxito de estos últimos complementa, pero no sustituye, la hegemonía de un sector que define la identidad productiva nacional”, se indica.
También que la tarea pendiente para el liderazgo político y económico es reconocer la importancia estratégica de este complejo exportador. Es decir, que potenciar la agroindustria no es solo una decisión sectorial, sino una urgencia nacional para asegurar un crecimiento sostenible, federal y competitivo que posicione al país como un actor ineludible en el mercado global del futuro.
En otras palabras (y dicho más de una vez): es el tren que vuelve a pasar.
Más allá de la agroindustria, en este tiempo se han sumado esos actores de la energía (léase Vaca Muerta, principalmente); la minería y la siempre latente industria del conocimiento.
Está claro de que la estabilidad macroeconómica de cualquier nación requiere de metas ambiciosas (sustentables en los tiempos que corren) que otorguen previsibilidad a la inversión. En este contexto, la FPC proyecta que las exportaciones agroindustriales alcanzarán un valor medio de entre 75.000 y 85.000 millones de dólares hacia 2035. Este crecimiento no es lineal ni inercial, sino que responde a una diversificación interna de la oferta exportable. Veamos:
—Expansión del horizonte granario: superando los techos productivos actuales mediante la innovación y la eficiencia.
—Fortalecimiento de la proteína animal: un salto cualitativo en las cadenas de las carnes y los lácteos con proyección internacional.
—Impulso de las economías regionales: el despliegue de las producciones locales con alto impacto en el territorio.
—Sofisticación del valor agregado: una apuesta por procesar la materia prima y capturar mayores márgenes comerciales.
“Esta estructura compleja demuestra que el liderazgo del sector no descansa en un commoditie volátil, sino en un entramado productivo resiliente. Lo verdaderamente disruptivo, sin embargo, surge al observar cómo este crecimiento absoluto sostiene la dominancia del agro en términos relativos”, se explica.
Desde la FPC también se plantea una paradoja: “Resulta tentador suponer que la irrupción de sectores novedosos, por decirlo de alguna manera, como la energía y la minería, terminará por desplazar a los tradicionales. No obstante, los datos contrastan con esta percepción: hacia 2035, y aun considerando el extraordinario desarrollo esperado en Vaca Muerta y en los proyectos mineros, la agroindustria continuará representando algo más del 50 % de las exportaciones totales de la Argentina”.
También se interpreta que mientras otros complejos son vistos —hoy— como promesas de alto impacto, la agroindustria es la realidad que garantiza que el flujo de divisas no dependa de proyectos de enclave, sino de una actividad con raigambre nacional.
Y va más allá: “El impacto de la agroindustria trasciende el balance del Banco Central (BCRA); es un tejido social que cohesiona al país. Mientras que la minería y la energía suelen operar bajo modelos de concentración geográfica —debido a la ubicación intrínseca de los recursos—, la agroindustria se distingue por su derrame territorial. Es una herramienta de desarrollo federal que conecta la producción primaria con la industria, la logística y la tecnología en cada rincón del mapa”.
Asimismo, que este modelo se sustenta en un trinomio de empleo eficaz que abarca puestos directos, indirectos e inducidos. Y que, al evaluar este fenómeno, se observa que la agroindustria no genera economías aisladas, sino que integra servicios y manufactura de manera capilar. Justamente, esta característica territorial es lo que convierte al sector en el principal garante de la estabilidad social y económica en las provincias, superando el alcance de sectores que, por su naturaleza, están limitados a zonas específicas de explotación.
A pesar de su rol protagónico, la agroindustria argentina convive con una paradoja de competitividad: “Es el motor más eficiente del país, pero opera bajo condiciones de asimetría flagrante. En la actualidad, el sector soporta una presión fiscal significativamente más alta que la de sus competidores globales y se encuentra excluido de marcos de incentivo que sí benefician a otras industrias, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI)”.
La pregunta natural (e inducida) es: ¿se trata de una limitante para el agro?
“Este cuello de botella estructural impide que el sector alcance su máximo potencial. Si el agro logra liderar la matriz exportadora en un contexto de adversidad macro y microeconómica, es lícito inferir que, ante una normalización de las reglas de juego, su crecimiento sería exponencial. La eliminación de estas barreras artificiales permitiría que el motor agroindustrial traccione con una potencia renovada, acelerando el desarrollo de todos los demás sectores de la economía”, se concluye desde la FPC.
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