Quince meses de espera: destraban el tramo conflictivo del nuevo acueducto
La intervención en Undiano y Brown fue el principal foco de retrasos de una obra esencial para recuperar presión y mejorar la distribución de agua potable en Bahía Blanca.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
La construcción del nuevo acueducto Brandsen tuvo en la esquina de Undiano y Brown un verdadero suplicio.
Una suma de factores provocó que durante casi 15 meses la obra estuviese detenida, con las lógicas consecuencias negativas para los habitantes y comerciantes del sector, complicando el tránsito vehicular y generando una sustancial demora en su avance.
De acuerdo a datos suministrados por el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de la provincia, la obra se encuentra hoy con un 36% de avance, lo cual deja en claro el atraso en su ejecución, considerando que debía estar terminada en julio del año pasado.
Uno de los inconvenientes tuvo que ver con la dificultad por parte de la contratista de conseguir los materiales necesarios, los cuales son importados.
Completada la intervención en Undiano y Brown, se comenzará ahora con el envainado de dos tramos (uno que ya está casi terminado y el otro se comenzará la semana próxima), por lo que la idea es en julio tener completado el relleno y compactado del lugar.
La construcción avanzará luego hacia la zona del entubado, a la altura de calle Dorrego, mientras que, de manera simultánea, se comenzará el envainado desde calle D’Orbigny.
Desde el Ministerio señalan, además, que se implementará un esquema de corte de calles menos conflictivos que los registrados hasta ahora, interviniendo de a tramos. La proyección es que la obra esté terminada en febrero de 2027.
Mal estado
La rehabilitación del acueducto es considerada clave para mejorar la distribución de agua potable y equilibrar las presiones de la red. Es una obra de gran complejidad, que exigió el recambio de unas 30 válvulas de grandes dimensiones a partir de una labor artesanal para su retiro y gran precisión en la colocación de las nuevas piezas.
Se genera un nuevo conducto de 3.600 metros de recorrido, desde la cisterna del parque Independencia hasta Chile y Undiano.
El acueducto a reemplazar estaba en tan mal estado que hace un par de años Aguas Bonaerenses SA (ABSA) decidió su desafectación en varias ocasiones, en respuesta a las repetidas roturas que sufría, la dificultad (cuando no imposibilidad) de repararlo y el tiempo que demandaban arreglos que en muchos casos eran de carácter precario. Desde hace un par de año opera de manera irregular.
Su mal estado de funcionamiento ha sido una de las causas por las cuales la ciudad sufre, sobre todo en verano, la falta de agua o la baja presión en la red, ya que de funcionar de manera adecuada permitiría regular el sistema y aliviar a otros acueductos que hoy se ven excedidos en su capacidad.
La historia
El acueducto Brandsen data de principios de la década del 70. Fue construido con caños de hormigón y ha sufrido a lo largo del tiempo las consecuencias propias del manejo del agua, agravadas al haberse utilizado un material que no ha tenido la mejor respuesta a los cambios de presión y otras exigencias estructurales.
En peor estado estaban las válvulas –esclusas, mariposas, de aire y empalmes-, que se rompían de manera habitual, exigiendo un trabajo de reparación dificultoso y muchas veces inadecuado.
En cuanto a la importancia de la obra, más allá de su rol en la distribución, queda graficado en la licitación de febrero de 2023, cuya oferta más conveniente fue de 3.151 millones de pesos, unos 8 millones de dólares de ese momento.
En marcha
El acueducto tiene un diámetro de 1,10 metros entre el parque Independencia y avenida Napostá, y de 0,80 metros de allí en adelante.
Su rehabilitación se realiza mediante un sistema de última tecnología, el cual no exige el retiro de la cañería existente sino que se materializa el nuevo conducto en su interior, adherido a sus paredes.
Esta solución evita la complejidad que significaría el retiro de la cañería, que por su diámetro y la profundidad en que se encuentra obligaría a la rotura del pavimento, a montar estructuras de contención en las zanjas y deprimir la napa, sumado a la dificultad de trabajar en un espacio muy reducido.
La metodología aplicada consiste en la inserción de una vaina dentro del actual acueducto, sistema conocido como CIPP, por sus siglas en inglés Cured in Place Pipe.
Esa vaina es estructural, diseñada para resistir las solicitaciones propias de este uso y funciona independiente de la tubería existente. Es una manga flexible de poliéster, impregnada de una resina que le otorga su resistencia. La misma se impulsa a lo largo de la tubería mediante una columna de agua o de aire, presionándola contra las paredes.
El nuevo conducto tendrá la misma capacidad de conducción que el original y un espesor adecuado para soportar el peso de la tierra y el empuje de la napa. Poseerá un rozamiento menor, el cual permitirá una mejora del 38% en la circulación del líquido.