Semáforos inteligentes, prueba clave para definir su aplicación
Se colocó un sistema inteligente en la esquina de Corrientes y Lavalle como ensayo piloto.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Las ciudades del futuro están a la vuelta de la esquina. Aquellas que han imaginado escritores y cineastas, de coches robots e indicadores inteligentes, se abre paso día a día, a partir de un avance tecnológico arrollador.
No pueden dejar de considerarse nuevas herramientas que sirven para mejorar el funcionamiento de una estructura como la de la ciudad, cada vez más caótica y compleja.
Entre las cuestiones a mejorar, ordenar y hacer más eficiente está el tráfico vehicular, un componente urbano que exige respuestas adecuadas para un parque automotor cada vez más importante, con calles insuficientes, demoras cada vez más prolongadas y riesgos en aumento.
Protagonistas de ese mundo vehicular son los semáforos, un invento anterior a la existencia del automóvil –fue ideado para uso ferroviario--, destinado a regular el paso vehicular pero que con su contundente presencia urbana se va convirtiendo en un potencial ordenador integral del tránsito, capaz de ajustar su funcionamiento a las necesidades del momento y definir su funcionamiento en base a los datos reales que es capaz de procesar.
El desarrollo de la inteligencia artificial (IA) aplicada a los semáforos los convierte en aparatos que ya no se limitan al encendido de luces: su funcionamiento puede responder a algoritmos adaptativos, de modo de tomar decisiones de acuerdo a datos que analiza en tiempo real, referidos a la cantidad de vehículos, posibles emergencias y el movimiento peatonal.
Integrados a la infraestructura existente pueden, mediante cámaras y sensores, ajustar sus tiempos de luz verde buscando optimizar el flujo vehicular, de modo de reducir un estimado del 30% los tiempos de circulación.
El primero de la ciudad
Desde fines de 2025 la empresa Eycon SA ha ensayado y ahora puesto en funcionamiento, a modo de prueba, el primer semáforo inteligente local, dotando de esa tecnología a los ubicados en la esquina de Corrientes y Lavalle, un cruce muy particular, con una calle –Corrientes— con un flujo continuo de vehículos, y otra, Lavalle, que ofrece otro tipo de circulación.
Fabián Lliteras, a cargo de la Subsecretaría de Movilidad Urbana y Transporte de la municipalidad, explicó a La Nueva. Que, a partir de la instalación de esta tecnología inteligente, el semáforo analiza el flujo vehicular en cada arteria y define la duración de la luz de paso adecuada.
“En una situación normal el verde es de 26 segundos para Corrientes y de 22 para Lavalle. Con este sistema, en determinados momentos del día el verde de Corrientes se extiende hasta 38 segundos, en respuesta al mayor caudal vehicular que tiene esa calle”.
El resultado es, agregó el funcionario, una mejora de hasta 30 minutos de tiempo en marcha, al mejorarse la fluidez de la circulación.
“Las situaciones de taponamiento han mejorado o desaparecido, sobre todo en horas pico. Superados esos momentos el semáforo vuelve a su duración normal. Hasta ahora, el sistema ha demostrado capacidad de reducir los tiempos de espera, la congestión –que conlleva menor emisión de carbono— y el tiempo de marcha”, señaló.
Los detalles
Estos sistemas inteligentes permiten sumar todavía más información, por caso la detección de peatones, el historial de flujo vehicular, infracciones, giros indebidos y bloqueo de senda peatonal.
De acuerdo a estudios realizados en ciudades que han implementado el sistema, se ha logrado la reducción de hasta un 25 % en los tiempos de espera en horas pico, de hasta un 15 % en las emisiones de CO y un ahorro anual considerable en combustible y productividad.
Estos resultados dependen en gran medida de la calidad de los sensores, del diseño de la red vial y de la magnitud de la instalación. Una única esquina inteligente no puede dar una respuesta global. Para eso debe existir una coordinación integral y la conciencia de que todo parque automotor elevado va a tener inconvenientes. Lo que se intenta es administrar mejor la capacidad existente.
Por otra parte, esta tecnología se justifica en calles saturadas. Aplicado en sectores donde no hay problemas de circulación la baja en las demoras son reducidas.
Otro componente clave es que estos sistemas exigen una central de control, un mantenimiento continuo y la inmediata reposición de elementos dañados.
Un detalle final. Los especialistas explican que previo a implementar una semaforización inteligente es necesario una sincronización adecuada de los semáforos existentes, disponer una adecuada señalización horizontal y vertical, ordenar el estacionamiento y controlar los giros.
No es un tema menor para nuestra ciudad, atento que a que la inundación del 7 de marzo de 2025 inutilizó gran parte de la instalación subterránea que permitiría esa sincronización.
Por otra parte, hay calles que con una coordinación semafórica tradicional logran entre el 60% y el 80% de los beneficios de un sistema inteligente, con una inversión mucho menor. Por eso, antes de implementar IA es esencial desarrollar pruebas pilotos y medir resultados.
Lo que viene
No está definido todavía que alcance tendrá la semaforización inteligente en la ciudad. Lliteras mencionó que su implementación será “en el menor tiempo posible”, aunque también explicó que requiere un proceso que incluye la convocatoria a distintas empresas a presentar sus propuestas, no sólo económicas sino tecnológicas.
La idea del municipio es considerar la avenida Alem como lugar a semaforizar con este sistema y también analiza intervenir en la avenida Cabrera. Eso surgirá de estudios más amplios y detallistas de la situación.
Detalles
--La IA no tiene control directo de las luces del semáforo
--Saca conclusiones acerca de si la duración del verde debe alargarse o acortarse y se lo comunica como "sugerencia" al controlador
--Intenta priorizar, no interrumpir, el ciclo de verde y que no haya desbalance entre la cantidad de autos en espera.
--El semáforo no cambia el orden de sus fases (rojo, amarillo, verde), únicamente sus duraciones.
--Si la IA está activa, el reloj contador muestra la leyenda "IA" en azul. Si no está activa, muestra los segundos restantes de la fase.
El tricolor luminoso
El primer semáforo colocado en Bahía Blanca comenzó a funcionar en septiembre de 1961.
Por entonces, la ciudad contaba con ocho inspectores de tránsito, cantidad escasa para un parque automotor de 25 mil automóviles y 8 mil motos.
Los agentes ocupaban las recordadas garitas (la primera de ellas colocada en 1936), habituales víctimas de la acción del viento o de algún conductor distraído.
Por eso fue revolucionario cuando la empresa Electromecánicos Argentinos entregó al municipio, en calidad de préstamo y prueba, un semáforo que respondía "a las exigencias de las Naciones Unidas", al que presentaron como el "tricolor luminoso".
La esquina elegida fue la de O'Higgins y Brown, donde se colocaron ocho aparatos, formando un "bosque" que permitía que el semáforo "busque al conductor y no éste al semáforo".
Desde la comuna se solicitó a los conductores que aportaran "su buena voluntad" para asegurar el éxito del sistema.
Un año después de esta puesta en marcha, se sumaron otras tres esquinas, O'Higgins y Saavedra, Belgrano y San Martín y Donado y Brown.
Hoy Bahía Blanca cuenta con unos 1.800 semáforos individuales, distribuidos en unas 170 intersecciones.