Bahía Blanca | Domingo, 30 de noviembre

Bahía Blanca | Domingo, 30 de noviembre

Bahía Blanca | Domingo, 30 de noviembre

Mitos y verdades de las serpientes en la Comarca Serrana

De las 15 especies que se conocen en nuestra región, tan solo dos de ellas son venenosas. Aseguran que no son tan comunes de encontrar.

Un ejemplar de yarará Grande. Fotos: gentileza Agustina Barrutieta

La presencia de serpientes en la zona serrana de nuestra región siempre ha sido motivo de temores, supuestos e historias -algunas más ciertas que otras- que han ido pasando de generación en generación, alimentando a veces una fobia generalizada y sin mucha razón.

Es cierto, si se recuerda que una víbora fue el primer gran villano universal, posiblemente sea más entendible que a lo largo de los años haya existido una aversión casi natural por esta especie. Luego, la literatura y las pantallas de televisión y cine se encargaron de engrandecer aún más ese sentimiento, transformándolo muchas veces en terror.

Y eso, lamentablemente, en demasiadas ocasiones termina convirtiéndose en falsa información. Se los muestra y concibe como seres demoníacos, ponzoñosos, agresivos, en celo, gigantescos y al acecho, cuando en la generalidad -en nuestra región sobre todo- la ficción se encuentra bastante lejos de la realidad.

Para ponerlo en claro: son 15 las especies de serpientes que existen en la actualidad en el ámbito de la Comarca Serrana de Tornquist y, de esas, tan sólo dos son venenosas: las conocidas como yararás Grande y Ñata; la mordida de las demás prácticamente se puede calificar como inofensiva.

En cambio, la de estas dos sí puede traer complicaciones, sobre todo si no se tratan en forma inmediata: los problemas en la salud recién podrían aparecer en caso de no acudir a un médico en las primeras horas posteriores a la mordida. Por supuesto, siempre hablando de las especies propias de nuestra región.

La cuestión, se entiende, es contar con las herramientas necesarias para dejar de lado determinados estigmas, temores, mitos y hasta sentimientos que se generan y cruzan cuando se encuentra con uno de estos animales. Así lo explica Agustina Barrutieta, de la Universidad Nacional de La Plata, quien remarca que existen algunas cuestiones básicas para identificar especies, que se pueden ver a simple vista y a una distancia prudente.

“Por ejemplo, se pueden tener en cuenta la coloración o las manchas que tienen en el cuerpo. Es más sencillo explicar cuáles son venenosas o tienen veneno de importancia médica para, por descarte, saber cuáles no poseen. Entonces, cuando se sabe que en la Comarca o en Bahía Blanca hay únicamente dos especies de yarará venenosas, se sabe que el resto será inofensivo. Eso ya nos indica una forma de actuar”, comenta.

Como se dijo, por estos lares solo las yararás Grande y Ñata implican algún tipo de peligro. La primera de ellas es fácilmente reconocible por tener manchas marrones a lo largo del cuerpo, con forma de riñones o tubos de teléfono, con cruces en ellas, además de una cabeza con forma triangular. Es la que más encuentros tiene con la gente, ya que “puede estar en lugares más urbanizados”.

Yarará Grande

“La otra, la Ñata, es conocida así porque justamente tiene como una escama en el hocico, que le simula poseer una nariz respingada. Normalmente es más difícil de hallar, aunque se la busque; se encuentra en lugares más cercanos a la costa, más arenosos y no con tanto roquedal”, señala.

La Ñata no tiene un patrón de manchas similar a un riñón, sino que son de forma cuadrada e irregular. Además, cuenta con escamas que no están pegadas al cuerpo -como sí ocurre en otras serpientes- y le dan un “aspecto áspero, como si tuviesen relieve”.

Los tamaños dependen del estadío de vida: cuando nacen, pueden tener menos de 20 centímetros, pero alcanzan los 2 metros de longitud. ”Generalmente, un adulto cuenta con entre 50 y 70 centímetros, o tal vez un metro”, aclara.

Los encuentros con estos animales son generalmente raros, ya que “no son tan comunes de encontrar”: no buscan lugares donde estar en contacto con personas, sino que más bien sitios de refugio que a veces coinciden con los ocupados por el hombre.

Yarará Ñata.

“Normalmente se trata de lugares donde hay madera o alimento, y por se acercan a las casas o las podemos encontrar en las rutas o debajo de piedras. Como no generan su propio calor, cuando empieza a subir la temperatura salen a buscar calor al sol. Por eso puede pasar que en las sierras se den accidentes de mordida. Pero también hay que tener en cuenta que, ante un encuentro, no es que se está en peligro: si se les da el espacio y no se intenta agarrarlas, se van a ir y no van a intentar morder”, cuenta.

El ataque directo o la imagen de la serpiente saltando para morder a un ser humano, explica Barrutieta, es parte de un mito muchas veces cinematográfico: “Normalmente quieren estar tranquilas; no van a correr a atacarnos al vernos”.

Esta época del año, cuando comienzan a darse temperaturas más altas, coincide también con su período reproductivo: ante registros térmicos más benignos se “activan” -luego de un proceso denominado brumación, similar a la hibernación en los mamíferos- y buscan pareja para reproducirse.

“Por esta razón es también que las encontramos mucho más -cuenta-. De cualquier modo, son animales que, apenas nacen, tienen una vida sola, independiente de los demás. Pero eso no quiere decir que no se defiendan si uno las pisa; y la única manera que tienen de hacerlo es mordiendo”.

Para ello hay una serie de recaudos, conocidos y no muy complicados, al ingresar en un ambiente natural donde no se observa claramente por dónde se marcha: el calzado y pantalón adecuados, el buscar caminos despejados y llevar algún elemento -como una rama larga- para ir tocando donde luego se va a pisar. Esto último también advierte al animal, por lo que se va a escapar. Además, al no poseer oído, las serpientes sienten las vibraciones en el piso y normalmente se marchan con antelación.

“Por eso también es raro verlas”, señala.


Veneno y mordida

Barrutieta explica que si bien la cuestión del veneno de la serpiente puede causar temor o aversión, en Argentina normalmente no se dan casos de muertes por este motivo.

“En caso de un accidente, ya sea con una serpiente venenosa o no, lo más importante siempre es ir al médico, al hospital o a la sala de salud más cercana. No hay que confiarse pensando que hay tiempo, porque así habrá más posibilidad de revertir los síntomas”, asegura.

En el caso de los ofidios venenosos que hay en nuestra zona, los efectos son necrotizantes y hemotóxicos; en otras palabras, provocan muerte celular y tienen efecto anticoagulante y levemente hemorrágico en la zona de la herida. “Uno va a sentir dolor y ese sitio del cuerpo se va a inflamar; y si pasan varios días sin ir al médico, puede tener consecuencias a nivel renal”.

Tampoco se puede hablar de tiempos en el efecto del veneno, porque estos cambian dependiendo de si se trata de un niño o un adulto, o tiene algún tipo de enfermedad preexistente o de base, por ejemplo. Lo importante, y esto lo remarcan también desde Región Sanitaria 1, es no esperar y acudir inmediatamente a un médico.

Yarará Ñata.

“Hay factores que pueden empeorar los cuadros y síntomas que se muestran más rápido. Pero hay que entender que no son venenos mortales ni inmediatos, ni creer que porque a alguien lo mordió una yarará se va a morir en una hora”, sostuvo.

Sin embargo, esto no significa que el resto de las especies que se encuentran en nuestra zona, en su mayoría culebras, no muerdan.

“Hay algunas especies que tienen una suerte de veneno que no es de importancia médica, porque ellas lo utilizan para digerir mejor a otros animales; los dientes con los que lo inyectan los tienen al final de la boca, por lo cual es difícil que, en caso de un ataque a un ser humano, lleguen a morder con esos dientes”, explica.