Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Problemas de tranvías (y de centavos)

El precio del pasaje exigía tener cambio en centavos, los cual complicaba el trabajo del guarda.

Hace cien años, en junio de 1926, se generaban serios inconvenientes en el servicio del tranvía debido al valor del pasaje.

Bahía Blanca fue pionera en materia de transporte urbano de pasajeros con el servicio de tranvías, los cuales circulaban sobre rieles con estrictos horarios de circulación.

En manos de la empresa Bahía Blanca al Noroeste comenzó a circular en 1904, con una pequeña máquina a vapor y un vagón. En 1906 se sumó un refuerzo con coches a nafta, adaptadas sus ruedas para circular por las vías.

Pero sin dudas la modernidad comenzó en 1910, cuando se puso en marcha el sistema de coches alimentados a electricidad de la nueva usina en Lomas Paraguaya.

Los recorridos se concentraban entre las estaciones del Noroeste –Sixto Laspiur al 400— y la estación Sud, avenida Cerri al 700. Luego se extendió hasta Villa Harding Green, pasando por Villa Mitre y el Policlínico (actual hospital Penna).

El tranvía eléctrico tomando la avenida Colón

En 1926 se suscitó un particular inconveniente en el servicio al aumentar el valor del boleto, el cual pasó a 12 centavos. La queja no tenía que ver con ese valor sino con el problema que suponía disponer del cambio necesario. A los guardas, encargados de vender el pasaje en el coche, no se les suministraban monedas de dos y de cinco centavos para facilitar el cambio.

“Se quiere que los guardas atiendan bien al público, se les exige estrictez en sus deberes, pero se los expone a no poder satisfacer a los pasajeros, creando una molestia que provoca diálogos poco gratos”, señaló este diario. Las discusiones por los centavos era continúa y violenta.

Vale recordar que hasta hace 31 años, el pasaje de ómnibus se pagaba en efectivo al chofer, que debía expedirlo, cobrarlo y dar el cambio. En cuanto a los centavos, sigue siendo una moneda vigente, aunque las monedas de 1, 5, 10, 25 y 30 fueron desintegradas por la inflación, tal cual como ocurre con las monedas de 1, 2, 5 y 10 pesos.